CITA
Dicen los chinos que quien posee tres cosas,
estas cosas le poseen a él.
“La quintaesencia del cristianismo”.
Mahatma Gandhi
“La felicidad para quien la trabaja”.
«¡Vive una sola bienaventuranza:
el Gozo y la Alegría te llegarán sin tardanza!»
S.Son
S. Gregorio de Nisa, Dios se deja contemplar por los que tienen el corazon purificado (Hom. 6, sobre las bienaventuranzas).
San Jerónimo “Los pacíficos se llaman bienaventurados, porque primero tienen paz en su corazón y después procuran inculcarla en los hermanos en conflicto” ().
S. Agustín, nos recuerda que «lo que ayuda no es sufrir estos males, sino soportarlos por el nombre de Jesús, no sólo con espíritu sereno, sino incluso con alegría» (De sermone Domini in monte, I, 5, 13: CCL 35, 13).
“Todos ciertamente queremos vivir felices, y en el género humano no hay nadie que no comparta esta propuesta, aún antes de que ella sea enunciada” Confesiones X, 21.
¿Y qué otro fin tenemos, sino llegar al Reino que no tendrá fin? (civ. 22,30)
Pedro de Damasco, Es mucho mas digno de compasión el que hace el mal que quien lo sufre (Sermón 95 sobre las bienaventuranzas).
San Bernardo de Claraval: «impassibilis est Deus, sed non incompassibilis», Dios no puede padecer, pero puede compadecerse. (Serm. 26, n.5)
Isaac de Stella, Parece decir: «Buscáis la dicha, y no está donde la buscáis, corréis, pero fuera del camino. Aquí tenéis el camino que conduce a la felicidad: la pobreza voluntaria por mi causa, éste es el camino. El Reino de los cielos en mí, ésta es la dicha. Corréis mucho pero mal, cuanto más rápidos vais, más os alejáis del término…» Sermón 1, para la fiesta de Todos los Santos
Santo Tomás de Aquino, Sólo Dios sacia (In Symbolum Apostolorum scilicet «Credo in Deum» expositio, c. 15).
El amor conduce a la felicidad. Sólo a los que lo tienen se les promete la bienaventuranza eterna. Y sin él, todo lo demás resulta insuficiente (Sobre la caridad,1. c. ,204).
Juan Taulero, …cuán necesario es que el hombre, en su ser profundo, se encuentre desposeído, desprendido, libre, pobre y alejado de todo afán de poseer, si realmente desea que Dios pueda llevar a cabo su obra en él. Debe estar desembarazado de toda atadura; solamente entonces Dios podrá estar en él como en su propia casa… (Sermón 71).
San Francisco de Sales, «Bienaventurados los corazones flexibles, porque no se romperán».
Alfonso María de Ligorio Maria llama bienaventurados a los que son diligentes en imitar su vida. (De las virtudes de Maria Santisima,1. c. , pp. 554-545).
San Josemaría Escriva de Balaguer, ¡Bienaventuradas malaventuras de la tierra! Pobreza, lágrimas, odios, injusticia, deshonra. . . Todo lo podrás en Aquel que te confortará (Camino, n. 717).
Santa Teresa de Calcuta , «Escucha en silencio, porque si tu corazón está lleno de otras cosas, no podrás oír la voz de Dios».
Concilio Vaticano II: «La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios. Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios» (Gaudium et spes, 19).
Catecismo, NUESTRA VOCACIÓN A LA BIENAVENTURANZA
459 El Verbo se encarnó para ser nuestro modelo de santidad: «Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí … «(Mt 11, 29). «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14, 6). Y el Padre, en el monte de la transfiguración, ordena: «Escuchadle» (Mc 9, 7;cf. Dt 6, 4-5). El es, en efecto, el modelo de las bienaventuranzas y la norma de la ley nueva: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado» (Jn 15, 12). Este amor tiene como consecuencia la ofrenda efectiva de sí mismo (cf. Mc 8, 34).
