CITA
«Que ramos y procesiones no te impidan ver “el Bosque”»
“Quien siembra vientos, recoge tempestades”.
«¿Te Adoramos oh Cristo, o sólo te adornamos?»
S.Son
Aristóteles, es propio del hombre prudente ser capaz de deliberar rectamente sobre lo que es bueno y conveniente para el sí mismo, para vivir bien en general. en Ética a Nicómaco
Cicerón, Cuando aspiras a alcanzar el puesto más alto, recuerda que es honorable la segunda, o tercera posición.
San Cipriano, Soportó pacientemente los salivazos de quienes le insultaban, el mismo que pocos días antes había dado vista a un ciego con su saliva (Jn 9,6). (Del bien de la paciencia, 7. Año Litúrgico Patrístico -2-, P. Manuel Garrido. O. S. B. Fund. Gratis Date)
San Ambrosio «…Cristo es todo para nosotros. Si deseas curarte una herida, El es el médico; si ardes de fiebre, El es el manantial que reanima; si te abruma la culpa, El es la justificación; si necesitas ayuda, El es la fuerza; si temes la muerte, El es la vida; si deseas el Cielo, El es el camino; si huyes de las tinieblas, El es la luz; si necesitas alimento, El es la comida» (La Virginidad, XVI; PL 16, 291).
S. Gregorio de Nisa, El que asciende no deja nunca de ir de comienzo en comienzo, mediante comienzos que no tienen fin. Jamás el que asciende deja de desear lo que ya conoce (hom. in Cat. 8)»
San Juan Crisóstomo «De ahí aprendemos una gran verdad, y es que no basta la voluntad del hombre, si no nos asiste la ayuda de lo alto» (In Matthaeum 82,4).
S. Agustín, “¡Oh Cristo, Hijo de Dios, si no quisieses no padecerías! ¡Muéstranos el fruto de tu Pasión!”
S. Andrés de Creta, « No echemos delante de Él ni ramas de olivo, ni tapices o vestidos; derramémonos nosotros mismos al máximo posible» (San Andrés de Creta, obispo).
Santo Tomás de Aquino, «En la pasión de Cristo encontramos remedio para todos los males en los que incurrimos por nuestros pecados» (Expositio in Credum 4,919).
Maestro Eckhart “Quien quiera ver a Dios tiene que ser ciego” (Sermón 72).
Dhu-l-Nun, “Sea lo que sea que os imagináis, Dios es justo lo contrario” (místico sufí egipcio, siglo IX).
Sta. Rosa de Lima, Fuera de la Cruz no hay otra escala por donde subir al cielo (vida)
Ángelus Silesius: “¡Empieza a florecer, cristiano congelado!” “La primavera está al alcance de la mano. ¿Cuándo florecerás si no es aquí y ahora?”
Simone Weil “El Reino de Dios significa la eliminación de toda forma de violencia entre los individuos y las naciones”.
Catecismo 439 Numerosos judíos e incluso ciertos paganos que compartían su esperanza reconocieron en Jesús los rasgos fundamentales del mesiánico «hijo de David» prometido por Dios a Israel (cf. Mt 2,2Mt 9,27Mt 12,23Mt 15,22Mt 20,30Mt 21,9Mt 21,15). Jesús aceptó el título de Mesías al cual tenía derecho (cf. Jn 4,25-26Jn 11Jn 27), pero no sin reservas porque una parte de sus contemporáneos lo comprendían según una concepción demasiado humana (cf. Mt 22,41-46), esencialmente política (cf. Jn 6,15Lc 24,21).
La subida de Jesús a Jerusalén
557 «Como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén» (Lc 9, 51; cf. Jn 13, 1). Por esta decisión, manifestaba que subía a Jerusalén dispuesto a morir. En tres ocasiones había repetido el anuncio de su Pasión y de su Resurrección (cf. Mc 8, 31-33; 9, 31-32; 10, 32-34). Al dirigirse a Jerusalén dice: «No cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén» (Lc 13, 33).
558 Jesús recuerda el martirio de los profetas que habían sido muertos en Jerusalén (cf. Mt 23, 37a). Sin embargo, persiste en llamar a Jerusalén a reunirse en torno a él: «¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas y no habéis querido!» (Mt 23, 37b). Cuando está a la vista de Jerusalén, llora sobre ella (cf. Lc 19, 41) y expresa una vez más el deseo de su corazón:» «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! pero ahora está oculto a tus ojos» (Lc 19, 41-42).
La entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén
559 ¿Cómo va a acoger Jerusalén a su Mesías? Jesús rehuyó siempre las tentativas populares de hacerle rey (cf. Jn 6, 15), pero elige el momento y prepara los detalles de su entrada mesiánica en la ciudad de «David, su padre» (Lc 1,32; cf. Mt 21, 1-11). Es aclamado como hijo de David, el que trae la salvación («Hosanna» quiere decir «¡sálvanos!», «Danos la salvación!»). Pues bien, el «Rey de la Gloria» (Sal 24, 7-10) entra en su ciudad «montado en un asno» (Za 9, 9): no conquista a la hija de Sión, figura de su Iglesia, ni por la astucia ni por la violencia, sino por la humildad que da testimonio de la Verdad (cf. Jn 18, 37). Por eso los súbditos de su Reino, aquel día fueron los niños (cf. Mt 21, 15-16; Sal 8, 3) y los «pobres de Dios», que le aclamaban como los ángeles lo anunciaron a los pastores (cf. Lc 19, 38; 2, 14). Su aclamación «Bendito el que viene en el nombre del Señor» (Sal 118, 26), ha sido recogida por la Iglesia en el Sanctus de la liturgia eucarística para introducir al memorial de la Pascua del Señor.
560 La entrada de Jesús en Jerusalén manifiesta la venida del Reino que el Rey-Mesías llevará a cabo mediante la Pascua de su Muerte y de su Resurrección. Con su celebración, el domingo de Ramos, la liturgia de la Iglesia abre la gran Semana Santa.
2816 En el Nuevo Testamento, la palabra basileia se puede traducir por realeza (nombre abstracto), reino (nombre concreto) o reinado (de reinar, nombre de acción). El Reino de Dios es para nosotros lo más importante. Se aproxima en el Verbo encarnado, se anuncia a través de todo el Evangelio, llega en la muerte y la Resurrección de Cristo. El Reino de Dios adviene en la Última Cena y por la Eucaristía está entre nosotros. El Reino de Dios llegará en la gloria cuando Jesucristo lo devuelva a su Padre:
«Incluso […] puede ser que el Reino de Dios signifique Cristo en persona, al cual llamamos con nuestras voces todos los días y de quien queremos apresurar su advenimiento por nuestra espera. Como es nuestra Resurrección porque resucitamos en él, puede ser también el Reino de Dios porque en él reinaremos» (San Cipriano de Cartago, De dominica Oratione, 13).
San Juan Pablo II Quien cree en Jesús crucificado y resucitado lleva la cruz en triunfo, como prueba indudable de que Dios es amor.(Homilía domingo 24 de marzo de 2002)
Benedicto XVI Manifestemos al Señor nuestro deseo de llegar a ser justos y le pedimos: ¡Llévanos Tú hacia lo alto! ¡Haznos puros! (Homilía del Papa en la Plaza de San Pedro el domingo 17 de abril de 2011)
Papa Francisco,¿Quién soy yo ante Jesús? (13-04-2014)
Papa León XIV: Dios, abrazando la Cruz para nuestra salvación, la transformó de medio de muerte a instrumento de vida, enseñándonos que nada puede separarnos de Él ().
Quiercy «no hay, ni hubo ni habrá hombre alguno por quien no haya padecido Cristo» (Cc en el año 853: DS 624).
Soren Kierkegaard- “Nuestro tiempo morirá, no por el pecado, sino por la falta de pasión”
Pascal: «Cristo está en agonía, en el huerto de los olivos, hasta el fin del mundo. No hay que dejarle solo en todo este tiempo».
Cardenal Robert Sarah, «El ruido ha adquirido la nobleza que antes poseía el silencio» La fuerza del silencio, 42
Nicolas Boileau Quien se contenta con nada lo posee todo.
CONTO
LA OTRA MEJILLA
Existía un monasterio que estaba ubicado en lo alto de la montaña. Sus monjes eran pobres, pero conservaban en una vitrina tres manuscritos antiguos, muy piadosos. Vivían de su esforzado trabajo rural y fundamentalmente de las limosnas que les dejaban los fieles curiosos que se acercaban a conocer los tres rollos, únicos en el mundo. Eran viejos papiros, con fama universal de importantes y profundos pensamientos.
