CITA
« «Dime cómo es tu Dios
y te diré qué es para ti el ser humano».
« La plenitud de la verdad es estar Unidos, porque nos amamos, en UNO al que amamos»
S.Son
« ¡Quién lo diría!… Tu “juguetona” Sabiduría es la Garantía »
S.Son
« ¡Dame capacidad para entender Unidad sin igualdad »
S.Son
« Guíame Santo Espíritu a vivir la vida de Cristo que es Dios »
S.Son
« Trinidad es el misterio de Amor de cómo no pararás hasta llevarnos a Ti »
S.Son
« Ante TI me moriré de amor para Vivir en el AMOR »
S.Son
« Dios no juega con nosotros, juega con su Sabiduría »
S.Son
Salomón “En corazón inteligente descansa la sabiduría, en el corazón de los necios no es conocida”
San Ireneo de Lyon Hay un solo Dios Padre, un solo Verbo, el Hijo, y un solo Espíritu, como hay también una sola salvación para todos los que creen en El (Tratado contra las herejfas, libro 4).
S. Hilario, El Don de Cristo está todo entero a nuestra disposición y se halla en todas partes, pero se da a proporción del deseo y de los méritos de cada uno. Tratado sobre la Santísima Trinidad Libro 2, 1, 33. 35: PL 10, 50-51. 73-75 – Liturgia de las Horas, Viernes VII Pascua (Par)
San Atanasio, Toda gracia o don que se nos da en la Trinidad se nos da por el Padre, a traves del Hijo, en el Espíritu Santo (Carta I a Serapion).
S. Agustín, «Ves la Trinidad si ves el amor». (De Trinitate, VIII, 8, 12)
Si lo entiendes no es Dios ()
«Se habla de Tres Personas, por decir algo y no quedarse callados».
Busquemos para encontrar, encontremos para buscar más y más (Trat. sobre la Trinidad,9).
Cuando lleguemos a tu presencia, cesarán estas muchas cosas que ahora hablamos sin entenderlas, y Tú permanecerás todo en todos. (Sobre la Trinidad, XV; 28)
«Allí descansaremos y veremos, veremos y amaremos, amaremos y alabaremos; tal será el fin sin fin».
San León Magno, «¡Conoce, oh cristiano, tu dignidad!»
Simeón el Nuevo Teólogo, La «llave del conocimiento»(Lc 11,52) no es otra cosa que la gracia del Espíritu Santo. Se da por la fe. Por la iluminación, produce realmente el conocimiento y hasta el conocimiento pleno. Catequesis n. 33: SC 113.
San Bernardo de Claraval: Fíate enteramente de Dios, encomiéndate a El, descarga en su providencia todos los cuidados, y El te sustentará, de modo que confiadamente puedas decir: el Señor anda solicito por mi (Sal 39,18) (Hom. en la Natividad de la B. Virgen Maria,5).
Maestro Eckhart «Hablando en hipérbole, cuando el Padre ríe al Hijo, y el Hijo le responde riendo al Padre, esa risa causa placer, ese placer causa gozo, ese gozo engendra amor, y ese amor da origen a las personas de la Trinidad, una de las cuales es el Espíritu Santo».
Santa Catalina de Siena “«En tu naturaleza, deidad eterna, conoceré mi naturaleza».
Tu, Trinidad eterna, eres como un mar profundo, en el que cuanto mas busco mas encuentro, y cuanto mas encuentro mas te busco. Tu sacias al alma de una manera en cierto modo insaciable, ya que siempre queda con hambre y apetito, deseando con avidez que tu luz nos haga ver la luz, que eres tu misma (Dialogo sobre la Divina Providencia, cap. 167).
Santa Teresa de Jesús: “Estando una vez rezando el “Quicumque vult”, se me dio a entender la manera cómo era un solo Dios y tres Personas tan claro, que yo me espanté y me consolé mucho. Hízome grandísimo provecho para conocer más la grandeza de Dios y sus maravillas, y para cuando o pienso o se trata de la Santísima Trinidad, parece entiendo cómo puede ser, y esme mucho contento”. ( “Vida”)
San Juan de la Cruz «Quedéme y olvidéme, / El rostro recliné sobre el Amado, / Cesó todo y dejéme, / Dejando mi cuidado / Entre las azucenas olvidado».
“Qué bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche. Su origen no lo sé pues no lo tiene, más sé que todo origen de ella viene”.
Santa Teresita del Niño Jesús Encontró a Teresa de Lisieux una hermana en su celda cosiendo, con el rostro cuajado de lágrimas, y le preguntó cuál era la causa de aquellas lágrimas. -«Es tan dulce llamar a Dios «Padre», contestó la Santa, que estaba experimentando inefablemente la emoción de la paternidad de Dios Padre.
Santa Isabel de la Trinidad “Sumerjámonos en esta trinidad Santa, en este Dios todo amor. Dejémonos transportar hacia aquellas regiones donde no está sino Él, sólo Él”
“Oh mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad en que me pierdo… Sumérgete en mí para que yo me sumerja en Ti, hasta que vaya a contemplar en tu Luz el abismo de tus grandezas”.
«Dios mío, Trinidad a quien adoro… pacifica mi alma. Haz de ella tu cielo, tu morada amada y el lugar de tu reposo. Que yo no te deje jamás solo en ella, sino que yo esté allí enteramente, totalmente despierta en mi fe, en adoración, entregada sin reservas a tu acción creadora» ().
San Josemaría Escriva de Balaguer, “No estamos destinados a una felicidad cualquier, porque hemos sido llamados a penetrar en la intimidad divina, a conocer y amar a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo y, en la Trinidad y en la Unidad de Dios, a todos los ángeles y a todos los hombres” (Es Cristo que pasa, n. 133).
El amor de la Trinidad a los hombres hace que, de la presencia de Cristo en la Eucaristia, nazcan para la Iglesia y para la humanidad todas las gracias (Es Cristo que pasa,86).
Concilio Vaticano II: El Espíritu Santo, como ha recordado el Concilio Vaticano II, protege al cristiano del error, haciéndole discernir lo que es genuino de lo que es falso. (cf. Lumen gentium, 12)
A la autoridad de la Iglesia, compete «ante todo no sofocar el Espíritu, sino probarlo todo y retener lo que es bueno (cf. 1 Ts 5, 12 y 19-21)». (cf. Lumen gentium, 12)
El Espíritu de la Verdad actúa en nuestro corazón suscitando el «sentido de la fe» (sensus fidei) a través del cual, como afirma el Concilio Vaticano II, el Pueblo de Dios, bajo la guía del Magisterio, se adhiere indefectiblemente a la fe transmitida, la profundiza con recto juicio y la aplica más plenamente en la vida (cf. Const. dogm. Lumen gentium, 12).
«Quiso Dios, con su bondad y sabiduría, revelarse a Sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad» (Dei Verbum 2).
Catecismo, 234 El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la «jerarquía de las verdades de fe» (DCG 43). «Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela a los hombres, los aparta del pecado y los reconcilia y une consigo» (DCG 47).
235 En este párrafo, se expondrá brevemente de qué manera es revelado el misterio de la Bienaventurada Trinidad (I), cómo la Iglesia ha formulado la doctrina de la fe sobre este misterio (II), y finalmente cómo, por las misiones divinas del Hijo y del Espíritu Santo, Dios Padre realiza su «designio amoroso» de creación, de redención, y de santificación (III).
236 Los Padres de la Iglesia distinguen entre la Theologia y la Oikonomia, designando con el primer término el misterio de la vida íntima del Dios-Trinidad, con el segundo todas las obras de Dios por las que se revela y comunica su vida. Por la Oikonomia nos es revelada la Theologia; pero inversamente, es la Theologia, la que esclarece toda la Oikonomia. Las obras de Dios revelan quién es en sí mismo; e inversamente, el misterio de su Ser íntimo ilumina la inteligencia de todas sus obras. Así sucede, analógicamente, entre las personas humanas. La persona se muestra en su obrar y a medida que conocemos mejor a una persona, mejor comprendemos su obrar.
237 La Trinidad es un misterio de fe en sentido estricto, uno de los misterios escondidos en Dios, «que no pueden ser conocidos si no son revelados desde lo alto» (Concilio Vaticano I: DS 3015). Dios, ciertamente, ha dejado huellas de su ser trinitario en su obra de Creación y en su Revelación a lo largo del Antiguo Testamento. Pero la intimidad de su Ser como Trinidad Santa constituye un misterio inaccesible a la sola razón e incluso a la fe de Israel antes de la Encarnación del Hijo de Dios y el envío del Espíritu Santo.
El Padre revelado por el Hijo
238 La invocación de Dios como «Padre» es conocida en muchas religiones. La divinidad es con frecuencia considerada como «padre de los dioses y de los hombres». En Israel, Dios es llamado Padre en cuanto Creador del mundo. Pues aún más, es Padre en razón de la alianza y del don de la Ley a Israel, su «primogénito» (Ex 4,22). Es llamado también Padre del rey de Israel. Es muy especialmente «el Padre de los pobres», del huérfano y de la viuda, que están bajo su protección amorosa.
239 Al designar a Dios con el nombre de «Padre», el lenguaje de la fe indica principalmente dos aspectos: que Dios es origen primero de todo y autoridad trascendente y que es al mismo tiempo bondad y solicitud amorosa para todos sus hijos. Esta ternura paternal de Dios puede ser expresada también mediante la imagen de la maternidad que indica más expresivamente la inmanencia de Dios, la intimidad entre Dios y su criatura. El lenguaje de la fe se sirve así de la experiencia humana de los padres que son en cierta manera los primeros representantes de Dios para el hombre. Pero esta experiencia dice también que los padres humanos son falibles y que pueden desfigurar la imagen de la paternidad y de la maternidad. Conviene recordar, entonces, que Dios trasciende la distinción humana de los sexos. No es hombre ni mujer, es Dios. Trasciende también la paternidad y la maternidad humanas, aunque sea su origen y medida: Nadie es padre como lo es Dios.
240 Jesús ha revelado que Dios es «Padre» en un sentido nuevo: no lo es sólo en cuanto Creador, es eternamente Padre en relación a su Hijo Único, que recíprocamente sólo es Hijo en relación a su Padre: «Nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Mt 11,27).
241 Por eso los apóstoles confiesan a Jesús como «el Verbo que en el principio estaba junto a Dios y que era Dios» (Jn 1,1), como «la imagen del Dios invisible» (Col 1,15), como «el resplandor de su gloria y la impronta de su esencia» (Hb 1,3).
