CITA
No quieres que seamos «estrellas», sino «antorchas»
« ¡Con Caridad y claridad: Verdad!»
S.Son
Carta a Diogneto: «Lo que es el alma para el cuerpo, eso son para el mundo los cristianos. De la misma manera que el alma está en todos los miembros del cuerpo, así los cristianos están esparcidos por todas las ciudades del mundo» (2, 6) y un poco más adelante añade: «El lugar que Dios nuestro Señor nos ha señalado es tan hermoso que no se nos permite desertar de él» (6,10).
San Juan Crisóstomo tú eres lámpara, no para disfrutar en solitario de la luz, sino para reconducir al que yerra. Sobre la Carta a los Romanos: La lámpara no luce para sí, sino para los que viven en tinieblas Homilía 20, 2: PG 51, 174
S. Agustín, Una cosa es buscar en la buena acción tu propia alabanza y otra buscar en el bien obrar la alabanza de Dios. Cuando buscas tu alabanza, te has quedado en la mirada de los hombres; cuando buscas la alabanza de Dios, has adquirido la gloria eterna. (Sermón 338, O.C. (XXV), BAC Madrid 1984, 770-73)
«Cuando dije que vosotros erais luz, quise decir que erais lámparas» (Sermón 289,6).
San Juan de la Cruz «Dios os libre que se comience a envanecer la sal, que, aunque más parezca que hace algo por fuera, en sustancia no será nada, cuando está cierto que las buenas obras no se pueden hacer sino en virtud de Dios».
Santa Teresita del Niño Jesús «Me parece que esta antorcha representa la caridad que debe iluminar y alegrar no sólo a aquellos que más quiero, sino a todos los que están en la casa» (Sta. Teresa de Lisieux, Manuscritos autobiográficos 9).
San Josemaría Escriva de Balaguer, “Tú eres sal, alma de apóstol. –‘Bonum est sal’ –la sal es buena, se lee en el Santo Evangelio, ‘si autem sal evanuerit’– pero si la sal se desvirtúa…, nada vale, ni para la tierra, ni para el estiércol; se arroja fuera como inútil. Tú eres sal, alma de apóstol. –Pero, si te desvirtúas…” Camino, n. 921.
Santa Teresa de Calcuta en vez de maldecir la oscuridad, prendamos una vela.
Concilio Vaticano II: Son innumerables las ocasiones que tienen los laicos para ejercer el apostolado de la evangelización y la santificación. El mismo testimonio de su vida cristiana y las obras hechas con sentido sobrenatural tiene eficacia para atraer a los hombres hacia la fe y hacia Dios: “alumbre así vuestra luz ante los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mt 5, 16) (Decreto Apostolicam actuositatem, n. 6).
Catecismo, 782– El Pueblo de Dios, sal de la tierra y luz del mundo: «Su misión (la del Pueblo de Dios) es ser la sal de la tierra y la luz del mundo. «Es un germen muy seguro de unidad, de esperanza y de salvación para todo el género humano»» ().
San Pablo VI, «Un catolicismo cómodo y quieto no es verdadera interpretación de la vocación cristiana. No pertenezcáis al grupo de católicos dimisionarios, apáticos, ocasionales, conformistas» (1-VI-1969).
San Juan Pablo II «misioneros con los gestos y las palabras y, dondequiera que trabajemos y vivamos seremos signos del amor de Dios, testigos creíbles de la presencia amorosa de Cristo (…). Así como la sal da sabor a la comida y la luz ilumina las tinieblas, así también la santidad da pleno sentido a la vida, haciéndola un reflejo de la gloria de Dios»
Benedicto XVI Unidos a él, los cristianos pueden difundir en medio de las tinieblas de la indiferencia y del egoísmo la luz del amor de Dios, verdadera sabiduría que da significado a la existencia y a la actuación de los hombres. Ángelus (06-02-2011)
Papa Francisco, «Tenemos por tanto una tarea y una responsabilidad por el don recibido: la luz de la fe, que está en nosotros por medio de Cristo y de la acción del Espíritu Santo, no debemos retenerla como si fuera nuestra propiedad. Sin embargo, estamos llamados a hacerla resplandecer en el mundo, a donarla a los otros mediante las buenas obras. ¡Y cuánto necesita el mundo de la luz del Evangelio que transforma, sana y garantiza la salvación a quien lo acoge! Esta luz debemos llevarla con nuestras buenas obras». (Ángelus, SS Francisco, 5 de febrero de 2017).