En cierta oportunidad un ladrón robó dos rollos y se fugó por la ladera. Los monjes avisaron con rapidez al abad. El superior, como un rayo, buscó la parte que había quedado y con todas sus fuerzas corrió tras el agresor y lo alcanzó:
«¿Qué has hecho? Me has dejado con un solo rollo. No me sirve. Nadie va a venir a leer un mensaje que está incompleto. Tampoco tiene valor lo que me robaste. O me das lo que es del templo o te llevas también este texto. Así tienes la obra completa.» «Padre, estoy desesperado, necesito urgente hacer dinero con estos escritos santos». El abad le dijo «Bueno, toma el tercer rollo. Si no se va a perder en el mundo algo muy valioso. Véndelo bien. Estamos en paz.» y lo dejó ir con el tesoro.
Los monjes no llegaron a comprender la actitud del abad. Estimaron que se había comportado débil con el rapaz, y que era el monasterio el que había perdido.
Pero guardaron silencio, y todos dieron por terminado el episodio.
Cuenta la historia que a la semana, el ladrón regresó. Pidió hablar con el Padre Superior: » Aquí están los tres rollos, no son míos. Los devuelvo. Te pido en cambio que me permitas ingresar como monje. Cuando me alcanzaste, todo me esperaba menos que tuvieras la generosidad como para darme el tercer rollo, la confianza en mí como para creer el valor de mi necesidad y que todavía me dijeras que estábamos en paz, perdonándome con mucha sinceridad. Eso me ha hecho cambiar. Mi vida se ha transformado».
Nunca ese hombre, había sentido la grandeza del perdón, la presencia de la generosidad excelente. El abad recuperó los tres manuscritos para beneficio del monasterio, ahora mucho más concurrido por la leyenda del robo y del resarcimiento. Y además consiguió un monje trabajador y de una honestidad a toda prueba.
El agresor espera agresión, no una respuesta creativa, inesperada, insólita. No sospecha, la conmoción, del poder incalculable de poner la otra mejilla.
Tomado de www.corazones.org
ANÉCDOTA
HOSANNA
Propiamente significa: Dios es propicio. Pero también puede entenderse como exclamación de alegría y de homenaje.
Tomado de W. Trilling
“HOSANNA”
Quienes van delante y detrás de Jesús van haciendo aclamaciones tomadas del Salmo 118,25-26, al cual le agregan el título “Hijo de David”. La expresión “Hosanna” corresponde al imperativo hebreo: “Sálvanos” (en realidad son dos palabras: hȏšî„â – nā, que significan “salva ahora” o “salva, (nosotros) pedimos”. En 2 Reyes 6,26 se dice que “pasaba el rey de Israel por la muralla cuando una mujer clamó a él diciendo: ¡Sálvame, rey mi Señor!”. Sin embargo, el uso del término en este caso no connota súplica sino alabanza, como ocurre en Lc 19,37-38 y en textos de la primitiva Iglesia como la Didajé 10,6.
En nuestro pasaje de Mateo, a diferencia de Marcos –quien no coloca después el „Hosanna‟ el título de „Hijo de David‟-, se establece una conexión estrecha entre el clamor por la salvación y el reconocimiento de Jesús como Mesías davídico. Según Mateo, Jesús no entra en Jerusalén como el Hijo de Dios ni como el Hijo del hombre, sino como el “Hijo de David” (ver 20,30)
Tomado de Padre Fidel Oñoro CJM
CONCIENCIA DE JESÚS DE QUE VA A LA PASIÓN
En Marcos, el relato comienza con la confabulación de las autoridades para matar a Jesús. Sin embargo, Mateo introduce unas palabras del Señor que demuestran su conocimiento de lo que va a ocurrir. Este detalle es fundamental para comprender el sentido de la pasión y muerte de Jesús. No se trata de algo que a Jesús le ocurre sin darse cuenta. Es consciente de lo que va a pasar. Ya lo había anunciado a lo largo de su vida. Ahora lo afirma una vez más, cuando están cerca los acontecimientos.