520 Toda su vida, Jesús se muestra como nuestro modelo (cf. Rm 15,5; Flp 2, 5): él es el «hombre perfecto» (GS 38) que nos invita a ser sus discípulos y a seguirle: con su anonadamiento, nos ha dado un ejemplo que imitar (cf. Jn 13, 15); con su oración atrae a la oración (cf. Lc 11, 1); con su pobreza, llama a aceptar libremente la privación y las persecuciones (cf. Mt 5, 11-12).
521 Todo lo que Cristo vivió hace que podamos vivirlo en El y que El lo viva en nosotros. «El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido en cierto modo con todo hombre»(GS 22, 2). Estamos llamados a no ser más que una sola cosa con él; nos hace comulgar en cuanto miembros de su Cuerpo en lo que él vivió en su carne por nosotros y como modelo nuestro:
Debemos continuar y cumplir en nosotros los estados y Misterios de Jesús, y pedirle con frecuencia que los realice y lleve a plenitud en nosotros y en toda su Iglesia … Porque el Hijo de Dios tiene el designio de hacer participar y de extender y continuar sus Misterios en nosotros y en toda su Iglesia por las gracias que él quiere comunicarnos y por los efectos que quiere obrar en nosotros gracias a estos Misterios. Y por este medio quiere cumplirlos en nosotros (S. Juan Eudes, regn.)
1716 Las bienaventuranzas están en el centro de la predicación de Jesús. Con ellas Jesús recoge las promesas hechas al pueblo elegido desde Abraham; pero las perfecciona ordenándolas no sólo a la posesión de una tierra, sino al Reino de los cielos:
«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.
Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos.(Mt 5,3-12)
1717 Las bienaventuranzas dibujan el rostro de Jesucristo y describen su caridad; expresan la vocación de los fieles asociados a la gloria de su Pasión y de su Resurrección; iluminan las acciones y las actitudes características de la vida cristiana; son promesas paradójicas que sostienen la esperanza en las tribulaciones; anuncian a los discípulos las bendiciones y las recompensas ya incoadas; quedan inauguradas en la vida de la Virgen María y de todos los santos.
1718 Las bienaventuranzas responden al deseo natural de felicidad. Este deseo es de origen divino: Dios lo ha puesto en el corazón del hombre a fin de atraerlo hacia Él, el único que lo puede satisfacer:
«Ciertamente todos nosotros queremos vivir felices, y en el género humano no hay nadie que no dé su asentimiento a esta proposición incluso antes de que sea plenamente enunciada» (San Agustín, De moribus Ecclesiae catholicae, 1, 3, 4).
«¿Cómo es, Señor, que yo te busco? Porque al buscarte, Dios mío, busco la vida feliz, haz que te busque para que viva mi alma, porque mi cuerpo vive de mi alma y mi alma vive de ti» (San Agustín, Confessiones, 10, 20, 29).
«Sólo Dios sacia» (Santo Tomás de Aquino, In Symbolum Apostolorum scilicet «Credo in Deum» expositio, c. 15).
1719 Las bienaventuranzas descubren la meta de la existencia humana, el fin último de los actos humanos: Dios nos llama a su propia bienaventuranza. Esta vocación se dirige a cada uno personalmente, pero también al conjunto de la Iglesia, pueblo nuevo de los que han acogido la promesa y viven de ella en la fe.
San Juan Pablo II, «Bienaventurados los que parecéis perdedores, porque sois los verdaderos vencedores: es vuestro el reino de los cielos». (24-03-2000).
Benedicto XVI, “Los caminos del Señor no son cómodos, pero no estamos hechos para la comodidad”
Papa Francisco, «Las bienaventuranzas son el carnet de identidad del cristiano, que lo identifica como el seguidor de Jesús” (Papa Francisco, en Suecia, el día de Todos los Santos 2016).
Hemos nacido para la bondad y la alegría (Papa Francisco).
C. Péguy decía bellamente: «Nos salvaremos por lo que quede en nosotros de niños».
Aranguren: «Creo que soy feliz, que he sabido poner las cosas importantes en su justo lugar; y en ese orden el amor ha ocupado el lugar de honor».
CONTO
«QUIZÁS SÍ, QUIZÁS NO.»
Hace muchos años un hombre que recibió un caballo magnifico. Todos los vecinos vinieron para felicitarlo. Le dijeron,
«Usted es el hombre más afortunado de nuestro pueblo.»
