CITA
« No me des riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan; no sea que me sacie y reniegue de ti, diciendo: «Quién es el Señor?»
(Proverbios 30, 7-9).
« Las riquezas producen vanidad»
(Sal 48, 7).
« Al rico la ansiedad le impide dormir»
(Ecle 5, 11).
« La riqueza no es eterna»
(Prov 27, 24).
«Renuncio a la riqueza, por la Fortuna de ser rico ante Ti!»
S.Son
Cicerón, El no ser codicioso es ser rico, y el no tener la manía de comprar es una renta.
Séneca, El camino más corto para llegar a la riqueza es despreciarla.
San Atanasio, Quien vive como si hubiera de morir cada día -puesto que nuestra vida es incierta por naturaleza- no pecará, ya que el buen temor extingue gran parte del desorden de los apetitos; por el contrario, el que cree que va a tener una larga vida, fácilmente se deja dominar por los placeres (Vida de san Antonio).
San Efrén de Siria es preciso considerar que nuestra alma se parece a una nave a punto de viajar, pero que no sabe cuándo vendrá el viento, y también se parece a un ejército, que no sabe cuándo va a sonar la trompeta que anuncia el combate.
S. Basilio, Es el pan del hambriento el que tú tienes, el vestido del desnudo el que conservas en tu guardarropa, es el calzado del descalzo el que amontonas y la plata del indigente la que escondes bajo la tierra. Cometes, pues, tantas injusticias cuantas son las cosas que puedes dar. hom. de divit. agri fertilis
San Ambrosio Lo que debe buscar un hombre no es el patrimonio del dinero, sino el de la inmortalidad(Tratado sobre el Evangelio de San Lucas lib.VII,122).
S. Agustín: Guardémonos de toda avaricia, si queremos gozar de la sabiduría eterna. (Sermones (2º) (t. X). Sobre los Evangelios Sinópticos, Sermón 107, 1-10, BAC Madrid 1983, 747-57)
¿Qué es lo que temes dándote? ¿Perderte? Al contrario, es rechazando darte que te pierdes. (Sermón 34, sobre el salmo 149.).
Por muy avaro que seas, Dios te basta (Coment. sobre el Salmo 55).
San Gregorio Magno, La avaricia es el deseo inmoderado de tener más (Hom. 16 sobre los Evang. ).
San Francisco de Asís “Yo necesito pocas cosas y las pocas que necesito, las necesito poco.“ (Atribuída)
San Antonio de Padua “¡Ay de los que tienen la despensa y los graneros repletos y el ropero bien provisto, mientras los pobres de Cristo, hambrientos y desnudos, gritan desconsolados ante sus puertas, no obteniendo más que algunas migajas de lo sobrante!”
Santo Tomás de Aquino, «Y es imposible que la felicidad del hombre consista en las riquezas”. (Suma Teológica,I-II, q. 2, a.1)
Santa Teresa de Jesús, ¡Qué necedad tan grande es amontonar donde se ha de dejar, y no enviar allí donde se ha de ir! Coloca tus riquezas basta sola una gota de agua del gran río caudaloso que nos está aparejado (Vida,27,12).
Ignacio de Loyola, “El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su alma; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son creadas para el hombre y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es creado. s”(Ejercicios, nº 23).
San Francisco de Sales, Hay mucha diferencia entre ver y admirar las cosas de este mundo y querer gozar de ellas como si en ello estribara nuestra felicidad. Sermón: Idolatría de las cosas, X, 254.
San Juan Maria Vianney Entonces -me diréis-, ¿qué han de hacer los ricos para imitar a un Dios tan pobre y despreciado? Os lo diré: no han de apagar su corazón a los bienes que poseen, han de emplear esos bienes en buenas obras en cuanto puedan; han de dar gracias a Dios por haberles concedido un medio tan fácil de rescatar sus pecados con sus limosnas; no han de despreciar nunca a los que son pobres, antes al contrario, han de respetarlos viendo en ellos una gran semejanza con Jesucristo (Sobre el misterio).
Santa Teresa de Calcuta Creo que una persona que está apegada a sus riquezas, que vive preocupada por sus riquezas, es en realidad muy pobre. Sin embargo, si esa persona pone su dinero al servicio de los demás, entonces se vuelve rica, muy rica.
“La pobreza no la hizo Dios, la hacemos tu y yo cuando no compartimos lo que tenemos” ()
Catecismo, 2535 El apetito sensible nos impulsa a desear las cosas agradables que no tenemos. Así, desear comer cuando se tiene hambre, o calentarse cuando se tiene frío. Estos deseos son buenos en sí mismos; pero con frecuencia no guardan la medida de la razón y nos empujan a codiciar injustamente lo que no es nuestro y pertenece, o es debido a otro.