Al mismo tiempo, estas palabras suponen en Jesús una decisión de aceptar su destino. En casos normales, cualquier persona que sabe que le va a ocurrir una desgracia hace lo posible por evitarla. Jesús, no. Se limita a constatarla. Curiosamente, las palabras que Mateo le pone en la boca no hablan de resurrección ni descienden a detalles. Se centran en lo esencial: la muerte de cruz.
Tomado de J.L.Sicre
EL SANEDRÍN
Antes de entrar en el juicio diré algo a propósito del Sanedrín. En tiempos de Jesús estaba formado por tres grupos
• los ancianos (que representaban la aristocracia laica),
• los sumos sacerdotes (antiguos sumos sacerdotes y sus familias) y
• los escribas (pertenecientes la mayoría de las veces al partido fariseo).
Su número de miembros era 71. Su autoridad en tiempos de Jesús estaba limitada a los once distritos de Judea propiamente dicha.
Competencias.
El Sanedrín era el foro competente para tomar decisiones judiciales y medidas administrativas de todo orden, excepto lo que fuera competencia de los tribunales inferiores o estuviera reservado al gobernador romano. El Sanedrín era ante todo el tribunal competente para decidir en última instancia sobre cuestiones relacionadas con la ley judía. En los casos en los que los tribunales inferiores no llegaban a un acuerdo, las personas afectadas podían acudir al Sanedrín de Jerusalén.
A pesar del dominio romano, el Sanedrín conservaba un grado notable de independencia. No sólo ejercía la jurisprudencia civil conforme a la ley judía, sino que participaba también en grado notable en la administración de la justicia criminal. Contaba con una fuerza independiente de policía y consecuentemente con el derecho a practicar detenciones. Podía juzgar así mismo casos no capitales.
Es objeto de debate si era competente para ordenar la ejecución de sentencias capitales prescritas por la ley judía sin que fueran confirmadas sus sentencias por el gobernador romano. La más seria restricción que sobre él pesaba consistía en que en determinados momentos podían tomar la iniciativa las autoridades romanas y actuar independientemente.
Las sesiones.
Los días festivos no había sesión, y mucho menos en sábado. Dado que en los casos criminales no podía dictarse sentencia hasta el día siguiente al del juicio, tales casos no se juzgaban en víspera de sábado o de día festivo. No es posible determinar que todos estos detalles de la Misná se remonten a tiempos de Jesús. Los juicios sólo podían celebrarse durante las horas del día (por consiguiente, la de Jesús debió de ser una investigación preliminar).
Los miembros se sentaban en semicírculo. Delante de ellos se situaban los dos secretarios del tribunal, uno a la derecha y otro a la izquierda. Frente a los jueces había tres filas de estudiantes. El acusado debía adoptar una postura humilde, llevar el cabello suelto y vestir ropas de color negro.
En casos que pudieran implicar la pena de muerte estaban prescritas formas especiales. Se debía iniciar la vista con el argumento de la defensa, al que seguía el alegato de la acusación. Nadie que hubiera hablado a favor del acusado podía pronunciarse luego en su contra, pero lo contrario estaba permitido. Los estudiantes podían hablar a favor, pero no en contra del acusado.
Las sentencias absolutorias debían pronunciarse el mismo día en que se celebraba el juicio, pero las condenatorias tenían que diferirse hasta el día siguiente. Los votos empezaban por el miembro más joven del tribunal, mientras que en algunos casos que no implicaban la pena de muerte, la norma era que la votación empezara por el miembro más experimentado.
La mayoría simple era suficiente para una sentencia absolutoria; para una sentencia condenatoria se requería una mayoría de dos por lo menos. Cuando doce votaban en favor y once en contra, el acusado quedaba libre. Doce en contra y once a favor, había que aumentar el número de jueces en dos más, hasta que se llegaba al número de votos necesarios para la absolución o la condena. El máximo de jueces al que podía llegarse era de 71.
Tomado de J.L.Sicre
DÍA 10 DE NISÁN,
Cinco días antes de la pascua, coincidiendo con nuestro domingo de Ramos, según venerable tradición litúrgica y eclesiástica. La hora no se precisa en ninguno de los Evangelios: de Μc. 11, 11, se colige que tuvo lugar por la tarde, durando probablemente algunas horas. Los cuatro Evangelios concurren a esta narración, ofreciendo cada uno de ellos diversas particularidades: el conjunto nos da animadísimo cuadro que reproduce aquel hecho trascendental de la vida de Jesús. Ya se ha notado en otro lugar (νοl. I, pág. 218) el simbolismo de esta entrada triunfal de Jesús en Jerusalén: es la designación y preparación festiνa del Cordero, que tenía lugar cinco días antes de la Pascua; Jesús, el Cordero de Dios, es aquel día designado como víctima para la redención del mundo. Es, además, este triunfo, que tiene lugar el primer día de la semana, preludio del triunfo definitivo de Jesús sobre la muerte, que tendrá lugar el mismo día de la semana siguiente.