242 Después de ellos, siguiendo la tradición apostólica, la Iglesia confesó en el año 325 en el primer Concilio Ecuménico de Nicea que el Hijo es «consubstancial» al Padre, es decir, un solo Dios con él. El segundo Concilio Ecuménico, reunido en Constantinopla en el año 381, conservó esta expresión en su formulación del Credo de Nicea y confesó «al Hijo Único de Dios, engendrado del Padre antes de todos los siglos, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, consubstancial al Padre».
El Padre y el Hijo revelados por el Espíritu
243 Antes de su Pascua, Jesús anuncia el envío de «otro Paráclito» (Defensor), el Espíritu Santo. Este, que actuó ya en la Creación y «por los profetas» (Credo de Nicea-Constantinopla), estará ahora junto a los discípulos y en ellos, para enseñarles y conducirlos «hasta la verdad completa» (Jn 16,13). El Espíritu Santo es revelado así como otra persona divina con relación a Jesús y al Padre.
244 El origen eterno del Espíritu se revela en su misión temporal. El Espíritu Santo es enviado a los apóstoles y a la Iglesia tanto por el Padre en nombre del Hijo, como por el Hijo en persona, una vez que vuelve junto al Padre. El envío de la persona del Espíritu tras la glorificación de Jesús, revela en plenitud el misterio de la Santísima Trinidad.
245 La fe apostólica relativa al Espíritu fue confesada por el segundo Concilio Ecuménico en el año 381 en Constantinopla: «Creemos en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre». La Iglesia reconoce así al Padre como «la fuente y el origen de toda la divinidad». Sin embargo, el origen eterno del Espíritu Santo está en conexión con el del Hijo: «El Espíritu Santo, que es la tercera persona de la Trinidad, es Dios, uno e igual al Padre y al Hijo, de la misma substancia y también de la misma naturaleza. Por eso, no se dice que es sólo el Espíritu del Padre, sino a la vez el Espíritu del Padre y del Hijo». El Credo del Concilio de Constantinopla (año 381) confiesa: «Con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria».
246 La tradición latina del Credo confiesa que el Espíritu «procede del Padre y del Hijo (Filioque)». El Concilio de Florencia, en el año 1438, explicita: «El Espíritu Santo tiene su esencia y su ser a la vez del Padre y del Hijo y procede eternamente tanto del Uno como del Otro como de un solo Principio y por una sola espiración… Y porque todo lo que pertenece al Padre, el Padre lo dio a su Hijo único, al engendrarlo, a excepción de su ser de Padre, esta procesión misma del Espíritu Santo a partir del Hijo, éste la tiene eternamente de su Padre que lo engendró eternamente».
247 La afirmación del Filioque no figuraba en el símbolo confesado el año 381 en Constantinopla. Pero sobre la base de una antigua tradición latina y alejandrina, el Papa san León la había ya confesado dogmáticamente el año 447 antes incluso que Roma conociese y recibiese el año 451, en el Concilio de Calcedonia, el símbolo del 381. El uso de esta fórmula en el Credo fue poco a poco admitido en la liturgia latina (entre los siglos VIII y XI). La introducción del Filioque en el Símbolo de Nicea-Constantinopla por la liturgia latina constituye, todavía hoy, un motivo de no convergencia con las Iglesias ortodoxas.
248 La tradición oriental expresa en primer lugar el carácter de origen primero del Padre por relación al Espíritu Santo. Al confesar al Espíritu como «salido del Padre» (Jn 15,26), esa tradición afirma que éste procede del Padre por el Hijo. La tradición occidental expresa en primer lugar la comunión consubstancial entre el Padre y el Hijo diciendo que el Espíritu procede del Padre y del Hijo (Filioque). Lo dice «de manera legítima y razonable», porque el orden eterno de las personas divinas en su comunión consubstancial implica que el Padre sea el origen primero del Espíritu en tanto que «principio sin principio», pero también que, en cuanto Padre del Hijo Único, sea con él «el único principio del que procede el Espíritu Santo». Esta legítima complementariedad, si no se desorbita, no afecta a la identidad de la fe en la realidad del mismo misterio confesado.
1702 «La imagen divina está presente en todo hombre. Resplandece en la comunión de las personas, a semejanza de la unión de las personas divinas entre sí».
2615 Más todavía, lo que el Padre nos da cuando nuestra oración está unida a la de Jesús, es «otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad» (Jn 14,16-17). Esta novedad de la oración y de sus condiciones aparece en todo el Discurso de despedida (cf Jn 14,23-26Jn 15,7Jn 15,16Jn 16,13-15Jn 16,23-27). En el Espíritu Santo, la oración cristiana es comunión de amor con el Padre, no solamente por medio de Cristo, sino también en El: «Hasta ahora nada le habéis pedido en mi Nombre. Pedid y recibiréis para que vuestro gozo sea perfecto» (Jn 16,24).
Pío XII: «A este Espíritu de Cristo, como a principio invisible, ha de atribuirse también el que todas las partes del cuerpo estén íntimamente unidas, tanto entre sí como con su excelsa Cabeza, puesto que está todo él en la Cabeza, todo en el Cuerpo, todo en cada uno de los miembros» (Mystici Corporis: DS 3808).
San Pablo VI, «para conocer al hombre, al hombre verdadero, al hombre integral, es necesario conocer a Dios»
San Juan Pablo II (A diferencia del «hombre natural», el «hombre espiritual» (pneumaticòs), está abierto sinceramente al Espíritu Santo y es dócil y fiel a sus inspiraciones (cf. 1 Co 2, 14-16). Por eso tiene habitualmente la capacidad de un juicio recto, bajo la guía de la sabiduría divina. Catequesis: Audiencia General (24-04-1991)
Encíclica Veritatis splendor, La Iglesia, iluminada por las palabras del Maestro, cree que el hombre, hecho a imagen del Creador, redimido con la sangre de Cristo y santificado por la presencia del Espíritu Santo, tiene como fin último de su vida ser “alabanza de la gloria de Dios”, haciendo así que cada una de sus acciones refleje su esplendor (n. 10).
Encíclica Dominum et Vivificantem “El misterio de Cristo en su globalidad exige la fe, ya que ésta introduce oportunamente al hombre en la realidad del misterio revelado. El ‘guiar hasta la verdad completa’ se realiza, pues, en la fe y mediante la fe, lo cual es obra del Espíritu de verdad y fruto de su acción en el hombre. El Espíritu debe ser en esto la guía suprema del hombre y la luz del espíritu humano. Esto sirve para los Apóstoles, testigos oculares, que deben llevar ya a todos los hombres el anuncio de lo que Cristo ‘hizo y enseñó’ y, especialmente, el anuncio de su cruz y de su resurrección. En una perspectiva más amplia esto sirve también para todas las generaciones de discípulos y confesores del Maestro, ya que deberán aceptar con fe y confesar con lealtad el misterio de Dios operante en la historia del hombre, el misterio revelado que explica el sentido definitivo de esa misma historia” (n. 6).
“El Espíritu Santo, consubstancial al Padre y al Hijo en la divinidad, es amor y don (increado), del que deriva como de una fuente (fons vivus) toda dádiva a las criaturas (don creado): la donación de la existencia a todas las cosas mediante la creación; la donación de la gracia a los hombres mediante toda la economía de la salvación” (n. 10).
el “Paráclito”, el Espíritu de la verdad, es el verdadero “Consolador” del hombre. Así es el verdadero Defensor y Abogado. Así es el verdadero Garante del Evangelio en la historia: bajo su acción la Buena Nueva es siempre “la misma” y es siempre “nueva”; y de modo siempre nuevo ilumina el camino del hombre en la perspectiva del cielo con “palabras de vida eterna” (Jn 6, 68). (17-05-1989).
Benedicto XVI «La liturgia nos invita a alabar a Dios no sólo por una maravilla realizada por Él, sino sobre todo por cómo es Él; por la belleza y la bondad de su ser» ()
Papa Francisco, “La Trinidad es el fin último hacia el cual está orientada nuestra peregrinación terrenal. El camino de la vida cristiana es un camino esencialmente trinitario. Todo, en la vida cristiana, gira alrededor del misterio trinitario y se cumple en orden a este misterio infinito. Intentemos, por tanto, mantener siempre elevado el tono de nuestra vida, recordándonos para qué fin, para qué gloria existimos, trabajamos, luchamos, sufrimos. Y a qué inmenso premio estamos llamados… Este misterio abraza toda nuestra vida y todo nuestro ser cristiano”.
Esta es una oración que debemos hacer todos los días: «Espíritu Santo haz que mi corazón se abra a la Palabra de Dios, que mi corazón se abra al bien, que mi corazón se abra a la belleza de Dios todos los días». (13 de diciembre de 2015)
La Santísima Trinidad no es el producto de razonamientos humanos; es el rostro con el que Dios mismo se ha revelado, no desde lo alto de una cátedra, sino caminando con la humanidad. Es justamente Jesús quien nos ha revelado al Padre y quien nos ha prometido el Espíritu Santo. 26 de mayo de 2013
Teilhard de Chardin “Estamos caminando y evolucionando hacia algo superior a nosotros mismos” ()
«Todo lo que asciende, converge».
Mística holandesa del siglo XIII lo suscribió en uno de sus poemas: “Dios y Hombre en un solo amor; así es la Trinidad más allá de todo pensamiento”.
San Luis Scrosoppi, «¡Caridad, caridad!»: esta exclamación brotó de su corazón en el momento de dejar el mundo para ir al cielo.
Kant: «Del dogma de la Trinidad no se puede sacar absolutamente nada práctico».
S. Kierkegaard: «La puerta de la felicidad se abre hacia fuera, y es inútil lanzarse contra ella para forzarla».
A. Camus, «Es imposible ser feliz a solas».
Albert Einstein: “Dios no juega a los dados”, a la que en una ocasión Bohr respondió: “Señor Einstein, ¡deje de decirle a Dios lo que debe hacer!”.
Adrien Nocent En una antiquísima oración de exorcismo, utilizada hoy en el ritual del bautismo, se nos dice que poseemos los «rudimenta gloriae»: poseemos ya los elementos de nuestra propia gloria. Porque en realidad, vivimos ya con la Trinidad en la vida del amor que «ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado». Por la fe se nos ha dado ya la «justificación». «Hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos». Experimentamos, por lo tanto, el amor divino. El año liturgico: celebrar a jc 5 Tiempo ordinario: domingos 22-34 Sal terrae santander 1982.pág. 68-71
Pedro Casaldáliga:
Rainiero Cantalamessa
Pablo D ́Ors,
Cardenal Robert Sarah,
Teilhard de Chardin
H. Kung:
Quique Martínez de la Lama-Noriega,
Javier Gafo
Pagola,
Miguel Ángel Munárriz Casajús de Dios solo conocemos lo que Él nos ha dicho de sí mismo.