El respondió, «Quizás si, quizás no.»
Después de unos días el caballo se escapó. Los vecinos vinieron para consolarlo.
«Que mala suerte,» le dijeron.
El hombre respondió, «Quizás sí, quizás no.»
La semana siguiente el caballo regreso con siete caballos salvajes siguiéndolo. Los vecinos le felicitaron por su buena suerte.
El hombre respondió, «Quizás sí, quizás no.»
Cuando su hijo trato de entrenar un caballo salvaje, se cayó y se rompió la pierna. Los vecinos comentaron sobre su mala suerte.
El hombre respondió, «Quizás sí, quizás no.»
Entonces un ejército entro el pueblo y llevaron a todos los jóvenes para ser soldados. Pero dejaron el hijo a causa de la pierna quebrantada. Desde luego los vecinos le dijeron que era muy afortunado.
El hombre respondió, «Quizás sí, quizás no.»
Tomado de P. Felipe Bloom
ANÉCDOTA
EL PROFETA SOFONÍAS
Vivió una época turbulenta y apasionante del reino de Judá: los años del reinado de Josías (640-609 AC), aunque tal vez actuaba ya un poco antes. Decimos que fué una época «turbulenta y apasionante» por dos razones: el imperio asirio extendía su influencia hasta la frontera con Egipto, y en Jerusalén, la capital de Judá, se dejaba sentir dicha influencia no solamente en el culto, sino hasta en las modas de vestir. Por otra parte el rey Josías emprendió una profunda y radical reforma religiosa, para volver a la pureza de la religión yahvista, apoyado, entre otros grandes, por el profeta Jeremías. Frente a los funcionarios orgullosos y prepotentes, a los grandes comerciantes y propietarios «asirianizados», a los sacerdotes y levitas del templo, confiados en sus liturgias y demás prácticas, Sofonías nos hace ver a «los humildes» del pueblo en quienes Dios se complace: son las gentes sencillas, pobres, descomplicadas, que ponen su confianza en Él mientras trabajan duro para sobrevivir, que no están pensando ni en alianzas ni en modas extranjeras, sino que viven espontáneamente lo mejor de la tradición de los mayores. Son los «anawim», como se les llama en hebreo, que no teniendo de qué enorgullecerse, simplemente se ponen en las manos de Dios. La lectura nos prepara para escuchar la bienaventuranza del Evangelio en la que Jesús proclama dichosos a los «pobres de espíritu»
Tomado de Servicio Bíblico Latinoamericano 2004
SANTOS DE CLASE ALTA
Los cartujos suelen decir que «para tener un santo cartujo, un cartujo tendría que dejar de ser santo».
Examinando el santoral católico, se ha encontrado que de 1938 casos estudiados de santos canonizados, el 78% de los santos y beatos han pertenecido a la clase alta; el 17% a la clase media, y sólamente el 5% a la clase baja estadística que recoge el teólogo José María Castillo en su artículo «Lectura materialista del santoral», (Misión abierta 2, 1981,150), quien concluye: «En conjunto los datos invitan a preguntarse si no hay una marcada tendencia en la historia de la Iglesia a identificarse más de la cuenta con los valores de las clases dominantes». El ascenso de tal cantidad de santos de la clase alta a los altares lleva a pensar que, en cierto modo, la Iglesia canoniza las virtudes de los hombres de dicha clase, proponiéndolos como modelo al resto de los cristianos, para bien de la Iglesia misma y de los fieles.
Tomado de Mercaba
MACARISMOS
Originariamente, las “bienaventuranzas bíblicas” (macarismos) se presentan como una propuesta de vida plena y prometen esa plenitud a quienes asumen ciertos comportamientos en su caminar (verbo hebreo al que etimológicamente puede estar ligado el término “feliz”). Se trata entonces de una propuesta capaz de colmar la vida de alegría y felicidad.
Tomado de Mercaba
ABRIR LA BOCA
La expresión “abrir la boca”, que equivale a “tomar la palabra”, nos reenvía a la frase que Jesús le dijo al tentador en el desierto: “No sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (4,4). De la “palabra que sale de la boca” de Jesús, “vive” el discípulo. Esto vale, no sólo para este sermón, sino para todas las enseñanzas de Jesús. Este es el alimento que necesita la gente, los milagros solos no bastan, hay que explorar la belleza y apropiarse de la riqueza de la vida del Reino (ver 4,24).