2536 El décimo mandamiento prohíbe la avaricia y el deseo de una apropiación inmoderada de los bienes terrenos. Prohíbe el deseo desordenado nacido de la pasión inmoderada de las riquezas y de su poder. Prohíbe también el deseo de cometer una injusticia mediante la cual se dañaría al prójimo en sus bienes temporales:
Cuando la Ley nos dice: «No codiciarás», nos dice, en otros términos, que apartemos nuestros deseos de todo lo que no nos pertenece. Porque la sed del bien del prójimo es inmensa, infinita y jamás saciada, como está escrito: «El ojo del avaro no se satisface con su suerte»(Si 5,9). [Catecismo Romano]
2537 No se quebranta este mandamiento deseando obtener cosas que pertenecen al prójimo siempre que sea por justos medios. La catequesis tradicional señala con realismo «quiénes son los que más deben luchar contra sus codicias pecaminosas» y a los que, por tanto, es preciso «exhortar más a observar este precepto»:
Los comerciantes, que desean la escasez o la carestía de las mercancías, que ven con tristeza que no son los únicos en comprar y vender, pues de lo contrario podrían vender más caro y comprar a precio más bajo; los que desean que sus semejantes estén en la miseria para lucrarse vendiéndoles o comprándoles…Los médicos, que desean tener enfermos; los abogados que anhelan causas y procesos importantes y numerosos… (Cat. R. 3,37).
2547 El Señor se lamenta de los ricos porque encuentran su consuelo en la abundancia de bienes (Lc 6,24). «El orgulloso busca el poder terreno, mientras el pobre en espíritu busca el Reino de los Cielos» (S. Agustín, serm. Dom. 1,1). El abandono en la Providencia del Padre del Cielo libera de la inquietud por el mañana (cf Mt 6,25-34). La confianza en Dios dispone a la bienaventuranza de los pobres: ellos verán a Dios.
2544 Jesús exhorta a sus discípulos a preferirle a El respecto a todo y a todos y les propone «renunciar a todos sus bienes» (Lc 14,33) por El y por el Evangelio. Poco antes de su pasión les mostró como ejemplo la pobre viuda de Jerusalén que, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir. El precepto del desprendimiento de las riquezas es obligatorio para entrar en el Reino de los cielos.
2545 «Todos los cristianos… han de intentar orientar rectamente sus deseos para que el uso de las cosas de este mundo y el apego a las riquezas no les impidan, en contra del espíritu de pobreza evangélica, buscar el amor perfecto».
2552 El décimo mandamiento prohíbe el deseo desordenado, nacido de la pasión inmoderada de las riquezas y del poder.
2556 El desprendimiento de las riquezas es necesario para entrar en el Reino de los cielos. «Bienaventurados los pobres de corazón».
San Juan XXIII, El salmo 89 tiene un versículo que gustaba al papa Juan XXIII, porque le parecía que ahí estaba el secreto para ver con sabiduría el discurrir de la historia, sin asustarse ni entusiasmarse demasiado: «enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato».(Tomado de J. Aldazabal).
San Pablo VI, «El tener más, lo mismo para los pueblos que para las personas, no es el fin último. Todo crecimiento es ambivalente. Necesario para permitir que el hombre sea más hombre, lo encierra como en una prisión desde el momento en que se convierte en el bien supremo que le impide mirar más allá» (Populorum progressio, n. 19).
San Juan Pablo II ¿Cómo puede considerarse rica una sociedad si en su seno numerosas personas carecen de lo necesario para vivir?
Benedicto XVI El hombre que confía en el Señor, en cambio, no teme las adversidades de la vida, ni siquiera la realidad ineludible de la muerte: es el hombre que ha adquirido «un corazón sabio», como los santos. (01-08-2010)
Papa Francisco, la verdadera riqueza es el amor de Dios compartido con los hermanos. (Ángelus, Plaza San Pedro, domingo 4 de agosto de 2013)
El tesoro que vale a los ojos de Dios es el que ya se ha acumulado desde la tierra en el cielo.
Hay “tesoros riesgosos” que seducen “pero que debemos abandonar”, aquellos acumulados durante la vida y que la muerte destruye.
Las riquezas y los afanes del mundo «ahogan la Palabra de Dios y no la dejan crecer «.