Ruiz de Galarreta
Fidel Aizpurúa
Sobrado, .2015.
JP. Sartre decía que: nacemos por casualidad, vivimos por inercia y morimos por accidente?»
Tomás Muro, Ya quisiéramos ateos «como Dios manda»
«Cuando uno cree en el ser, en la vida, en el amor, en la creatividad y en la libertad, en el amor y en el perdón, en la paz, está creyendo en Dios»
Tal vez hoy más que ateos, agnósticos, etc. lo que existe es una frivolidad y ligereza infinitas.
Fray Marcos, La experiencia pascual consistió en llegar a la misma vivencia interna de Dios que tuvo Jesús. Jesús, con su entrega total, intentó hacer partícipes a sus seguidores de esa vivencia.
De Dios no sabemos ni podemos saber absolutamente nada. Ni falta que nos hace,
Enrique Martínez Lozano, Entrégate a él, abandónate… e irás experimentando la paz, la confianza, el amor, el gozo y la unidad que fluyen de él… y que eres en profundidad. No es necesario “pensar” lo Real -que las religiones llaman “Dios”- como un ser separado o un “Tú” para sentir la plenitud.
Pavel Florensjkij: «La Trinidad se ha entendido siempre, y todavía se la entiende así, como el corazón de Rusia: a la hostilidad y el odio reinantes venía a contraponerse el amor recíproco, desbordante del eterno y silencioso coloquio, en la eterna unidad de las esferas eternas».
Xavier Pikaza: «El misterio de la Trinidad nos descifra nuestro propio misterio».
Y. Congar: «Tal vez la mayor desgracia del catolicismo moderno es haberse convertido en teología y catequesis sobre el «en sí» de Dios, sin insistir al mismo tiempo sobre la dimensión que todo ello encierra para el hombre».
K Rahner distinguía entre Trinidad inmanente (Dios en sí) y Trinidad económica (Dios en su “economía” salvífica hacia nosotros). Lo que “Dios sea en sí” (Trinidad inmanente), lo desconocemos completamente. Pero sí sabemos algo de lo que Dios ha hecho por nosotros (Trinidad económica): salvarnos.
Voltaire decía que «Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y el hombre le ha pagado con la misma moneda». Nos ha faltado estar más a la escucha del misterio de Dios, revelado en Jesús, y nos hemos construido un Dios a nuestra imagen y semejanza, hecho sobre nuestros deseos de poseer, acaparar, dominar… E, igualmente, nos hemos olvidado de mirar a Dios para balbucear el misterio del hombre: hemos considerado que lo importante en el hombre es el dinero, la fuerza, la ciencia, el prestigio. Y apenas nos acordamos de que el hombre se asemeja al Dios que es amor cuando vive en el amor, cuando crea lazos, cuando no es un individuo aislado, encerrado en sí mismo, sino cuando intenta vivir la vida de amor que es la misma vida de Dios.
Javier Gafo Por eso tenemos que volver a la risa, al placer, al gozo y al amor de Dios, o al viejo icono ruso, para comprender al hombre y su relación con el mundo. Allí, en nuestra antigua sabiduría podemos encontrar también reflejado el misterio de la Trinidad, el misterio más íntimo de Dios, el misterio del hombre, el mismo misterio del mundo. Dios a la vista Homilías ciclo C Madris 1994.Pág. 183 ss.
Tomas Merton
P. Carlos Padilla
Amelia Noguera, «Hay mucho malo en nuestra vida como para descuidar lo bueno que nos encontramos por el camino»1. Escrita en tu nombre
J. Kentenich, «Sólo Dios sabe cuánto tiempo ya lucho por ver y experimentar a Dios realmente también como padre, como persona y no sólo como idea. Si alguien me dice: – Nunca estoy con Dios, si bien tengo pensamientos religiosos, lo entiendo bien. Se puede tener un montón de pensamientos religiosos».
«Cuando éramos jóvenes, ¡cuánto anhelo teníamos de cultivar un permanente diálogo de amor con Dios! ¡Y cuán grande el empeño ascético! Incluso nos enfermamos por los esfuerzos hechos. Olvidamos que solo podemos prepararnos para ese continuo diálogo de amor con Dios cultivando una mesurada y activa vida con Dios. Lo demás nos lo dará Dios mediante los dones del Espíritu Santo».
Sor Verónica,
R. Panikkar «Es en la experiencia humana de la persona que encontramos la clave para este misterio de la unidad y diversidad, y es la Trinidad quien nos ofrece el modelo óptimo de esta omnipenetrante constitución de la realidad. La persona no es ni una unidad monolítica ni una pluralidad desconectada.»
José Antonio Pagola, «A lo largo de los siglos, los teólogos realizaron un gran esfuerzo por acercarse al misterio de Dios formulando con diferentes construcciones conceptuales las relaciones que vinculan y diferencian a las Personas divinas en el seno de la Trinidad. Esfuerzo, sin duda, legítimo, nacido del amor y del deseo de Dios. Jesús, sin embargo, no sigue ese camino. Desde su propia experiencia de Dios, invita a sus seguidores a relacionarse de manera confiada con Dios Padre, a seguir fielmente sus pasos de Hijo de Dios encarnado, y dejarnos guiar y alentar por el Espíritu Santo. Nos enseña así a abrirnos al misterio santo de Dios».
José María Castillo: «En la cruz de Cristo, terminó la religión que encierra a Dios en el templo y lo pone en manos de los sacerdotes, que se presentan con la pretensión de ser ellos, y solo ellos la voz de Dios y los administradores sagrado de su poder. Cuando la religión de lo sagrado muere, surge la religión que vivió y enseño Jesús. La religión del ser humano, desde lo más hondo de lo humano, encuentra esa realidad última que anhelamos y la que la gente, hasta ahora, al menos, hemos invocado como Dios».
Rosalind Franklin (1920-1958), igualmente sabia y judía, que trazaba también bóvedas celestiales pronunció esta ilustrada frase en una carta escrita a su padre: “La ciencia y la vida diaria no pueden y no deberían estar separadas. La ciencia, para mí, otorga una explicación parcial de la vida…No acepto tu definición de fe, es decir, en la vida después de la muerte… Tu fe se basa en tu futuro y el de otros como individuos, la mía, en mi futuro y en el de mis sucesores. Me parece que la tuya es más egoísta. Refiriéndome a la pregunta de un Creador: ¿Creador de qué?… No veo razón para creer que el creador del protoplasma o de la materia primigenia tenga alguna razón para sentir interés por nuestra insignificante raza en un pequeño rincón del universo”.
Abraham Maslow (1908-1970), pionero de la Psicología Humanista afirmó en A Theory of Human Motivation quelas necesidades de crecimiento individual y felicidad no pueden ser conquistadas sin satisfacer primero la necesidad básica de conexión humana. Procedente de una familia rusa de emigrantes judíos, dijo en cierta ocasión:
“Yo era un niño pequeño judío en un barrio no judío. Era un poco como ser el primer negro en una escuela de blancos”.
P. Varillon: “Pienso que si Dios no fuera Trinidad, yo sería probablemente ateo… En cualquier caso, si Dios no es Trinidad, yo no comprendo absolutamente nada”.
Ladislao Boros “la humanidad sufre hoy la más terrible de todas las experiencias: la lejanía de Dios”.
CONTO
LA MADERA DE SÁNDALO
Un hombre que vivía en un país donde no existían árboles de sándalo llevaba tiempo obsesionado por conocer aquella preciosa y aromática madera, ya que mucha gente le había contado maravillas acerca de su exótico aroma.
Para satisfacer su propósito, consultó con su maestro, el cual se limitó a regalarle un lápiz. Un poco decepcionado, el hombre decidió escribir a todos sus amigos y solicitarles un trozo de la anhelada madera. Pensó que alguno tendría la bondad de enviársela. Así, comenzó a escribir cartas y cartas, durante varios días, siempre con el mismo ruego: “Por favor, enviadme madera de sándalo”. Escribió una carta tras otra, pero no obtenía contestación.
Sin embargo un día, de súbito, mientras estaba ante el papel, pensativo, mordisqueó el lápiz con el que tantas cartas escribiera, y de repente percibió un dulce perfume. Fue entonces cuando se dio cuenta de que siempre lo había tenido en sus manos. El perfume que le embriagaba surgía del corazón de su propio lápiz de sándalo.
Tomado de Los cuentos que yo cuento
SE VENDE AGUA DEL RÍO
Aquel día, el sermón del Maestro se redujo a una sola y enigmática sentencia.
Se limitó a sonreír con ironía y a decir:
– «Todo lo que yo hago aquí es estar sentado en la orilla y vender agua del río.»
Y concluyó su sermón.
Tomado de Los cuentos que yo cuento
ENTRADA
Una vez un monje visitó al Maestro Gensha para saber dónde estaba la entrada al camino de la verdad. Gensha le preguntó: «¿Oyes el murmullo del arroyo?»
– «Sí, lo oigo», respondió el monje.
– «Pues allí está la entrada», le dijo el Maestro.
Cuento Zen
Tomado de Los cuentos que yo cuento
TE HE HECHO A TI
Cuenta el místico árabe Sa´di que un hombre que paseaba por el bosque vio un zorro que había perdido sus patas, por lo que el hombre se preguntaba cómo podría sobrevivir. Entonces vio llegar a un tigre que llevaba una presa en su boca. El tigre ya se había hartado y dejó el resto de loa carne para el zorro.
Al día siguiente Dios volvió a alimentar al zorro por medio del mismo tigre.
El hombre comenzó a maravillarse de la inmensa bondad de Dios y se dijo a sí mismo: “Voy también yo a quedarme en un rincón confiando plenamente en el Señor, y éste me dará cuanto necesito. Así lo hizo durante muchos días; pero no sucedía nada y el pobre hombre estaba casi a las puertas de la muerte cuando oyó una Voz que le decía:
“ ¡Oh, tú, que te hallas en la senda del error, abre tus ojos a la Verdad! Sigue el ejemplo del tigre y deja ya de imitar al pobre mutilado.
Tomado de P. Diego Millán
ESFUERZO CORRECTO
Un hombre decidió cavar un pozo en un terreno que poseía. Eligió un lugar y profundizó hasta los cinco metros, pero no encontró agua.