Tomado de Fidel Oñoro
‘BIENAVENTURADO’
La palabra griega que se usa para decir ‘bienaventurados’ y de donde proviene la palabra ‘bienaventuranza’ es makários. En el griego clásico, el sustantivo mákar (genitivo: mákaros) y el adjetivo makários son títulos que se aplican a los dioses en oposición al hombre mortal. Ser makários significa poder gozar de la propia autonomía y potencia divina, cosa que a los hombres no les es debido, precisamente porque ni son autónomos ni gozan de potencia propia, sino que son débiles y mortales. Por eso, para los clásicos griegos, los mákares por antonomasia y excelencia son los dioses. Incluso de Júpiter se dice que era makáron makartáte, es decir, ‘feliz con toda felicidad’.
Esto tiene su perfecta correspondencia en el NT, ya que makários se aplica dos veces a Dios, en 1Tim 1,11 y 1Tim 6,15.
El texto más importante es el de 1Tim 6,15 porque explica con mayor profusión de palabras que makários expresa la felicidad interior de Dios. En efecto, dice 1Tim 6,13-16: “Te pido que guardes el mandamiento sin mancha y sin reproche hasta la manifestación (epifaneías) de nuestro Señor Jesucristo, manifestación que, a su debido tiempo, llevará a cabo el bienaventurado (ho makários) y único Soberano, Rey de reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, que habita una luz inaccesible, a quien ningún hombre vio ni puede ver. A él, honor y poder eterno. Amén”.
Vemos cómo el uso de makários en San Pablo es aplicado a Dios y coincide con el uso que se le da en el griego profano. Dios es makários porque goza de su propia potencia que, en realidad, es omni-potencia, es Soberano, es Rey, es Señor, posee la inmortalidad, en contraposición al hombre mortal, habita en una luz, siendo la luz el símbolo de la alegría y de la felicidad, totalmente trascendente e inaccesible para el hombre. Por lo tanto, lo que makários designa es la felicidad con que Dios se goza en sí mismo en el secreto de su propia intimidad. En otras palabras, es la felicidad intra-trinitaria; es la corriente de felicidad que existe en la comunión de las tres divinas personas.
Por eso, makários, aplicado al ser humano como se hace en las Bienaventuranzas, significa en primer lugar una participación escatológica en la felicidad interna y secreta de Dios. Es decir, es la felicidad que tendrá el alma humana en el cielo, en la bienaventuranza (eso significa escatológica). Es la felicidad que tendrá el alma humana cuando, a través del lumen gloriae, la esencia divina se convierta en el objeto propio de su inteligencia, con el consiguiente amor de la voluntad que sigue a la percepción de la inteligencia.
Por lo tanto, cada vez que leemos en cada una de las ocho Bienaventuranzas la palabra ‘bienaventurado’ o ‘feliz’ debemos saber que se refiere, en primer lugar, a la gloria del cielo.
José A. Marcone, I.V.E. – Las bienaventuranzas(Mt 4,25-5,12)
Tomado de MSC
HUMOR
BIENAVENTURANZAS LLENAS DE HUMOR
Dichosos los que se ríen de sí mismos, porque nunca acabará su alegría y diversión.
Dichosos los que no confunden un grano de arena con una montaña, pues se ahorrarán muchas preocupaciones y enfados.
Dichosos los que saben descansar sin buscar excusas, porque están en el camino de la sabiduría y madurez.
Dichosos los que no se toman muy en serio a sí mismos, porque serán más estimados por los demás.
Dichosos los que saben escuchar y callar, porque aprenderán muchas cosas nuevas.
Dichosos si tomáis en serio las cosas pequeñas y afrontáis con calma las grandes, porque llegaréis muy lejos en la vida.
Dichosos si apreciáis una sonrisa y no ponéis mala cara ante los acontecimientos, pues caminaréis por la vertiente feliz de la vida.
Dichosos si sois comprensivos y hasta benévolos con los malos gestos de los demás, os tendrán por tontos, pero ése es el precio de la caridad.