No sirve de mucho la riqueza de bolsillo, cuando hay pobreza en el corazón.
«Nunca vi un camión de mudanza detrás de un cortejo fúnebre, nunca»
«Olvidar el pasado, no aceptar el presente, desfigurar el futuro: esto es lo que hacen las riquezas y las preocupaciones.
El apegamiento a las riquezas es una idolatría
«La adoración del antiguo becerro de oro ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin rostro» (Evangelii gaudium 55).
Pagola, Aunque no nos lo creamos, el dinero nos puede empobrecer. Vivir acumulando, puede ser el fin de todo goce humano, el fin de toda alegría de vivir, el fin de todo verdadero amor.
Bosmans-PH «El hombre occidental se ha hecho materialista hasta en su pensamiento, en una sobrevaloración morbosa del dinero y la propiedad, del poder y la riqueza» (·).
Boecio: “Es verdad que no hay persona más necesitada que la que posee muchas riquezas”.
Shakespeare (atribuída) “el dinero hace blanco lo negro, hermoso lo feo, justo lo injusto, noble lo ruin, joven lo viejo, valiente lo cobarde”.
E. Fromm decía que: “no teniendo nada, es muy difícil ser; teniendo mucho, es casi imposible”.
M. Twain “No tiene sentido ser el hombre más rico del cementerio”.
Mahatma Gandhi «La tierra proporciona lo suficiente para satisfacer las necesidades de todos los hombres, pero no la codicia de todos».
Francisco de Quevedo y Villegas Por nuestra codicia lo mucho es poco; para nuestra necesidad lo poco es mucho.
Epicuro de Samos ¿Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia.
El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo
Noel Clarasó Algo habrá de malo en la riqueza cuando a todo el mundo le da vergüenza confesar que la tiene.
E. Cardenal «El que adquiere un campo y lo cierra con una cerca, se priva del resto de la naturaleza, se empobrece de todo lo demás. He aquí por qué la pobreza religiosa no significa poseer poco, sino no poseer nada, o sea, la expropiación total para poseerlo todo».
A. Bloom «¿No habéis observado alguna vez que ser rico se traduce siempre en un empobrecimiento en otro plano? Basta decir: poseo este reloj, es mío, y cerrar la mano, apresándolo, para tener un reloj y haber perdido una mano».
Arturo Graf Cuanto mas posee el hombre, menos se posee a sí mismo.
Henry David Thoreau El más rico es aquel cuyos placeres son los más baratos.
Santo Tomás de Aquino En este mundo no hay seguridad perfecta, porque cuanto más alguien posee y más sobresale, tanto más está sujeto al temor y más necesidades experimenta.
Décimo Junio Juvenal Es locura manifiesta vivir precariamente para poder morir rico.
Fernando De Rojas Es mejor el uso de las riquezas que la posesión de ellas.
Andrea Chénier Es una gran riqueza el saber ser pobre.
Salomón Hay quien parece rico y no tiene nada, y hay quien parece pobre, y tiene muchas riquezas.
Antoine Rivard Hay personas que de sus riquezas solo tienen el miedo a perderlas.
Aristóteles La riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión.
Arthur Schopenhauer La riqueza es como el agua salada; cuanto más se bebe más sed da.
Louis Gabriel Ambroise de Bonald No es la riqueza lo que corrompe a los hombres, sino la ambición de ser más ricos.
San Agustín No hay riqueza más peligrosa que una pobreza presuntuosa.
Autor desconocido No midas la riqueza por las cosas que posees, sino por aquellas que no cambiarías por dinero.
Marco Tulio Ciceron No sólo es ciega la fortuna, sino que frecuentemente vuelve ciegos a los que abraza.
John Bunyan ¿Qué son los honores y las riquezas de este mundo cuando se comparan con las glorias de la corona de vida?
León Tolstoi Quien tiene dinero tiene en su bolsillo a quienes no lo tienen.
Epicuro ¿Quieres ser rico?. Pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia.
San Josemaría Escrivá de Balaguer Si eres hombre de Dios, pon en despreciar las riquezas el mismo empeño que ponen los hombres del mundo en poseerlas.
Si vienen a tus manos las riquezas, no pongas en ellas tu corazón. —Anímate a emplearlas generosamente. Y, si fuera preciso, heroicamente. —Sé pobre de espíritu.
¡Tanta afición a las cosas de la tierra! —Pronto se te irán de las manos, que no bajan con el rico al sepulcro sus riquezas.
Lanza del Vasto Tanto le cuesta al rico renunciar a su riqueza como al pobre a la ambición de tenerla.