Tomado de Isidro Gomá y Tomás
SU CABEZA CAE
En una capilla vecina a la catedral de Perpignan, en el sur de Francia, desde hace siglos se venera la figura de un Crucificado. Nadie sabe quién talló esa obra maestra, ni su procedencia. Pero durante siglos ha atraído a muchos peregrinos que ven en esa tremenda imagen de dolor, el Siervo Sufriente de Isaías, el Mesías Destrozado del Salmo 21. Tiene la cabeza profundamente inclinada y una leyenda sobre él dice que cada año su cabeza cae una fracción de centímetro hacia el pecho. Los catalanes dicen que, cuando el mentón descanse finalmente sobre el pecho, será el fin de nuestro mundo… Pero para ese momento el último de los elegidos habrá sido lavado por su Sangre.
Miguel Ángel Fuentes i.V.E.
“I.N.R.I. Jesús Nazareno rey de los judíos”. Ediciones del Verbo Encarnado, Pág.(101-106)
REY ENRIQUE DE BAVIERA.
Estaba cansado de las maquinaciones de la corte real y decidió que quería pasar sus últimos años en un monasterio. Se le acercó al abad Ricardo con el pedido. El padre Ricardo le explico el horario exacto de oración y trabajo. El Rey Enrique escucho y dijo que aceptaría esa disciplina. Entonces el abad le dijo que tendría que prometer obediencia completa al superior. El Rey Enrique dijo, si, obedecería el superior. «Pues,» le dijo el abad Ricardo, «Vuelve a tu trono y cumplir su deber en el puesto que Dios te ha asignado.» El rey obedeció y llego a ser uno de los gobernantes más justos de Europa. Después de su muerte, la gente pidió su canonización. El rey que aprendió obediencia a la voluntad del Padre ya es conocido como San Enrique de Baviera.
Tomado de P. Felipe Bloom
ALEJANDRO MAGNO
Cuentan que un día salió al encuentro de Alejandro Magno un pordiosero, pidiendo una limosna. Alejandro se detuvo y mandó que le hicieran señor de cinco ciudades. El pobre, confuso y aturdido, exclamó: ¡yo no pedía tanto! Y Alejandro repuso: tú has pedido como quien eres; yo te doy como quien soy
J. Escriva De Balaguer, Es Cristo que pasa,160.
HUMOR
¿Cuál es el hombre más manso del mundo? …
El hijo de Superman,
Supermansito.
Tomado de Anecdonet
POEMA
SILENCIO,
«Éntrate en la verdad de tu nada y de nada te inquietarás… Oh, ¡qué tesoro descubrirás si haces de la nada tu morada!… Si estás encerrado en la nada, adonde no llegan los golpes de las adversidades, nada te dará pena, nada te inquietará. Por aquí has de llegar al señorío de ti mismo, porque solo en la nada reina el perfecto y verdadero dominio».
Miguel de Molinos
ORACIÓN
VIVIR Y MORIR CON PASIÓN
Montado en un borrico entras en Jerusalén.
Vienes de enseñarnos la pasión de vivir
y ahora nos vas a demostrar la pasión de morir…
Todo Tú, Jesús, eres una lección de vida.
Nos vas marcando el camino,
nos vas dejando las huellas de cómo hemos
de vivir, de cómo ser felices.
de cómo hacer posible ese cielo nuevo
y esa tierra nueva que Tú nos propones.
Entras en borrico, vehículo ridículo para nosotros.
Siempre elegías lo más pequeño,
todo lo contrario de lo que nos suele gustar
a nosotros, que cuidamos la imagen,
que queremos parecer más de lo que somos,
que nos gusta ser valorados y aparentar.
Vienes de una vida sencilla
y atrevida al mismo tiempo.