Pensando que aquel no era el sitio idóneo, buscó otro lugar y se esforzó más, llegando hasta los siete metros, pero tampoco esta vez halló agua. Decidió probar una tercera ocasión, en distinto lugar, y cavar aún mucho más, pero cuando llegó a los diez metros, concluyó que en su terreno no había agua, y que lo mejor era venderlo.
Un día fue a visitar al hombre al cual había vendido el terreno, y se encontró con un hermoso pozo.
– «Amigo, mucho has tenido que cavar para encontrar agua. Recuerdo que yo piqué más de veinte metros, y no encontré ni rastro», dijo el recién llegado.
– «Te equivocas», contestó el aludido. «La verdad es que yo sólo cavé doce metros, pero a diferencia de ti, siempre lo hice en el mismo sitio.»
Tomado de Los cuentos que yo cuento
ASÍ ES DIOS…
El pequeño Luis de seis años decidió una mañana prepararles panqueques a sus papás para desayunar.
Encontró un grán tazón y una cuchara, acercó una silla a la mesa, y trató de alzar el pesado paquete de harina para abrirlo. La mitad del paquete quedó desparramada entre la mesa, la silla y el suelo.
Tomó toda la que pudo con sus manitas y la puso dentro del tazón, y después le puso un poco de leche y azúcar, haciendo una mezcla pegajosa que empezaba a chorrear por los bordes.
Además habían ya pequeñas huellas de harina por toda la cocina, dejadas por él y su gatito.
Luis estaba totalmente cubierto con harina, y estaba empezando a frustrarse. El quería darles una sorpresa a sus papás haciendo algo muy bueno, pero todo le estaba saliendo al revés. No sabía qué más había que agregar a su pasta, o si había que hornear los panqueques, pues ni siquiera sabía como usar el horno.
Cuando miró otra vez la mesa, su gatito estaba lamiendo el tazón, por lo que corrió a apartarlo de la mesa, pero por accidente se volcó el cartón de leche y además se quebraron unos huevos que habían sobre la mesa al caer al suelo.
Intentó agacharse a limpiarlo pero se resbaló y quedó con toda su pijama pegajosa, llena de harina y huevo.
En ese momento vio a su papá de pie en la puerta. Dos grandes lágrimas se asomaron a sus ojos. El solo quería hacer algo bueno, pero en realidad había causado un gran desastre.
Estaba seguro de que su papá lo iba a regañar y muy posiblemente a castigarlo.
Pero su papá sólo lo miraba en medio de aquel desorden. Entonces, caminando encima de todo aquello, tomó en sus brazos a su hijo que lloraba, y le dio un gran abrazo lleno de amor, sin importarle llenarse el mismo de harina y huevo.
Así es como Dios nos trata. A veces tratamos de hacer las cosas bien, pero sin quererlo terminamos haciendo un desastre. Nuestra familia se pelea, o insultamos a un amigo, hacemos mal nuestras obligaciones, o desordenamos nuestra vida. Otras veces solo podemos llorar, porque ya no sabemos qué más
hacer. Entonces es cuando Dios nos toma en brazos, nos perdona y nos demuestra que nos ama, sin importarle que pueda ensuciarse con nuestra suciedad. Pero por el simple hecho de habernos equivocado, no debemos dejar de preparar algo especial para Dios o para alguien mas…
Tarde o temprano lo lograremos, y Dios estará orgulloso de nosotros, porque no nos dimos por vencidos..
Tomado de motivaciones.org
BAILA CON DIOS
Estaba tan cansado que su rostro parecía sembrado de surcos. Como el cuero viejo, sus mejillas colgaban. Sus ojos veían a lontananza como si ya no quisieran mirar.
«¿Para qué?», se preguntó en voz alta. El tono de su voz sugería que no encontraba respuesta posible.
«Mi esposa me ha abandonado. Mi situación financiera es desastrosa. Mi salud va cuesta abajo. Pronto van a despedirme por no presentarme a trabajar».
Era cierto. No tenía sentido alguno decir al mecánico de 45 años que se alegrara. Su vida estaba en estado de desastre.
Se comprende que se hubiera olvidado de bailar con Dios. Ya no podía oír la música. Vacío y carente de energía, estaba sentado junto a la pared. Por lo que podía verse, este hombre abandonado dejaría de bailar para siempre.
Lo que había olvidado -si es que alguna vez lo había sabido- es que cuando bailamos con Dios bailamos a ritmo de vals. Nada rápido. Nada complejo. Apenas un movimiento lento y calmo. Un paso a la vez.
Los creyentes no necesitamos ver el mañana, la semana entrante o más allá. No buscamos comprender cómo se arreglarán las cosas. Por eso nos llaman creyentes.
Para bailar, sólo hay que poner un pie delante del otro. Es ésa toda la fe que necesitamos. Un paso y después otro. No tenemos que ver a dónde nos llevará el paso diez o el paso cien. Dios baila hacia adelante, a veces hacia los lados, y bailamos mejor cuando lo hacemos a su ritmo.
Levántate de esa silla. Da el primer paso. Vístete. Come un pan tostado. Sal por la puerta. ¿Qué harás cuando hayas salido? Ya tendrás tiempo de preguntártelo. Sigue moviéndote. Así es este baile.
Es difícil bailar sentado. Aún más si estás mirando al piso.
¿Y qué tal si te caes o si luces torpe al azotar contra el suelo? En ocasiones nos olvidamos de que Dios está a nuestro lado, de que nos tiende la mano y baila con nosotros. Eso hace toda la diferencia.
Tomado de motivaciones.org
EXPLICAR A DIOS
A los 20 años de edad John Dee empezó a escribir su gran libro sobre Dios.
Cuando cumplió 30 años terminó el primer tomo. Pasaron cinco años más y concluyó el segundo. Al llegar a los 40 dio cima al tercero. Se desesperaba el filósofo, pues su obra debía tener 50 tomos. En menos no se podía definir a Dios.
Un día John Dee salió de la biblioteca a respirar el aire mañanero. Una muchacha que volvía del mercado lo miró al pasar. El resto de la historia es corto: las historias de amor son siempre cortas. Se enamoró John Dee de la muchacha y de aquel amor nació un hijo.
-Este es el libro de Dios- afirmaba John Dee mientras mecía en sus brazos al pequeño. -Quizá después vendrán otros volúmenes, pero éste basta para explicar a Dios-.
Tomado de motivaciones.org
HE AQUÍ A DIOS
Un día, Grecia reunió a sus artistas para obtener de su genio una imagen digna de sus adoraciones. Se encargó dicho cometido a Fidias.
Tomó Fidias el cincel y esculpió uno de aquellos de sus mármoles famosos, que parecían respirar ya antes de que la mano del escultor lo hubiese tocado.
Le dio luz, pensamiento, gloria… Y cuando Grecia levantó el velo que cubría a Júpiter Olímpico, exclamó con voz emocionada y unánime: “¡He aquí a Dios!”.
Tomado de motivaciones.org
EL CANTO DE DIOS.
Se reunió en sabio Gurú con sus discípulos como lo hacía todas las mañanas. Dios era el tema de aquel día y la discusión estaba supremamente interesante, entonces, cansado ya de paráfrasis filosófica un discípulo preguntó a quemarropa:
-Maestro sublime, dinos pues, porqué crees tu que existe Dios?
El Gurú dirigió su mirada risueña al horizonte y oyendo el bello canto del ruiseñor contestó:
-Dios es como esa ave que se esconde tras el árbol: no podemos verla, pero sabemos que está allí porque oímos su canto.
DIOS MORA TRAS TODAS LAS COSAS
Y SU CANTO LO ENTONAN TODAS LAS COSAS,
PERO ES MUY PRONUNCIADA LA SORDERA
DEL HOMBRE, QUE ESCUCHA MAS EL
ESTRUENDO DE LOS COCHES QUE
LOS LATIDOS DE SU CORAZÓN.
Tomado delAnthony De Mello
Tomado de Anecdonet
Tomado del Chatgpt
Tomado de Alejandro Illescas, Los cuentos de mis homilías
Tomado de P. Félix Jiménez
F. Kafka
Tomado de Lacompañiademaría.com
Anthony de Mello El canto del pájaro.
Tomado de MSC
2022
Una profesora pregunta a sus alumnos: ¿Cómo sabemos que Dios existe? Cada uno fue dando su propia respuesta. Pero la profesora seguía insistiendo como si no estuviese satisfecha con las respuestas. Queriendo echarles un mano añadió: Y cómo saber que Dios existe si ninguno lo hemos visto? Todos se quedaron callados. Para los niños es evidente que lo que no se ve o se toca no existe. Hasta que un pequeño que era tímido, levantó la mano y tímidamente y respondió: Señorita. Dios es como el azúcar. Mi madre me dijo que DIOS ES COMO EL AZÚCAR, en mi leche que ella prepara todas las mañanas. Yo no veo el azúcar que está dentro de la taza en medio de la leche, pero si la leche no tiene azúcar se queda sin sabor.
Dios existe, y está siempre en el medio de nosotros, solo que no lo vemos. Yo quería enseñaros y sois vosotros quienes me habéis enseñado a mí. Yo ahora sé que Dios es nuestro azúcar en la vida. La profesora emocionada le dio un beso.
Tomado de Juan Jáuregui
ANÉCDOTA
En casi todas las religiones ancestrales existe la imagen de dioses trinitarios. Un misterio encriptado que se revela como uno y trino a partir del siglo IV en el Cristianismo, y que empezó a configurarse como dogma en el Concilio de Nicea. A San Agustín le hizo tomar conciencia de él un niño que quería llevar con una concha toda el agua del mar a su pocito abierto en la arena de la playa. “Agustín -le dijo el niño-es mucho más fácil que yo logre hacerlo, que tú comprendas el Misterio de la Santísima Trinidad”. Una mística holandesa del siglo XIII lo suscribió en uno de sus poemas: “Dios y Hombre en un solo amor; así es la Trinidad más allá de todo pensamiento”.
Al obispo de Hipona, autor de De Trinitate, debió sucederle aquella tarde lo que le insinuó Lena a Daniel en la película Tierra de ángeles (2004), del director norteamericano Kay Pollak: “Les vemos, o a veces les oímos en el viento”. En el susurro del vientopercibió Abraham a Dios junto a la encina de Mambré (Gn 12, 7), y les vemos elevando a Jesús fallecido hacia los cielos en el cuadro manierista del Greco (Museo del Prado). De comienzos del siglo XVI es el sugerente icono La Trinidad del Antiguo Testamento, pintado por el ruso Andrej Rublëv un siglo antes (Galería Tretiakov de Moscú).