Dichosos si pensáis antes de actuar y oráis antes de pensar, porque os evitaréis muchos errores y tonterías.
Dichosos si sabéis callar y sonreír aunque os contradigan y os molesten, porque el Evangelio ha prendido en vuestro corazón.
Y sobre todo, dichosos si reconocéis en todos al Señor, porque irradiaréis luz, bondad y alegría.
Joseph Folliet
POEMA
«VERSILLOS DEL MONTE DE PERFECCIÓN»
Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada.
Para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.
Para venir a poseer lo que no posees,
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.
Cuando reparas en algo
dejas de arrojarte al todo.
Para venir del todo al todo,
has de dejarte del todo en todo.
Y cuando lo vengas del todo a tener,
has de tenerlo sin nada querer.
Cuando ya no lo quería,
Téngolo todo sin querer.
Cuanto más tenerlo quise,
Con tanto menos me hallo.
Cuanto más buscarlo quise,
Con tanto menos me hallo.
Cuanto menos lo quería,
Téngolo todo sin querer.
Ya por aquí no hay camino,
Porque para el justo no hay ley;
Él para sí se es ley.
San Juan de la Cruz
ORACIÓN
ORACIÓN DE ANA: AQUÍ ESTOY, SEÑOR
Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo,
estremecida, aturdida, vigilante,
expectante… enamorada,
percibiendo cómo avivas en mi pobre corazón
los rescoldos del deseo de otros tiempos.
Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo,
sintiendo cómo despiertas, con un toque de nostalgia,
mi esperanza que se despereza y abre los ojos,
entre asustada y confiada,
deslumbrada por el agradecimiento.
Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu casa,
enfrentada a las paradojas de esperar lo inesperable,
de amar lo caduco y débil,
de confiar en quien se hace humilde,
de enriquecerse entregándose.
Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu casa,
con la mirada clavada en tus ojos que me miran
con el anhelo encendido y el deseo en ascuas,
luchando contra mis miedos,
queriendo entrar en tus estancias.
Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo y casa,
medio cautiva, medio avergonzada,
a veces pienso que enamorada,
queriendo despojarme de tanto peso, inercia y susto…
para entrar descalza en este espacio y tiempo de gracia.
Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo y casa,
intentando traspasar la niebla que nos separa,
rogándote que enjugues tú mis lágrimas,
queriendo responder a tu llamada con alegría
y salir de mí misma hacia el alba.
Aquí estoy, Señor,
orientando el cuerpo y el espíritu
hacia el lugar de la promesa que no veo,
aguardando lo que no siempre quiero,
lo que desconozco,
lo que, sin embargo, es mi mayor certeza y anhelo.
Aquí estoy, Señor,
¡Tú sabes cómo, mejor que nadie!
¡No te canses de venir!
¡No te canses de llegar!
¡No te canses de entrar
en nuestras vidas y en nuestras historias!
Yo continuaré aquí, confiando en tu promesa
y anunciando tu presencia.
Florentino Ulibarri
MEDITACIÓN
EL SENTIDO DE LA VIDA
“La significación del hombre no aparece en la significación y la felicidad de este mundo, sino en la experiencia del riesgo y de la confianza ciega que no tiene verdaderamente ningún apoyo suficiente en los éxitos de este mundo…
Los hombres espirituales y los santos han adquirido este gusto de vivir que aparece ante los otros hombres como desdeñable… De ahí su curiosa vida, su pobreza, su deseo de humildad, su espera impaciente de la muerte, su disposición para el sufrimiento, su deseo secreto de martirio…
No es que ellos no estén dispuestos a aterrizar en la banalidad de lo cotidiano… No es que ignoren que nosotros no somos ángeles… sino que ellos saben que el hombre… debe verdaderamente vivir entre Dios y el mundo, entre el tiempo y la eternidad y ésta en la existencia real”
(“Karl Rahner: Vivre et croire aujourd‟hui”, Paris 1967, pg.36)
CANTO
BENAVENTURADOS
“Bienaventurados los misericordiosos” JMJ Cracovia 2016
VIDEO
LAS BIENAVENTURANZAS PARA NIÑOS Comunidad Catolikids