No te has guardado nada para Ti, has dicho
todo lo que tenías que decir,
has dado mil lecciones con palabras sencillas,
con cuentos, con historias
que hablaban del amor, de la igualdad,
de la sencillez, del dejarse cuidar por Ti.
Has querido a la gente hasta el extremo,
has adivinado el dolor de cada uno
y el peso de sus vidas.
Has vivido rodeado de amigos y seguidores
y ahora… todos te abandonan.
Tú entras triunfal en el borrico,
sabiendo lo que te espera,
dispuesto a cumplir la voluntad de tu Padre.
Contigo sabemos que LA VIDA, la verdadera
vida, no nos la pueden quitar,
sólo nos pueden robar el poder, el prestigio,
el dinero, la salud y la vida física,
pero la buena vida, la vida en abundancia,
esa no nos la puede quitar nadie
si nos sentimos habitados por Ti y hacemos
las cosas contigo y a tu manera.
Jesús, eres el mejor maestro del morir
y del vivir, del amar y del perdonar.
Jesús, estar cerca de Ti nos hace sabios,
nos hace fuertes, nos hace inmortales.
Cuando no podamos con nuestros cálices,
o con los de los hermanos,
envuélvenos en tu pasión de vivir y morir,
mas no se haga nuestra voluntad,
sino la tuya… siempre.
Mari Patxi Ayerra
MEDITACIÓN
¿QUIÉN SOY YO ANTE JESÚS QUE SUFRE?
Hemos oído muchos nombres, tantos nombres. El grupo de dirigentes religiosos, algunos sacerdotes, algunos fariseos, algunos maestros de la ley, que habían decidido matarlo. Estaban esperando la oportunidad de apresarlo. ¿Soy yo como uno de ellos?
También hemos oído otro nombre: Judas. Treinta monedas. ¿Yo soy como Judas? Hemos escuchado otros nombres: los discípulos que no entendían nada, que se durmieron mientras el Señor sufría. Mi vida, ¿está adormecida? ¿O soy como los discípulos, que no entendían lo que significaba traicionar a Jesús? ¿O como aquel otro discípulo que quería resolverlo todo con la espada? ¿Soy yo como ellos? ¿Soy yo como Judas, que finge amar y besa al Maestro para entregarlo, para traicionarlo? ¿Soy yo, un traidor? ¿Soy como aquellos dirigentes que organizan a toda prisa un tribunal y buscan falsos testigos? ¿Soy como ellos? Y cuando hago esto, si lo hago, ¿creo que de este modo salvo al pueblo?
¿Soy yo como Pilato? Cuando veo que la situación se pone difícil, ¿me lavo las manos y no sé asumir mi responsabilidad, dejando que condenen – o condenando yo mismo – a las personas?
¿Soy yo como aquel gentío que no sabía bien si se trataba de una reunión religiosa, de un juicio o de un circo, y que elige a Barrabás? Para ellos da igual: era más divertido, para humillar a Jesús.
¿Soy como los soldados que golpean al Señor, le escupen, lo insultan, se divierten humillando al Señor?
¿Soy como el Cireneo, que volvía del trabajo, cansado, pero que tuvo la buena voluntad de ayudar al Señor a llevar la cruz?
¿Soy como aquellos que pasaban ante la cruz y se burlaban de Jesús : «¡Él era tan valiente!… Que baje de la cruz y creeremos en él»? Mofarse de Jesús…
¿Soy yo como aquellas mujeres valientes, y como la Madre de Jesús, que estaban allí y sufrían en silencio?
¿Soy como José, el discípulo escondido, que lleva el cuerpo de Jesús con amor para enterrarlo?
¿Soy como las dos Marías que permanecen ante el sepulcro llorando y rezando?
¿Soy como aquellos jefes que al día siguiente fueron a Pilato para decirle: «Mira que éste ha dicho que resucitaría. Que no haya otro engaño», y bloquean la vida, bloquean el sepulcro para defender la doctrina, para que no salte fuera la vida?
¿Dónde está mi corazón? ¿A cuál de estas personas me parezco? Que esta pregunta nos acompañe durante toda la semana.
Francisco, papa (13-04-2014)
CANTO
Jon Carlo – Viene el Rey
(Tú) El Único Rey – una voz | Hakuna
¡Bendito el que viene! , Nico Montero
VIDEO
Equipo Quiero Ver: Hosanna, crucifícalo