La mística no ha sido ajena a este misterio. Teresa de Ávila, por ejemplo, vivió la experiencia de la Trinidad en una relación personal, real y objetiva, con cada una de las tres Personas y con todas en conjunto. Una vivencia que la llevó a sentirse familiarmente inmersa en la comunidad trinitaria -no sólo la del misterio- sino también en la de dentro y fuera del convento. La cantante tártara Jamala ganadora el sábado pasado del Festival de Eurovisión con su canción 1944, declaró que deseaba “paz y amor para todos”. Una de sus estrofas, con aire esperanzador de Comunidad Trinitaria, decía: “Podemos construir un futuro / donde la gente sea libre / de vivir y amar / en medio de la oscuridad”.
Tomado de Vicente Martínez 2016
SOR ISABEL DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Sor Isabel de la Santísima Trinidad, carmelita descalza del monasterio de Dijon, fue contemporánea de Santa Teresita del Niño Jesús. Nació en 1880, murió en 1906. Es un alma contemplativa, discípula aventajadísima de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la Cruz, a quienes cita constantemente en sus escritos. Tuvo una devoción singular a la Santísima Trinidad. Atrajo muchísimas almas, no sólo eclesiásticas, sino seglares, a la vida interior. Sintió experimentalmente la inhabitación de Dios en el centro del alma. Su vocación específica fue dar alabanzas a la Santísima Trinidad en el cielo y en la tierra. Tomando literalmente unas palabras de San Pablo, con graciosa incorrección, se llamaba a si misma Laudem Gloriae.
El Carmelo de Dijon ha publicado un tomo de recuerdos de la Santa, del que se han vendido en Francia ya más de cien mil ejemplares. Del mismo se han hecho varias ediciones en lengua castellana. La tercera, que tenemos a la vista y por la que citamos, es de 1944, publicada en San Sebastián, Gráficas Fides, y traducida por las Carmelitas Descalzas de Betoño (Alava).
A) Su Vida Íntima
«Lo que usted me dice acerca de mi nombre, escribe otra vez, me hace bien: lo estimo tanto, que en él veo compendiada mi vocación. Al pensar en él, mi alma se siente arrebatada con la magna visión del misterio de los misterios, en esa Trinidad Santísima, que es ya desde aquí abajo el claustro en que vivimos, la morada en donde habitamos, el infinito en donde podemos movernos por en medio de todas la cosas.
Estoy leyendo estos días las hermosísimas páginas en que nuestro Padre San Juan de la Cruz habla de la transformación del alma en las tres divinas Personas. ¡A qué abismo de gloria estamos llamados! ¡Ah! Ya comprendo los grandes silencios y el profundo recogimiento de los santos, que no acertaban a salir de su contemplación; por eso, Dios Nuestro Señor podía conducirlos a las cumbres divinas, donde se consuma la unión entre Él y el alma que ha llegado a ser su esposa mística. ¡Y pensar que Dios, por nuestra misma vocación, nos lleva a vivir en esas claridades! ¡Qué adorable misterio de caridad!
Yo quisiera corresponder pasando sobre la tierra, como la Santísima Virgen, “guardando con cuidado todas esas cosas en mi corazón”, encerrándome así en lo más íntimo del alma, hasta llegar a perderme y transformarme en la Trinidad, que en ella mora. Entonces se verificaría mi lema, “mi luminoso ideal”, como usted lo llama, y sería realmente Isabel de la Trinidad.»
B) Su Devoción a la Trinidad
«Su especial devoción a ese augusto misterio le hacía ver en cada domingo del año una fiesta de la Santísima Trinidad; y cuando en el oficio de ese día rezábamos el símbolo de San Atanasio, mientras lo salmodiaba, su alma se sentía arrobada “hasta presentir los inefables goces de la bienaventuranza”. No dejaba pasar ni una ocasión sin que recordase a los suyos la propia fiesta de la Santísima Trinidad, que ella celebraba con mayor recogimiento, ya que en lo íntimo de su ser se verificaba constantemente el encuentro con su Dios, y allí adoraba el augusto misterio.
“Esta fiesta es verdaderamente mía, escribía a su hermana; para mi no hay otra que se le asemeje; en el Carmen la pasamos en silencio y adoración. Hasta ahora no había acertado a comprender todo el sentido de mi vocación, que se halla encerrado en mi nombre. En ese gran misterio es donde quiero darte cita, para que él sea nuestro centro y nuestra morada”.»
(Tomado del libro “Verbum Vitae”, BAC, 1954, tomo V, Pág. 314-316)
Tomado de Mercaba
EDIPO Y LA MUERTE DE LA ESFINGE
Todos conocemos el célebre enigma de la Esfinge, que resolvió Edipo, salvando así su vida y labrando al tiempo su propia desgracia.
Edipo y la Esfinge. Reconstrucción del tondo de un kylix ático de figuras rojas, 480-470 a. C., de Vulci.
Varios trataron de resolver el enigma de la Esfinge y fallaron, siendo muertos; entre ellos Hemón, hijo de Creonte.[40] Ante tan angustiosa situación, el rey hizo una proclama a toda Grecia prometiendo que daría el reino, y a su hermana Yocasta en matrimonio, a quien resolviera el enigma de la Esfinge.[30][41][24] Muchos vinieron de remotos lugares y fallaron en dar la solución, pero Edipo, el hijo perdido de Layo y Yocasta, lo interpretó correctamente. Según Aristófanes el gramático, estas habrían sido las palabras con que Edipo respondió a la Esfinge:
Escucha, aun cuando no quieras, Musa de mal agüero de los muertos, mi voz, que es el fin de tu locura. Te has referido al hombre, que cuando se arrastra por tierra, al principio, nace del vientre de la madre como indefenso cuadrúpedo y, al ser viejo, apoya su bastón como un tercer pie, cargando el cuello doblado por la vejez.[33]
Según Higino, al escuchar la respuesta de Edipo, la Esfinge saltó desde el monte, que era su guarida, en busca de la muerte.[30][42] Apolodoro afirma que no saltó desde un monte, sino desde la acrópolis de Tebas.[40] Hay otros, como Eurípides, que señalan que no saltó, sino que fue el propio Edipo quien la arrojó montaña abajo.[43] Otra versión afirma que la Esfinge espantada huyó hacia el desierto de Egipto donde quedó petrificada y desde allí Momo el dios del sarcasmo se burla de ella.
Como recompensa, Edipo se casó con la reina (su verdadera madre) y se convirtió en el regente de Tebas.
José María Vegas, cmf
Tomado de Alforjas de pastoral
Complementado con wikipedia
¿JUEGA DIOS A LOS DADOS?
Albert Einstein, uno de los mejores científicos de la historia, aceptaba la incertidumbre sólo como un paso provisional en el progreso de la ciencia. No se conformaba con calcular probabilidades y se disgustaba con quienes pensaban lo contrario, repitiendo con frecuencia su famosa frase: “Dios no juega a los dados”, a la que en una ocasión Bohr respondió: “Señor Einstein, ¡deje de decirle a Dios lo que debe hacer!”.
Damian Picornell Gallar
Tomado de Alforjas de pastoral
SAN AGUSTÍN
El gran pintor barroco, flamenco, Pedro Pablo Rubens, pintó un famoso cuadro al que tituló San Agustín. Lo conocemos, habitualmente, como el cuadro de San Agustín y el niño de la concha. En este cuadro aparece el santo paseando por la playa, vestido de obispo, inclinándose ante un niño que está echando con una concha agua del mar en un pequeño agujero que él mismo ha hecho con sus pequeñas y tiernas manos. El santo, según nos cuenta la historia, le pregunta al niño ¿qué haces, niño? A lo que el niño responde: quiero meter toda el agua del mar en este agujero. El santo, paternal y bondadoso, le dice: pero toda el agua del mar no cabe en ese pequeño agujero. Ya lo sé, le contesta el niño, tampoco Dios cabe en tu pequeña inteligencia. Y es que San Agustín estaba intentando escribir un libro de muchas páginas para explicar el misterio de la Santísima Trinidad. Un libro que, efectivamente, tardó Agustín veinte años en escribir, a base de un trabajoso y fatigoso esfuerzo, según él mismo nos dice. Con esta pequeña anécdota quiero decirles que yo no voy a intentar meter el misterio de la Santísima Trinidad en la mente de ningún posible lector. La palabra misterio, nos dice el diccionario de la Real Academia, significa una cosa arcana o muy recóndita que no se puede explicar o comprender. No intentemos, pues, explicar los misterios, limitémonos a contemplarlos o adorarlos, desde una actitud de fe y amor.
Gabriel González del Estal
Tomado de Alforjas de pastoral
ABBÁ:
No llaméis a nadie padre en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo (Mt 23,9).
Jesús vive seducido por esa intimidad gratificante de una relación paterno -filial con Dios. No en vano utiliza, según los evangelios, 170 veces este apelativo en referencias indirectas y 17 veces en la invocación directa. La paternidad de Dios envuelve a los hombres y se extiende a todas las criaturas.
Tomado de Alforjas de pastoral
«LA ALEGRÍA DEL DESPRENDIMIENTO ESPIRITUAL inspirada por la Santísima Trinidad»
Un día, Messire Bernard se acercó en secreto a Francisco que entonces todavía no tenía ningún compañero. «Hermano, dice Bernardo, por amor de mi Señor, quien me los ha confiado, quiero distribuir todos mis bienes de la manera que tú juzgues más conveniente.» Francisco respondió: «Mañana iremos a la iglesia y el libro de los evangelios nos dirá de qué manera el Señor instruye a sus discípulos.» La mañana siguiente se levantaron y fueron, junto con otro hombre que se llamaba Pedro y que también quería ser fraile menor, a la iglesia… Entraron para orar y como no tenían instrucción y no sabían dónde encontrar la palabra del evangelio sobre la renuncia del mundo, pedían al Señor que se dignase mostrarles su voluntad al abrir los evangelios.
Una vez terminada la oración, el bienaventurado Francisco tomó el libro, se arrodilló delante del altar y lo abrió. En el lugar abierto se presentó el consejo del Señor: «Si quieres ser perfecto, va, vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo.» (Mt 19,21) Al leer esto, el bienaventurado Francisco se alegró mucho y dio gracias a Dios. Pero, como tenía una gran devoción a la Santísima Trinidad, quería tener la confirmación por un triple testimonio. Abrió, pues, el libro de los evangelios por segunda y por tercera vez. En el segundo lugar encontró: «No llevéis nada por el camino.» (cf Lc 9,3) y en el tercero: «El que quiera venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y me siga.» (Lc 9,23ss) Francisco dijo: «Hermanos, he aquí nuestra vida y nuestra Regla y la de todos los que querrán juntarse a nuestro grupo. Id, y lo que habéis comprendido, ponedlo en práctica.»