¡Qué hermosa misión la de dar luz al mundo! Es una misión que tenemos nosotros. ¡Es hermosa!. Ángelus (09-02-2014)
Precisamente en esta época, y también allí donde son un «pequeño rebaño» (Lc 12,32), los discípulos del Señor son llamados a vivir como comunidad que sea sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5,13-16). Son llamados a dar testimonio de una pertenencia evangelizadora de manera siempre nueva.[70] ¡No nos dejemos robar la comunidad! (Evangelii gaudium 92)
Paul Claudel Es delicioso quedar inmersos en esta especie de luz líquida que nos hace seres diferentes y en ascuas
Víctor Hugo: “Cada hombre camina hacia la luz en su noche”.
Fray Marcos Déjate iluminar e iluminarás. Preocúpate de ser una persona salada
Debemos de tener cuidado de iluminar, no deslumbrar.
Enrique Martínez Lozano La llama no necesita hacer un “esfuerzo” para iluminar; basta –como apunta la parábola de Jesús– con no ponerle encima un celemín. Ya somos luz: solo se requiere no bloquearla. Lo cual implica actitudes de autenticidad y de transparencia.
Francisco Dokushô Villalba “El sentido de la vida surge cuando descubrimos que somos un principio de conciencia, un principio de luz, luz, conciencia luminosa. Somos luz.”
Norys Uribe Santana “Hay personas que piensan que viven en la oscuridad y con sus vivencias manifiestan que existe la luz; muchos otros creen vivir en la luz y con sus manifestaciones nos demuestran que la oscuridad existe.”
Sivananda No temas la oscuridad si tienes luz interior.
Denis Waitley Una sonrisa es la luz en tu ventana que le dice a otros que hay una persona generosa y que se preocupa en tu interior.
Edith Wharton Hay dos maneras de difundir la luz: ser la vela o el espejo que la refleja
Anaïs Nin Cuando posees luz en el interior, la ves externamente.
Martin Luther King, Jr. Cada hombre debe decidir si va a caminar en la luz del altruismo creativo o en la oscuridad del egoísmo destructivo.
Victor Hugo En los ojos del joven, arde la llama; en los del viejo, brilla la luz.
Jay Woodman La luz de nuestro interior baila cuando sonreímos.
Kahlil Gibran. La belleza no está en la cara; la belleza es una luz del corazón.
Aquel cuyo rostro no irradie luz, nunca se convertirá en una estrella.-William Blake.
Lo que da luz debe soportar la quema.-Viktor Frankl.
CONTO
EL FARO
Un faro, estratégicamente colocado en lo alto de las rocas de la playa, servía de guía a los barcos para entrar en el puerto sin chocar contra las rocas.
En cierta ocasión el encargado de encenderlo cayó enfermo y un substituto se encargó de su funcionamiento temporalmente.
Un día estalló una poderosa tormenta y la arena, las ramas y todo tipo de objetos volaban alrededor del faro llevados por el viento.
El encargado temporalmente de su funcionamiento cogió una grande lona y tapó la linterna para protegerla contra la tormenta.
Aquella noche un barco chocó contra las rocas y se hundió.
Tomado de P. Félix Jiménez
ANÉCDOTA
LUX: UN RAYO EN LOS POZOS DE LA EXISTENCIA
El «resurgir» de la fe entre los jóvenes
Hay proyectos que se escuchan y otros que pueden hablarte. LUX, de Rosalía, no suena: arde. Es un descenso al fondo del alma humana, donde el amor, el dolor y la fe se confunden, dejando al ser humano en la paradoja del no saber bien si todo ello es suyo o viene de fuera.