Rabindranath Tagore Todo lo que acumulamos para nosotros mismos nos separa de los demás.
René Juan Trossero Tú eres la mayor riqueza para ti mismo y esa riqueza nadie puede quitártela. Porque tú no eres lo que tienes, sino lo que eres.
Zygmunt Bauman «los ricos, sobre todo los más ricos, se van haciendo mucho más ricos, mientras los pobres, sobre todo los más pobres, se van haciendo mucho más pobres»
William Wordswoth “Nuestro nacimiento —escribía el poeta romántico— no es sino un sueño y un olvido”.
CONTO
LOS 8 MINUTOS
Cuenta la leyenda que una mujer pobre con un niño en los brazos, pasando delante de una caverna escuchó una voz misteriosa que allá adentro le decía:
«Entra y toma todo lo que desees, pero no te olvides de lo principal. Recuerda algo: Después que salgas, la puerta se cerrará para siempre. Por lo tanto, aprovecha la oportunidad, pero no te olvides de lo principal…..»
La mujer entró en la caverna y encontró muchas riquezas. Fascinada por el oro y por las joyas, puso al niño en el piso y empezó a juntar, ansiosamente, todo lo que podía en su delantal. La voz misteriosa habló nuevamente.
» Tienes solo ocho minutos » Agotados los ocho minutos, la mujer cargada de oro y piedras preciosas, corrió hacia fuera de la caverna y la puerta se cerró… recordó, entonces, que el niño quedó allá y la puerta estaba cerrada para siempre.
La riqueza duro poco y la desesperación, siempre.
Tomado de P. Diego Millán
YO ESTOY DE PASO
Se cuenta que el siglo pasado, un turista americano fue a la ciudad de El Cairo (Egipto) con la finalidad de visitar a un famoso sabio. El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuartito muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco.
-¿Dónde están sus muebles? – preguntó el turista.
Y el sabio también preguntó:
-¿Y dónde están los suyos…?
-¿Los míos? – se sorprendió el turista – ¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso!
– Yo también… – concluyó el sabio.
La vida en la tierra es solamente temporal; sin embargo, algunos viven como si fueran a quedarse aquí eternamente y se olvidan de ser felices. El valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que suceden. Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables.
(Tony de Mello)
Tomado de Inpas
ANÉCDOTA
«Concédeme, dios generoso, que todo lo que toquen mis manos se convierta de inmediato en oro». Estas fueron las palabras que Midas, rey de Frigia, pronunció ante Dionisio, dios del vino.
Tomado de Pastoral Sj
TITANIC…
Cuando el barco estaba punto de hundirse, un vigilante arrojó un montón de billetes de Banco a la cara de un pasajero, que se los había entregado para que se le permitiese saltar en una barca de salvamento. Se los arrojó a la cara porque, visto lo que se les venía encima, aquellos billetes eran completamente inútiles… Pues bien. Cuando se hunda el barco de nuestra vida, en el momento de la verdad lo más importante no van a ser los billetes de banco que tengamos. Lo más importante va a ser que hayamos sido las personas que Dios quiere que seamos. Sólo así seremos ricos ante Dios como nos pide el Evangelio de hoy.
Tomado de Juan Jáuregui
LA MATÉ PORQUE ERA MÍA…
Gollum (Monstruo del Señor de los Anillos y guía de Frodo a Mordor) debe de ser el caso más exagerado y ejemplo más conocido de codicia; por dar un ejemplo, re-escribimos un cuento de Jorge Bucay, en el que se habla de cuánto ciega la codicia.
Sigue este cuento…
Cavando, para montar un cerco que separara mi terreno del de mi vecino, me encontré enterrado en mi jardín, un viejo cofre lleno de monedas de oro.
A mí no me interesó por la riqueza, me interesó por lo extraño del hallazgo, nunca he sido ambicioso y no me importan demasiado los bienes materiales, pero igual desenterré el cofre.
Saqué las monedas y las lustré. Estaban tan sucias las pobres…
Mientras las apilaba sobre mi mesa prolijamente, las fui contando…
Constituían en sí mismas una verdadera fortuna. Solo por pasar el tiempo, empecé a imaginar todas las cosas que se podrían comprar con ellas.
Pensaba en lo loco que se pondría un codicioso que se topara con semejante tesoro. Por suerte, por suerte…no era mi caso…
Hoy vino un señor a reclamar las monedas, era mi vecino. Pretendía sostener en un razonamiento miserable que las monedas las había enterrado su abuelo, y que por lo tanto le pertenecían a él.