Bernardo, que era muy rico, se fue: vendió todo lo que poseía, reunió una gran cantidad de dinero y lo distribuyó todo entre los pobres de la ciudad… A partir de aquella hora, los tres vivieron según la Regla del santo evangelio que el Señor les había mostrado. Esto es lo que dice el bienaventurado Francisco en su testamento: «El mismo Señor me ha revelado que debía vivir según el santo evangelio.»
Tomado de MSC
UNA IMAGEN FUTBOLÍSTICA DE LA TRINIDAD
Es una pero son cuatro
«El caso de Gran Bretaña es el más asombroso en el tema de la desigualdad de derechos en los Campeonatos Mundiales de Fútbol. Según me explicaron en la infancia, Dios en uno pero es tres: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Nunca pude entenderlo. Y todavía no consigo entender tampoco por qué Gran Bretaña es una, pero son cuatro [Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte]; mientras que Suiza o España, pongamos por caso, siguen siendo nada más que una a pesar de las diversas nacionalidades que las integran».
Galeano, Eduardo. El fútbol. A sol y sombra. Buenos Aires, Catálogos, 1995: artículo «Numeritos», pág. 228.
Tomado de Anecdonet
(PROVERBIOS 8,22-31)
Desde el siglo VI se incluye este pasaje también en la Misa de la Natividad de la Virgen María (8 de septiembre). De este modo la Iglesia reconoce que, así como el Verbo es Dios desde la eternidad y está activo en la creación del mundo, la Madre del Salvador de algún modo también habría de estar en la mente de Dios «desde el comienzo» (vv. 22-23). «María, la Santísima Madre de Dios, la siempre Virgen, es la obra maestra de la Misión del Hijo y del Espíritu Santo en la Plenitud de los tiempos. Por primera vez en el designio de Salvación y porque su Espíritu la ha preparado, el Padre encuentra la Morada en donde su Hijo y su Espíritu pueden habitar entre los hombres. Por ello, los más bellos textos sobre la sabiduría, la tradición de la Iglesia los ha entendido frecuentemente con relación a María (cfr Pr 8,1-9,6; Si 24): María es cantada y representada en la Liturgia como el “Trono de la Sabiduría”» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 721).
Tomado de Biblia de Navarra
UNA CURIOSA COSTUMBRE DE LOS ESQUIMALES.
Los esquimales tradicionales tienen una bella costumbre: cuando a alguien le ha sucedido algo desacostumbrado fuera de casa, al volver se sienta en el suelo contra la pared sin decir nada. Al fin, uno de la familia nota que algo le ha debido de suceder y le pregunta: «¿Qué es lo que ha pasado?» Y entonces él le cuenta todo lo que pasó.
El silencio y el gesto de sentarse apoyado en la pared, era la preparación para contar y escuchar la experiencia personal.
La costumbre de los esquimales de observar en qué estado de ánimo un familiar vuelve a la casa, nos dice que preocuparse por los demás es un signo de amor verdadero y de interés. Si somos una verdadera imagen de la SS. Trinidad y nos sentimos hermanos en Cristo, tenemos que portar los unos los pesos de los otros «Sopórtense los unos a los otros» (Col 3,13).
Tomado de P. Chinaglia
Tomado de Anécdotas y catequesis
Tomado de P. Felipe Bloom
Jaime Tatay, sj
Tomado de Pastoral Sj
Tomado de Jose Antonio Pagola
Buenas Noticias Navarra 1985.Pág. 165 S.
Tomado de Tiempo Interior
Tomado de Anécdotas de la historia
Tomado de Pastoral Sj
Tomado de Anecdonet
Tomado de P. Félix Jiménez
C. H. Spurgeon.
Tomado de P. Félix Jiménez
Padre Justo López Melús
Tomado de Motivaciones.org
Tomado de Javier Gafo
Dios a la vista Homilías ciclo C. Madris 1994.Pág. 107 ss
Tomado de 500 ilustraciones
Tomado de Ángel Calvo, En otras palabras
Tomado de J.L.Sicre
Tomado de Fray Marcos
Tomado de Enrique Martínez Lozano
Tomado de Dehonianos
Tomado de Fe adulta
Tomado de Rainiero Cantalamessa
Tomado de Tiempo Interior
Tomado de Anecdonet
Tomado de Juan Jáuregui
Tomado de Dehonianos
Tomado de Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf.
Tomado de Servicio Bíblico Latinoamericano 2004
Javier Gafo Dios a la vista Homilías ciclo C Madris 1994.Pág. 217 ss.
Tomado de Dies Domini
EUCARISTÍA 1992, 15
Tomado de Mercaba
San Juan Eudes, “Vida y Reino de Jesús”
Tomado de Centro Bíblico Pastoral CELAM
Tomado de ACG
EJEMPLOS PREDICABLES
2022
Son muchas las comparaciones que los predicadores de todos los tiempos han usado para intentar explicar lo inexplicable.
Agua: líquido, sólido y vapor.
Huevo: cáscara, yema y clara.
Fuego: Luz, calor, llama
San Patricio usó el trébol: tres hojas y una sola planta.
El Padre: el que habla. El Hijo: la Palabra. El Espíritu: el Aliento.
El Padre: El que ama. El Hijo: el amado y el Espíritu Santo: el amor. Creador, Redentor y Santificador.
EL “GLORIA”.
Una famosa cantante de ópera comenzó a perder la voz. Tenía un mal incurable. Era necesaria una operación quirúrgica. Antes de entrar en el quirófano, los médicos le dijeron: Ya no podrá usted cantar y ni siquiera hablar jamás. La diva, con una sonrisa en los labios, dijo: Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Éstas fueron las últimas palabras que pronunció.
Tomado de Anécdotas y Catequesis
Os antigos santiguábanse cunha orientación definida: eis to ónoma; cara ao Pai, ao Fillo, ao Espírito Santo, unha ofrenda dinámica que esixe entrega xenerosa dende o amor.
LAS DIOSAS DE LA SABIDURÍA EN LA MITOLOGÍA:
En Egipto Isis, Amaterasu en el Sintoísmo; en la celta Scatha; Guan Yin en la budista, y en la hindú Sarasvati. Freiya en la nórdica; Lilit en la mesopotámica. En Grecia, Juno y Hera, y la romana Minerva, diosa de la sabiduría, las artes, la estrategia militar, además de la protectora de Roma y la patrona de los artesanos, de ella se dijo que “iluminaba el mundo y podría lucir más que todas las estrellas”.
¿Por qué la Sabiduría tiene casi siempre rostro de mujer?
Tomado de Vicente Martínez
Estoy seguro de que esto te ha pasado varias veces. Te saluda alguien en la calle, cuyo nombre no recuerdas y cuyo rostro no reconoces. Cuando el extraño se va, empiezas a recordar y poco a poco el extraño se convierte en un viejo amigo con un nombre, una cara y una familia.
Dios es ese extraño escurridizo que toma diferentes formas en tus encuentros cotidianos y por eso te cuesta reconocerlo. Un día, Él es el Padre que os ama como a un hijo. Otro día, Él es el Hijo que se acerca a ti como un buen amigo. Otras veces Él es el Espíritu Santo que te consuela y te da valor.
SOBRE EL CANTO
La glorificación de Dios, Uno y Trino, bajo la acción del Espíritu Santo que ora en nosotros y por nosotros, tiene lugar principalmente en el corazón, pero se traduce también en las alabanzas orales por una necesidad de expresión personal y de asociación comunitaria en la celebración de las maravillas de Dios. El alma que ama a Dios se expresa a sí misma en las palabras y, fácilmente, también en el canto, como ha sucedido siempre en la Iglesia, desde las primeras comunidades cristianas. San Agustín nos informa de que «san Ambrosio introdujo el canto en la Iglesia de Milán» (cf. Confesiones, 9, c. 7: PL 32, 770) y recuerda que lloró escuchando «los himnos y cánticos que se elevaban en tu Iglesia, lleno de una profunda emoción» (cf. Confesiones, 9, c. 6: PL 32, 769). También el sonido puede ayudar en la alabanza a Dios, cuando los instrumentos sirven para «transportar a las alturas (rapere in celsitudinem) los afectos humanos» (Santo Tomás de Aquino, Expositio in psalmos, 32, 2). Así se explica el valor de los cantos y de los sonidos en la liturgia de la Iglesia, pues «sirven para excitar el afecto con relación a Dios… (también) con las diversas modulaciones de los sonidos» (Santo Tomás, Summa Theologica, II-II, q. 92, a. 2; cf. San Agustín, Confesiones, 10, c. 22: PL 32, 800). Si se observan las normas litúrgicas, se puede experimentar también hoy lo que san Agustín recordaba en aquel otro pasaje de sus Confesiones (9, c. 4, n. 8): «¡Qué voces elevé, Dios mío, hasta ti al leer los salmos de David, cánticos de fe, música de piedad! (…) ¡Qué voces elevaba hasta ti al leer aquellos salmos! ¡Cómo me inflamaba de amor a ti y de deseo de recitarlos, si hubiera podido, delante de toda la tierra…!». Eso acontece cuando, tanto los individuos como las comunidades, secundan la acción íntima del Espíritu Santo.
S. Juan Pablo II, Audiencia General (17-04-1991)
Moisés en la Tienda de Encuentro, dialogando con Dios, ante la NUBE de incienso que vela la presencia del Señor, y, en un arrebato de amor y de deseo, le pide a Dios:
– ¡Déjame, por favor, ver tu rostro!
Y le contesta el Señor:
– HAré pasar ante ti mi gloria, y pasaré ante ti, pero cubriré tus ojos con mi mano para que no veas mi rostro. Cuando pase, retiraré mi mano y me podrás ver de espaldas; no puedes ver mi rostro sin morir. (Éxodo 33,18 Y ss.)
«No puedes ver mi rostro». No puedes conocerme más que «de espaldas». El pueblo de Israel lo sabe muy bien, por eso no se atreve a hacer imágenes de la divinidad, porque no hay imagen alguna de cosas de la tierra que pueda parecerse siquiera de lejos a la esencia de Dios.