Rosalía habla con Dios fuera del templo, en la carne, en la confusión, en el eco del amor humano, o quizás del desamor. Es el grito del homo capax Dei —el ser capaz de Dios— que descubre que en su propio deseo late la nostalgia de lo divino.
Del paganismo a Cristo, el álbum narra una conversión y una lucha, así como la turbación de los quereres que se entrelazan y se confunden. Un alma que ha dejado partes de ella en cada ciudad, trozos de sí en cuerpos y en noches, y que ahora regresa, ¿arrepentida? Despierta, iluminada.
LUX es una renuncia al mundo en su sentido más radical: no como desprecio a lo creado, sino como repulsa al pensamiento que afirma que la realidad se limita a lo sensible. Multiplica los sentidos —haciéndolos más de cinco— para decir que la Verdad es poliédrica, laberíntica y compleja, pero pura. Es la travesía de quien ha vivido y se experimenta bendecida, pero sigue diciendo: “tengo sed”, y busca el agua a la que aún no se atreve.
No es el sonido de una oración: es el de una fe que se hace arte.
El rezo de una confesión, desnuda, quizá con alarde.
La paz desolada que queda tras el desastre.
Rodríguez López, sj | estar
Tomado de Pastoral Sj
1ª LECTURA (Is 58,7-10)
Tras la destrucción de Jerusalén y la deportación a Babilonia (año 586 a.C.), la situación del pueblo judío fue trágica, incluso después de la vuelta del destierro (año 538 a.C.). La capital siguió prácticamente despoblada hasta mediados o finales del siglo V (época de Nehemías) y la situación económica era de absoluta penuria. El pueblo se sentía como un cuerpo enfermo y sumergido en tinieblas.
En esas circunstancias de desánimo, busca la solución en una serie de ceremonias religiosas, especialmente el ayuno (que implicaba no sólo abstenerse de alimentos sino también realizar otros ritos, como cubrirse de saco y ceniza, etc.), para ganarse el favor de Dios. Pero Dios no hace nada. Y el pueblo se queja y protesta. «¿Para qué ayunar si no haces caso?» Dios responde por medio del profeta: si quieres que tu situación mejore, que brille tu luz en las tinieblas, que rompa tu luz como la aurora, comprométete con el que pasa hambre, tiene sed, está desnudo y sin techo (las famosas obras de misericordia, que se conocían ya en el antiguo Egipto); destierra la opresión y la maledicencia.
Hay una idea capital en esta lectura. Cuando habla de los necesitados termina diciendo: «y no te cierres a tu propia carne». El hambriento, desnudo o sin techo no es un ser extraño, ajeno a mí, al que hago un favor si me apetece. Es mi propia carne, que reclama cuidado y atención, como un miembro cualquiera de nuestro cuerpo.
Tomado de J.L.Sicre
LA HUMILDE LUZ DE LAS LÁMPARA DE ACEITE
La producción de aceite era fundamental para alimentar las lámparas de aceite que alumbraban las noches de la Pales na que conoció Jesús. El pueblo de Israel heredó la forma cananea de elaborar lámparas de arcilla. La luz de estas lámparas se convirtió en símbolo de la Palabra de Dios que ilumina a cada persona en par cular y al pueblo de Dios en general. Caminar a la luz del Señor era sinónimo de vivir cumpliendo los mandamientos.
Tomado de Tiempo Interior
«VOSOTROS SOIS».
En este indicativo se encuentra también, como claramente muestra lo que sigue, un optativo: «Debéis ser esto», tenéis que serlo aunque la amenaza que sigue («ser arrojado fuera») no deba cumplirse. Estas imágenes son muy sencillas y evidentes para todos. Las tres tienen algo en común. La sal no existe para sí misma, sino para condimentar; la luz no existe para sí misma, sino para iluminar su entorno; la ciudad está puesta en lo alto del monte para ser visible para otros e indicarles el camino. El valor de cada una de ellas consiste en la posibilidad de prodigar algo a otros seres.