Me dio tanto fastidio que lo maté…
Si no lo hubiera visto tan desesperado por tenerlas, se las hubiera dado, porque si hay algo que a mí no me importa son las cosas que se compran con dinero, eso sí, no soporto la gente codiciosa…
Tomado de Anecdonet
EL TEATRO DEL ABSURDO
(Beckett, Ionesco), que floreció en las décadas posteriores a la guerra, era el reflejo de toda una cultura. Los que evitan la tentación de la acumulación de las cosas, como ciertos filósofos y escritores, caen en algo que tal vez es peor: la «náusea» ante las cosas. Las cosas, se lee en la novela La náusea de Sartre, están «de más», son oprimentes. En el arte, vemos las cosas deformadas, objetos que se aflojan, relojes que cuelgan como el salchichón. Se le llama «surrealismo», pero más que una superación, es un rechazo de la realidad. Todo exhala putridez, descomposición. ¡El abandono de la idea del cielo ciertamente no ha hecho más libre y alegre la vida en la tierra!
Tomado de Raniero Cantalamessa
Homilía (03-08-2007)
JESÚS Y EL BANCO CENTRAL EUROPEO
El BCE, en su intento de frenar la inflación, ha decidido subir los tipos de interés para que no invirtamos ni gastemos más de lo preciso. Jesús, en cambio, nos invita a invertir, pero de forma muy distinta, enriqueciéndonos a los ojos de Dios. Las posibilidades son múltiples, recuerdo una sola. Las ONG que trabajan en África y otros países del Tercer Mundo recuerdan a menudo lo mucho que se puede hacer a nivel alimenticio, sanitario, educativo, con muy pocos euros. Quienes no corren peligro, como el protagonista de la parábola, de disfrutar de enormes riquezas, pueden aprovechar lo que tienen, incluso poco, para hacer el bien y enriquecerse a los ojos de Dios.
José Luis Sicre
IGNACIO DESCUBRE LA VACIEDAD DE LAS COSAS
Ignacio de Loyola nació en el seno de una familia acomodada. De pequeño no le faltó de nada. Se sentía hijo de una estirpe noble, orgullosa de su pasado, en el que se había distinguido por su espíritu combativo y su fidelidad al rey.
Educado en la corte, conocía bien el uso de las armas. Llevaba, así lo reconoció él mismo, «una vida muy mundana». Su juventud fue la de un cortesano galante, amigo de los juegos de azar, de las riñas y de las mujeres. Aspiraba a hacer una buena carrera militar. Por eso se alistó a las órdenes del virrey de Navarra para defender la ciudad de Pamplona contra los franceses. Allí el 20 de mayo de 1521 resultó gravemente herido: una bala de cañón le destrozó la pierna derecha. Si mucho le dolía la herida, también le dolía el tener que rendirse y perder la plaza. Los franceses vencedores le dispensaron los primeros cuidados. Después fue trasladado a su casa de Loyola, donde se constató que los huesos de su pierna no habían soldado correctamente.
El enfermo, llevado por su orgullo, exigió ser operado de nuevo pues no se conformaba con quedar cojo para toda la vida. Sufrió terribles dolores, estando varias veces a las puertas de la muerte.
La convalecencia se alargaba y pidió a su hermana que le cuidaba le proporcionara libros para distraerse. Esta no tenía otros que vidas de santos. Le impresionaron, sobre todo, la de san Francisco y la de santo Domingo. Leyéndolas se preguntaba: ¿De qué me sirve sufrir por mantener una belleza corporal, que tarde o temprano perderé? ¿Qué sentido tiene servir a un señor, que tarde o temprano morirá? Como el autor del libro del Eclesiastés que hoy hemos escuchado en la primera lectura, se decía: «¿Qué saca el hombre de todo su trabajo y de los afanes con que trabaja bajo el sol?». Y concluía: «Vaciedad sin sentido, todo es vaciedad».
Ignacio, como san Francisco y santo Domingo a los que tanto admiraba, como todos los santos, se tomó al pie de la letra las palabras de Jesús que recordábamos en el evangelio de hoy: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?». Y se propuso desde entonces no amasar riquezas para si, sino hacerse rico para Dios.
– Tomad Señor
«Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento, y mi voluntad,
todo mi haber y mi poseer;
vos me los disteis, a Vos, Señor, lo torno;
todo es vuestro,
disponed de todo a vuestra voluntad,
dadme vuestro amor y gracia,
que ésta me basta».