Creo que hemos perdido un poco ese respeto. Nuestros pintores se atreven a pintar a Dios: es un señor anciano, vigoroso y venerable, que flota por los cielos transportado en carro de nubes por preciosos ángeles multicolores. Más aún, nos hemos atrevido a decir que es uno pero son tres: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y también nos atrevemos a pintarlos: el Padre venerable y con barbas; el Hijo, Jesús; y el Espíritu, como una paloma entre los dos.
José Enrique Galarreta
CHISTE
BORRACHOS EN LA LITERA
Era una vez dos borrachos que se acuestan en una litera, y el borracho que está en la litera de arriba, antes de dormir comienza a rezar:
-Con Dios me acuesto, con Dios me levanto, la Virgen María y el Espíritu Santo.
En eso se cae de la litera y el borracho que está en la parte de abajo le dice:
– ¿Viste? ¡Eso te pasa por estar durmiendo con tanta gente!
EL NOMBRE DE DIOS
Era el día de las Primeras Comuniones. Los que iban a recibir a Jesús por vez primera ocupaban los bancos de la nave central de la Iglesia. El señor Obispo había venido a la parroquia para la ceremonia. Quiso tener con los chicos una breve catequesis. Se sentó en la sede, ante el altar mayor, y entabló una conversación con ellos.
Llamó a una niña rubia que se acercó un poco avergonzada
– ¿Cómo te llamas? – dijeron las otras
– Silvia – respondió la niña emocionada
– Dime, Silvia, ¿qué decimos cuando hacemos la señal de la cruz?
– ….
– Vamos, – la ayudó el señor Obispo sonriendo – En el nombre del
Padre…, del Hijo…, y…
– …y de la Mamá – concluyó la niña.
El cuento de hoy nos recuerda en los labios y palabras de una niña que Dios es una Familia, donde el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que es como la Mamá, viven una relación de Amor que es necesario acoger más que comprender, sumergirse en ese Mar de Amor que es la Trinidad.
Tomado de Padre Diego Millán
Me duele aquí el hijo…
Tomado de Anecdonet
JAIMITO Y BICICLETA
Jaimito estaba andando en bicicleta cuando pasa por frente de la iglesia, en eso lo alcanza a ver el cura del barrio y le dice:
Ven Jaimito, hace mucho que no vienes a la iglesia, vamos a rezar un «Padre Nuestro».
Jaimito con cara de preocupación le contesta:
No padre, no puedo, me van a robar la bicicleta.
El padre lo toma de la mano y le dice:
Pasa hijo, el Espíritu Santo te cuida la bicicleta.
Una vez terminado el «Padre Nuestro», Jaimito dice:
En el nombre del Padre, del Hijo, amén.
El cura lo mira y le dice:
No Jaimito, ¿ya te has olvidado de orar?, a ver, repítelo de nuevo.
En el nombre del Padre, del Hijo, amen.
Nooooo, dice desesperado el cura al ver que Jaimito insistía con lo mismo.
Dices en el nombre del padre, del Hijo, Amén, ¿y el Espíritu Santo?
A lo que Jaimito lo mira intrigado y responde:
¿Ya se olvidó que me está cuidando la bicicleta?
Tomado de Corazondepaul.org
LA MISA CORTA
Un feligrés le dice al padre después de misa:
—Padre, ¡qué homilía tan corta hoy!
Y el padre responde:
—Gracias, es que el Espíritu Santo estaba apurado.
Tomado de Corazondepaul.org
LA SEÑAL DE LA CRUZ CREATIVA
Una niña en catequesis hace la señal de la cruz al revés.
La catequista le dice:
—Mi amor, así no es.
Y la niña responde:
—¡Es que mi papá lo hace apurado y confunde!
Tomado de Corazondepaul.org
EL JOVEN Y EL ESPÍRITU SANTO
Un joven en una vigilia oraba muy emocionado:
—¡Señor, envíame tu Espíritu, como lenguas de fuego, como en Pentecostés!
Y justo en ese momento se fue la luz y se encendió una vela detrás de él. Gritó:
—¡Pero no tan literal!
Tomado de Corazondepaul.org
2022
“La trinidad: intenta entenderla y perderás la cabeza. Intenta negarla y perderás tu alma”.
Tomado de P. Félix Jiménez
POEMA
SANTA TRINIDAD, SANTA ARMONÍA (Fragmento)
Santa Trinidad, santa armonía
esencia unificada de las cosas,
alma de mi alma, perfume de las rosas,
fuente inagotable de alegría.
Dios Padre que en Amor al Hijo engendras.
Hijo dilecto que recibes de Él la vida.
Espíritu de ambos que se espira
en el acto amoroso que lo engendra.
Una gloria, un Amor, una alabanza,
una esencia divina compartida.
Tres personas divinas, su energía
regalándole al mundo la esperanza.
Un Padre que todo lo contiene
del que surge el Amor, la luz, la Vida,
al que todo se dirige sin medida:
creador, poderoso y providente.
Un Hijo que su rostro fiel refleja,
impronta de su ser y su sustancia,
resplandor de su gloria y de su gracia,
Amor vuelto obediencia que se entrega.
Un Espíritu de ambos espirado,
Amor vivificante que te donas,
torrente de ambos que enamoras,
fuego que me mantiene ilusionado.
Fray Alejandro R. Ferreirós, OFM
Tomado de Vicente Martínez
Entreme donde no supe, / y quedeme no sabiendo, / toda sciencia trascendiendo.
Yo no supe donde entraba, / pero cuando allí me vi, / sin saber donde me estaba, /
grandes cosas entendí; / no diré lo que sentí, / que me quedé no sabiendo, /
toda sciencia trascendiendo.
Estaba tan embebido, / tan absorto y agenado, / que se quedó mi sentido /
de todo sentir privado, / y mi espíritu dotado / de un entender no entendiendo. /
Toda sciencia trascendiendo.
El que allí llega de vero / de sí mismo desfallece; / cuanto sabía primero /
Mucho bajo le parece, / y su sciencia tanto crece, / que se queda no sabiendo, /
Toda sciencia trascendiendo.
Este saber no sabiendo / es de tan alto poder, / que los sabios arguyendo /
jamás lo podrán vencer, / que no llega su saber / ano entender entendiendo, /
Toda sciencia trascendiendo.
Y si lo queréis oír, / consiste esta suma sciencia / en un subido sentir /
De la divinal esencia; / es obra de su clemencia / hacer quedar no entendiendo, /
Toda sciencia trascendiendo.
S. Juan de la Cruz
Tomado de Vicente Martínez
No un Dios sólo
‘Sólo Dios basta’,
pero un Dios
al que no basta
andar él solo
por todo el universo.
Dios se nos acerca
en cada ser del cosmos,
que es para nosotros
hogar, alimento,
tarea y horizonte.
¡Comunión cósmica
que nos une a Dios
en la vida que nos llena
a través de los sentidos,
don y presencia suya
en nosotros sin medida!
Dios libre y único
en el último rincón
de callada intimidad,
donde cada persona
se hace consistente.
‘Sólo Dios basta’,
pero un Dios
al que no basta
andar él solo
por todo el universo.
(fragmentos de un poema de Benjamín Glez. Buelta, sj)
Tomado de Alforjas de Pastoral
Rubén Darío en Poemas del alma.
(Pedro Casaldáliga)
ESTE EVANGELIO, EN VERSO, SUENA ASÍ
Creemos en un Dios PADRE
AMOROSO Y COMPASIVO.
Cuida de todos nosotros,
como el ave de su nido,
Admiramos su ternura
para con todos sus hijos.
Con amor le damos «gloria
y alabanza por los siglos».
Enviado por el Padre,
Creemos en JESUCRISTO:
su HIJO amado y, como hombre,
fruto de un vientre bendito.
Jesús es, para nosotros,
Vida, Verdad y Camino,
nuestro hermano y compañero,
oculto en el pan y el vino.
Creemos y veneramos
al ESPÍRITU DIVINO.
Nos regala agua de vida
en la fuente del Bautismo.
Enciende calor de hogar
en los corazones fríos.
Es, en las horas de angustia,
brisa, consuelo y respiro.
Gracias, SANTA TRINIDAD,
misterio de amor, prodigio
de ser PADRE, HIJO y ESPÍRITU:
Tres «besos» de un Dios Amigo.
Javier Pérez Benedí
Tomado de alforjas depastoral
LA UNIÓN CON DIOS
Querría, Dios, querer lo que no quiero;
fundirme en Ti, perdiendo mi persona,
este terrible yo por el que muero
y que mi mundo en derredor encona.
Si tu mano derecha me abandona,
¿qué será de mi suerte? Prisionero
quedaré de mí mismo; no perdona
la nada al hombre, su hijo, y nada espero.
«¡Se haga tu voluntad, Padre!»-repito-
al levantar y al acostarse el día,
buscando conformarme a tu mandato,
pero dentro de mí resuena el grito
del eterno Luzbel, del que quería
ser, ser de veras, ¡fiero desacato!
Miguel de Unamuno
Tomado de motivaciones.org
2022
ORACIÓN
Esta es una oración que debemos hacer todos los días: «Espíritu Santo haz que mi corazón se abra a la Palabra de Dios, que mi corazón se abra al bien, que mi corazón se abra a la belleza de Dios todos los días».
Papa Francisco (15-05-2013)
RESPIRANDO A DIOS
En este mundo que sufre más que nunca
nuestros delirios de poder y grandeza,
porque en vez de jardineros responsables del mismo
nos hemos convertido en avaros comerciantes
que se creen dueños de su riqueza…
respirar tu Espíritu es nuestro sueño y vida.
En esta sociedad tan contaminada
por tanta desigualdad y farsa,
que sufre males y plagas endémicas
y en la que no cicatrizan las heridas
porque, para algunos, son fuente de riqueza…
respirar tu Espíritu es nuestro sueño y vida.
En esa Iglesia tan desacreditada
porque ha perdido ternura y gracia,
y quizá su verdad y buena noticia
al creerse dueña de tus dones y palabra,
y que anda triste, quejosa y desorientada…
respirar tu Espíritu es nuestros sueño y vida.
En esta cultura light y fragmentada,
con tantas palabras huecas y engañosas
y decisiones amañadas y egoístas,
en la que se ha enterrado la utopía
y suenan tan mal la pobreza y la renuncia…
respirar tu Espíritu es nuestro sueño y vida.
En este tiempo tan triste y yermo,
en el que unos lo tienen casi todo
y otros se están quedando desnudos,
con hambre, frío y horizonte oscuro
porque lo igualdad no está al uso…
respirar tu Espíritu es nuestro sueño y vida.