Hans Urs von Balthasar, Luz de la Palabra, Comentarios a las lecturas dominicales 1994.Pág. 38 s.
JUAN XXIII
reunió a los cardenales para comunicarles el concilio que se estaba preparando, mandó abrir las ventanas de la sala en la que estaban reunidos. Algún cardenal le preguntó ¿para qué abre las ventanas? Juan XXIII contestó: para que salga el aire viciado y entre aire, oxígeno limpio…
Tomado de Tomás Muro
POEMA
LUZ DEL MUNDO
En medio de la tiniebla…
se enciende una risa
que despide el invierno
de penas y fríos.
Se prenden hogueras
que reavivan
los cuerpos entumecidos.
Una palabra tierna
rompe el silencio opresivo
y el diálogo brota al fin,
a borbotones.
Arde una lámpara
que vacía las sombras
de fantasmas y miedos.
Dos amigos sellan la paz
con un beso, y acaban
con años de rencor y heridas.
En una mesa bien provista
nadie queda fuera.
Somos risa y fuego,
palabra y lámpara,
beso y mesa,
luz del mundo, hermanos,
nacidos para iluminar la tierra.
(Por José María Rodríguez Olaizola, sj)
Tomado de Pastoral sj
¿Tú verdad? no, la verdad;
y ven conmigo a buscarla.
La tuya guárdatela.
(Antonio Machado)
ORACIÓN
EN TI ESTÁ LA LUZ
Reina en mí la oscuridad,
pero en Ti está la luz;
estoy solo, pero Tú no me abandonas;
estoy desalentado, pero en Ti está la ayuda;
estoy intranquilo, pero en Ti está la paz;
la amargura me domina,
pero en Ti está la paciencia;
no comprendo tus caminos,
pero Tú sabes el camino para mí.
Por Dietrich Bonhoeffer
Tomado de Pastoral Sj
MEDITACIÓN
SOMOS LUZ Y SAL
La lectura moralista –“tienes que…”, “debes…”– introduce en un voluntarismo, no solo peligroso en sus consecuencias, sino profundamente engañoso en su origen.
Es peligroso porque, en la práctica, se desliza fácilmente hacia el fariseísmo y termina inflando el ego, que se apropia de la acción y de su esfuerzo: creo que soy “yo” el que hago, y hago “más” que otros que no se exigen tanto como yo.
Y es engañoso porque parte de la creencia errónea de que somos carencia. Tal creencia aflora de manera espontánea en cuanto se produce la identificación con el yo. Al reducirnos a él, no podemos percibir sino su fragilidad, debilidad, necesidad y carencia. Todo ello es cierto –esa es nuestra “personalidad”–, pero no lo es que esa sea nuestra identidad.
No somos la “forma” –carenciada– en la que se expresa; somos “Eso” que se expresa temporalmente en toda forma. Y “Eso” es plenitud atemporal e ilimitada, pura Consciencia, una con todo lo que es.
“Eso” es luz y sal, si queremos utilizar estas metáforas. La llama no necesita hacer un “esfuerzo” para iluminar; basta –como apunta la parábola de Jesús– con no ponerle encima un celemín. Ya somos luz: solo se requiere no bloquearla. Lo cual implica actitudes de autenticidad y de transparencia.
Así como la llama ilumina por sí misma, la luz brota en nosotros en cuanto nos vivimos con limpieza, siendo canales transparentes por los que fluye. A nosotros, como a la llama, nos basta ser lo que somos y vivirnos en coherencia con ello. Lo notaremos porque crecerá en nosotros una actitud de desapropiación y de libertad interior: dejaremos que la Vida fluya, dando luz y sabor en cada momento.
¿Desde dónde me vivo habitualmente?
Enrique Martínez Lozano
CANTO
La fuente interpretado por Pablo Coloma