Tomado de EQUIPO-MD
MISA DOMINICAL 1998, 10 23-24
TALLEYRAND,
político francés, y hombre con una vida muy agitada y azarosa, cargado de honores y de títulos, estaba a punto de morir, se levantó de la cama y comenzó a abrazar sus muebles y sus joyas, y a cada objeto que abrazaba preguntaba: ¿También esto lo he de dejar?
En BALARRASA, aquella ya vieja película, protagonizada por Fernando Fernán Gómez, su hermana frívola, se miraba moribunda, una y otra vez, con insistencia, las manos y decía “Están vacías”.
Tomado de Jesús Martí Ballester
“LA AVARICIA ROMPE EL SACO”.
Esta frase proverbial parte de la imagen de un ladrón que iba poniendo en un saco cuanto robaba y cuando, para que la cupiera más, apretó lo que iba dentro, el saco se rompió. La codicia rompe el saco es una forma más antigua que La avaricia rompe el saco, como lo muestra su presencia en obras como La Lozana Andaluza 252, El Guzmán de Alfarache, esa novela picaresca de Mateo Alemán, El Quijote I 20, II 13 y 26. Una forma sinónima aparece en El Criticón de Baltasar Gracián: Por no perder un bocado, se pierden cientos.
Tomado de P. Antonio Rivero
“ESTÁS LOCO!
La parábola acaba con una frase terrible: “Pero Dios le dice: “Estás loco! Esta misma noche, se te pedirá la vida.” No se trata aquí de la locura en el sentido bíblico, que es el rechazo de Dios y la negación de su existencia, como dice el Salmo 14: “El loco dice en su corazón: No hay Dios!” Môroï (locos), son los fariseos que rechazan a Cristo (Mateo 23, 17). Môraï, son las chicas que aguardan al esposo sin reserva de aceite (Mateou 25, 2). San Lucas emplea aquí la palabra aphrôn, con el privativo, que quiere decir “sin sabiduría”. Es el hombre que ha malgastado toda su existencia por falta de inteligencia. Hubiera debido pararse y definir mejor sus elecciones!
Tomado de Felipe Santos, SDB
INTELIGENCIA FRENTE A RIQUEZAS
La hija de Temístocles se enamoró de un muchacho muy pobre pero dotado con una gran inteligencia. Acudió a pedirle permiso a su padre con cierto terror, pero Temístocles le dijo: “Lo apruebo. Prefiero a un hombre que necesite riquezas, a riquezas que necesiten un hombre”.
Tomado de Anecdonet
BONO, EL GORRITO DEL PAPA (TIARA) Y LAS RIQUEZAS
La tiara del Papa, las riquezas de la Iglesia y Bono, el líder de U2 21 noviembre 2012
Corrían los primeros años de 1960 cuando, en un noble gesto de desprendimiento y solidaridad para con los pobres, el Papa Pablo VI puso en venta su tiara pontificia (la “corona” del Papa).
Se trataba de un acto de singular valor: cuando el Card. Montini fue elegido Papa, los fieles de la arquidiócesis de Milán, de donde él era obispo, le regalaron la tiara. La tiara pontificia era doblemente “suya”: un regalo para el nuevo Papa Pablo VI en virtud de que había sido pastor de los católicos de Milán. El valor afectivo de la tiara era más que comprensible.
La tiara pontificia fue comprada por el cardenal Francis Joseph Spellman, arzobispo de Nueva York, y hoy se encuentra en exhibición en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, en Washington. El monto de la compra se destinó a poblaciones africanas.
He recordado esta historia a propósito de la visita al Vaticano del célebre líder de la no menos famosa banda de pop irlandesa U2. Bono estuvo en el Vaticano el 16 de noviembre de 2012 y se entrevistó con el Card. Peter K. Turkson, Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, por más de una hora. Fue al Vaticano para agradecer el papel de la Iglesia en la campaña mundial “Drop the debt” (“Deja la deuda”) cuyo objetivo es que los países ricos perdonen la deuda a los países pobres.
Radio Vaticana recoge que Bono reconoció que la Iglesia merece un reconocimiento increíble en esta campaña que ha conseguido que 52 millones de niños vayan a la escuela. Añadió que los católicos deben estar conscientes de que su fe es importante en estos esfuerzos.
Las justas palabras laudatorias de una estrella mundial de la música parecen estar en contraste con esas frecuentes invectivas e invenciones que aquí y allá se hacen sobre las supuestas riquezas de la Iglesia y el corolario que se suele derivar: “¿por qué no vende todo y se lo da a los pobres”.
Más allá de responder a esas personas invitándoles a comenzar con el propio ejemplo (para decirlo evangélicamente valdría esa parte de Lucas 10, 37: «Vete y haz tú lo mismo»), resulta significativo que este tipo de declaraciones pasen desapercibidas en la gran prensa. La ignorancia de algunos también se debe en buena medida a la falta de información. No dudo que si las palabras de Bono fuesen en la dirección contraria habrían poblado titulares y seguirían alimentando la imagen de que la Iglesia no hace algo por los pobres.
Pablo VI fue el último Papa en usar una.
Ha pasado más o menos lo mismo con los cien mil dólares que Benedicto XVI donó recientemente, a nombre de toda la Iglesia, para la acción caritativa en Siria (véase Ayuda del Papa a las probadas poblaciones de Siria).
Volviendo a lo de la tiara, es evidente que la pobreza no se acabó con la venta de ese objeto. Tampoco sucedería con la venta del Vaticano completo (por lo demás un contrasentido pues en virtud de un concordato con el Estado Italiano, el Vaticano no puede vender piezas de arte que, además, son patrimonio de la humanidad). La pobreza se acaba formando a las personas y eso es precisamente lo que hace la Iglesia en tantos lugares del planeta.
Ciertamente la Iglesia no se dedica a buscar altavoces de su loable acción caritativa. Quizá porque rige ese principio evangélico del “que no se entere tu mano derecha de lo que hace la izquierda”. Pero de que existe y, además, es eficaz, no cabe duda. No porque lo diga una estrella de la música mundial como Bono, aunque desde luego no es para dejar pasar desapercibidas esas declaraciones.
Tomado de Anecdonet
EL LIBRO DE QOHÉLET
Es un libro de carácter sapiencial, escrito a finales del siglo II antes de Cristo. No sabemos quién es el autor. En 1,1, se presenta el libro como “palabras de qohélet”; pero “qohélet” es una forma participial del verbo “qhl” (“reunir en asamblea”): significa, pues, “aquél que participa en la asamblea” o, desde una perspectiva más activa, “aquél que habla en la asamblea”.
El nombre “Eclesiastés” (con el que se le suele designar) es la forma latinizada del griego “ekklesiastes” (nombre del libro en la traducción griega del Antiguo Testamento): significa lo mismo que “qohélet”, “aquel que se sienta o que habla en la asamblea” (“ekklesia”).
Este “cuaderno de notas” de un “sabio” es un escrito extraño y enigmático, sarcástico, inconformista, polémico, que pone en cuestión los dogmas más tradicionales de Israel. Su preocupación fundamental, más que señalar caminos, parece que es la de destruir certezas y seguridades. Plantea cuestiones y no se preocupa, lo más mínimo, por encontrar respuestas a esas cuestiones.
El tono general del libro es el de un impresionante pesimismo. El autor parece negar cualquier posibilidad de encontrar sentido a la vida. Defiende que el hombre es incapaz de tener acceso a la “sabiduría”, que no hay nada nuevo y que estamos fatalmente condenados a repetir los mismos desafíos, que el esfuerzo humano es vano e inútil, que es imposible conocer a Dios y que, suceda lo que suceda, nada vale la pena porque la muerte está siempre en el horizonte y nos iguala con los ignorantes y los animales. No es un libro en el que se den respuestas; es un libro donde se denuncia el fracaso de la sabiduría tradicional y donde resuena el grito de angustia de una humanidad herida y perdida, que no comprende la razón de vivir.
Tomado de Dehonianos
LAS RIQUEZAS
En tiempos de Jesús las riquezas no se correspondían con la idea monetaria y financiera que tenemos hoy en día. Los ricos lo eran por acumular grandes posesiones de erra, abundantes graneros llenos de cereal, inmensos rebaños de ovejas, bodegas llenas de ánforas conteniendo aceite y vino… criados y siervos. Los ricos habitaban en casas construidas con sillares de piedras: pisaban ricas alfombras, se ves an con telas preciosas importadas desde más allá de los desiertos… Usaban caros perfumes envasados en frascos de cristal o alabastro. Banqueteaban a diario. Más que dinero, poseían objetos de oro y plata y abundantes monedas. Estas riquezas les permitían vivir con toda clase de comodidades y refinamientos. Ya los profetas alzaron la voz contra tales desigualdades, indiferencia e injusticias. Tal solo una muy pequeña parte de la población podía permitirse estos lujos. La inmensa mayoría eran campesinos que cultivaban tierras que no eran suyas y por las que tributaban entre el 70/60% de la producción.
Tomado de Tiempo Interior
CHISTE
Una persona le dijo a Dios:
«Dios, ¿es verdad que para ti mil millones de años son como un segundo?»
Dios dijo que sí.
Y otra vez le insinuó: «Dios, ¿es verdad que para ti mil millones de dólares son como un céntimo?»
Dios dijo que sí.
Ella preguntó: «Dios, ¿me puedes dar un céntimo?»
Dios dijo: «Claro, espera un segundo.»
POEMA
PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO
Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado
de continuo anda amarillo.
Que pues doblón o sencillo
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.
Nace en las Indias honrado,
donde el mundo le acompaña;
viene a morir en España
y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero.
Es Galán y es como un oro,
tiene quebrado el color;
persona de gran valor
tan cristiano como moro;
pues que da y quita el decoro
y quebranta cualquier fuero,
poderoso caballero
es don Dinero.
Son sus padres principales,
y es de nobles descendiente,
pues que en las venas de Oriente
todas las sangres son reales.
Y pues es quien hace iguales
al duque y al ganadero,
poderoso caballero
es don Dinero.
¿Más a quién no maravilla
ver en su gloria, sin tasa,
que es lo menos de su casa
doña Blanca de Castilla?
Pero pues da al bajo silla
y al cobarde hace guerrero,
poderoso caballero
es don Dinero.
Sus escudos de armas nobles
son siempre tan principales,
que sin sus escudos reales
no hay escudos de armas dobles;
y pues a los mismos robles
da codicia su minero,
poderoso caballero
es don Dinero.
Por importar en los tratos
y dar tan buenos consejos
en las casas de los viejos
gatos lo guardan de gatos;
y, pues él rompe recatos
y ablanda al juez más severo,
poderoso caballero
es don Dinero.
Y es tanta su majestad,
aunque son sus duelos hartos,
que con haberle hecho cuartos
no pierde su autoridad.
Porque pues da calidad
al noble y al pordiosero,
poderoso caballero
es don Dinero.
Nunca vi damas ingratas
a su gusto y afición,
que a las caras de un doblón
hacen sus caras baratas;
y, pues les hace bravatas
desde una bolsa de cuero,
poderoso caballero
es don Dinero.
Más valen en cualquier tierra
(mirad si es harto sagaz)
sus escudos en la paz
que rodelas en la guerra.
Y pues al pobre le entierra
y hace proprio al forastero,
poderoso caballero
es don Dinero.
Quevedo
ORACIÓN
– Tomad Señor
«Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento, y mi voluntad,
todo mi haber y mi poseer;
vos me los disteis, a Vos, Señor, lo torno;
todo es vuestro,
disponed de todo a vuestra voluntad,
dadme vuestro amor y gracia,
que ésta me basta».
Ignacio de Loyola
MEDITACIÓN
AVARICIA
Todos necesitamos, en la vida, algunas seguridades. Y aspiramos a unas condiciones de vida dignas. Es legítimo tratar de ir mejorando un poco, hasta poder darnos algún capricho… Pero, hay una línea que separa la necesidad verdadera de la ansiedad impuesta, la seguridad del exceso y la prudencia del abuso. Hay una tentación muy humana, la de tener más, acumular, acaparar. Parece que no basta nunca con lo que uno ha conseguido. Todo resulta insuficiente, y la aspiración a acumular –riquezas, bienes, relaciones o experiencias– se convierte en voracidad.
¿Cuál es el problema? Que en algún punto de ese camino ocurre que dejas de ser dueño para ser esclavo. Los bienes dejan de servir para aquello que necesitabas, para convertirse en tu cadena. La vida va girando en torno a ellos, y poco a poco el miedo a perder puede más que la gratitud ante lo que uno tiene. Además, el ansia de poseer mucho puede producirse a costa de que el otro no posea apenas nada, porque no hay para tantos.
Alternativa. Frente a la avaricia, la respuesta es el desprendimiento. Desprendimiento que es una forma de libertad. Una apuesta por la mesura. Se trata de tener una mirada agradecida a la vida, una mirada que te permita valorar lo que tienes como un privilegio. Y que te permita verlo en perspectiva, en un mundo donde tantos carecen de tanto. No se trata de no necesitar nada –eso no es nuestra espiritualidad ni nuestra fe– pero sí de no volver imprescindible lo que en realidad es accesorio.
José María Rodríguez Olaizola, sj | creer
Tomado de Pastoral sj
CANTO
Todo | Cristobal Fones, SJ
VIDEO
Equipo Quiero Ver: El verdadero éxito