Ahora que estamos en honda crisis
de cultura, bienestar y valores,
de política, religión e instituciones;
ahora que la verdad no atrae,
queremos que él nos guíe y llene porque…
respirar tu Espíritu es nuestro sueño y vida.
Respirar tu Espíritu es nuestro sueño y vida,
pues necesitamos aire fresco y bueno
para seguir caminando contigo
y vivir al cobijo y sombra de tus alas
mientras aprendemos a ser hermanos
e hijos aquí, donde estamos.
Florentino Ulibarri
¡DIOS MÍO, TRINIDAD A QUIEN ADORO!
¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!
¡Quién te descubriera, mi Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo!
Gracias por revelarnos que el amor
es el único intérprete de tu misterio.
Tú te has hecho Dios con nosotros
y todavía andamos empeñados en caminar solos,
en crecer y vivir incomunicados,
en amarnos solo a nosotros mismos,
sin disfrutar de la entrega a nuestros hermanos.
¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!
Quién te descubriera, mi Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo!
Gracias porque eres Alguien
al que no alcanzo a entender,
pero que vives en mí dando sentido a mí vida,
que hablas con la fuerza y la autoridad del Padre,
que amas con las palabras y el corazón del Hijo,
que impulsas y animas con el fuego del Espíritu.
¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!
¡Quién te descubriera, mí Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo!
Gracias, Dios verdadero y único, Dios del futuro,
pero presente en nuestros problemas de cada día.
Dios, familia que llamas a la comunión;
Dios, amor que nos regalas la confianza del Padre,
la entrega del Hijo y la pasión del Espíritu.
¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!
¡Quién te descubriera, mi Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo!
Como un río en el mar de tu grandeza,
nuestra pequeñez se anega en tu infinito mar.
Haz de nuestras vidas tu comunitario cielo,
y llévanos cada día al hogar donde tú habitas,
Señor y Dios nuestro, Padre,
Hijo y Espíritu Santo.
Tomado de Alforjas de Pastoral
DIME TU NOMBRE
¿Quién eres Tú, Dios mío?
¿Quién eres Tú, Dios mío?
Dime tu Nombre.
Dime tu Nombre.
No sé tu Nombre.
No sé tu Nombre.
Eres el que contagias vida,
Eres el que contagias vida,
como el Padre/Madre que crea,
como el Padre/Madre que crea,
como el Hijo que comparte,
como el Hijo que comparte,
como el Espíritu que abraza.
como el Espíritu que abraza.
Tú eres la Luz, Tú eres la Pasión,
Tú eres la Luz, Tú eres la Pasión,
Tú eres el Amor,
Tú eres el Amor,
siempre y en todo el amor.
siempre y en todo el amor.
Comunión Trinitaria,
Comunión Trinitaria,
abrazo que funde y que libera.
abrazo que funde y que libera.
Te acercas y me das tu Nombre.
Te acercas y me das tu Nombre.
Siento en mí la corriente
Siento en mí la corriente
de tu Vida, Alguien me dice
de tu Vida, Alguien me dice
hij@
hij@
a cada instante y siento
a cada instante y siento
también un deseo irresistible
también un deseo irresistible
de gritar por encima de mis
de gritar por encima de mis
fuerzas: ¡¡PADRE/MADRE!!
fuerzas: ¡¡PADRE/MADRE!!
Tomado de Alforjas de Pastoral
CREDO DE LA VIDA NUEVA
Creo en Dios Padre,
cuya palabra sostiene la vida de los hombres y mujeres
y su trabajo creador.
Porque Él es la vida.
Creo en su Hijo,
presente entre nosotros que caminábamos en tinieblas
y nacido entre los más pobres,
para manifestar el poder liberador de Dios.
Porque Él es el Señor.
Creo en el Espíritu Santo,
que nos ha hecho nacer a la vida de Dios
y que nos llena de fuerza y de valor,
en nuestras luchas con el pueblo.
Porque Él es el Amor.
Creo en la Iglesia,
puesta al servicio de los hombres y mujeres,
para que todos reciban la plenitud de Dios.
Porque es mensajera de Buena Noticia.
Creo en la vida eterna
De todos los testigos del amor de Dios en el mundo.
Porque esa es nuestra esperanza.
Maertens, Th.
Tomado de Alforjas de Pastoral
ALABABANZA A DIOS:
«Tú eres Santo, Señor, Dios único, que haces maravillas.
Tú eres fuerte, Tú eres grande, Tú eres altísimo.
Tú eres Rey omnipotente, Tú eres Padre santo,
Rey del cielo y de la tierra.
Tú eres Trino y Uno, Señor Dios, todo bien.
Tú eres el bien, todo bien, sumo bien, Señor Dios,
vivo y verdadero.
Tú eres Caridad y Amor, Tú eres Sabiduría.
Tú eres humildad, Tú eres paciencia, Tú eres seguridad.
Tú eres quietud, Tú eres gozo y alegría.
Tú eres justicia y templanza.
Tú eres todas nuestras riquezas y satisfacciones.
Tú eres hermosura, Tú eres custodia y defensor.
Tú eres refrigerio, Tú eres fortaleza.
Tú eres esperanza nuestra, Tú eres fe nuestra.
Tú eres la gran dulzura nuestra.
Tú eres la vida eterna nuestra, grande y admirable Señor,
Dios Omnipotente, Misericordioso, Salvador».
San Francisco de Asís
Tomado de MSC
Mari Patxi Ayerra
Javier Leoz
(Rafael Ángel Marañón Barrio)
Tomado de Motivaciones.org
2022
Esta es una oración que debemos hacer todos los días:
«Espíritu Santo haz que mi corazón se abra a la Palabra de Dios, que mi corazón se abra al bien, que mi corazón se abra a la belleza de Dios todos los días».
s.s. Francisco, miércoles 15 de mayo de 2013. Plaza de San Pedro.
Echarse a amar…
Piensa lo que será
saltar a tierra
y ver que es cielo ya.
Y al inquirir qué pasa,
oír decir a Dios:
¡Ya estás en Casa!
Oh, inefable placer
de abismarse en su mar.
Cerrar los ojos
y empezar a ver,
pararse el corazón
¡y echarse a amar!
José Luis CARREÑO ETCHEANDIA
(Fue misionero sdb en Madrás, India).
RECENDO DE GRATUIDADE
Cremos nun Deus Pai
Cheo de amor e compaixón.
Que coida de todas e todos nós,
Coma o paxaro do seu niño.
Admiramos a súa tenrura
para con fillos e fillas.
Cremos en Xesucristo:
O seu Fillo amado ,
froito dun ventre bendito.
O noso irmán e compañeiro
Cremos e veneramos
Ao Espírito Santo.
Agasallo de vida
E fonte de auga alentadora
Que da vida aos noso fogares,
E acrecenta a forza que estimula
O noso ser con que superar
A tentación de querer ser sen.
Cremos no Deus sendo sempre para e cos demais. Amén.
MEDITACIÓN
El misterio de la Santísima Trinidad no es solo el misterio de Dios, es también el misterio de cada uno de nosotros. Porque el verdadero cielo de Dios somos cada uno de nosotros. “Y vendremos a él y haremos morada en él”.
Nos pasamos muchas horas mirando al Sagrario, porque es allí donde Dios habita sacramentalmente.
Y apenas si tenemos tiempo para mirarnos a nosotros por dentro, donde sabemos que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo lo han convertido en su verdadera casa.
Hablamos con El como si lo tuviésemos lejos, a la otra orilla, cuando lo tenemos tan cerca de nosotros.
“Yo estoy en mi Padre, y vosotros en Mí y yo en vosotros … Si alguno me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y en él haremos morada. …. (Jn 14,20-23 y 15,4)
La vida sin Dios está vacía.
La vida con Dios está llena, a rebosar.
La vida sin Dios pierde sentido.
La vida con Dios tiene una meta y una dirección.
La vida sin Dios está llena de cosas.
La vida con Dios está llena de Dios.
Dios no cabe en nuestra cabeza, por eso podemos decir poco de él. Pero Dios cabe en nuestro corazón.
Tomado de Juan Jáuregui
“Oh Dios mío, Trinidad a quien adoro, ayúdame a olvidarme totalmente de mí para establecerme en Ti, inmóvil y tranquilo, como si ya mi alma estuviera en la eternidad.
Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Ti, oh mi inmutable, sino que cada minuto me sumerja más en la hondura de tu Misterio.
Pacifica mi alma, haz de ella tu cielo, tu morada de amor y el lugar de tu descanso. Que en ella nunca te deje solo, sino que esté ahí con todo mi ser, todo despierto en fe, todo adorante, totalmente entregado a tu acción creadora.
Oh mi Cristo amado, crucificado por amor, quisiera ser, en mi alma, una esposa para tu Corazón, quisiera cubrirte de gloria, quisiera amarte…, hasta morir de amor. Pero siento mi impotencia: te pido ser revestido de Ti mismo, identificar mi alma con cada movimiento de la Tuya, sumergirme en Ti, ser invadido por Ti, ser sustituido por Ti, paraque mi vida no sea sino irradiación de tu Vida. Ven a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador.
Oh Verbo eterno, Palabra de mi Dios, quiero pasar mi vida escuchándote, quiero volverme totalmente dócil, para aprenderlo todo de Ti. Y luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas mis impotencias, quiero fijar siempre la mirada en Ti y morar en tu inmensa luz.
Oh Astro mío querido, fascíname, para que ya no pueda salir de tu esplendor.
Oh Fuego abrasador, Espíritu de amor, desciende sobre mí, para que en mi alma se realice como una encarnación del Verbo: que yo sea para Él como una prolongación de su Humanidad Sacratísima en la que renueve todo su Misterio.
Y Tú, oh Padre, inclínate sobre esta pobre criatura tuya, cúbrela con tu sombra, no veas en ella sino a tu Hijo Predilecto en quien tienes todas tus complacencias.
Oh mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad en que me pierdo, me entrego a Ti como una presa. Sumérgete en mí para que yo me sumerja en Ti,
hasta que vaya a contemplar en tu luz el abismo de tus grandezas”.
(Sor Isabel de la Trinidad)
Fray Marcos
José María Rodríguez Olaizola, sj | creer
Tomado de Pastoral sj
A DIOS LE GUSTAN LOS MISTERIOS…
¡El Señor ha llenado la vida de enigmas,
problemas y misterios, de emoción y de suspenso,
para presentar un reto a nuestro intelecto,
a nuestra espiritualidad, a nuestra fe
y a nuestra confianza en el Señor,
y para motivarnos a querer hallar las soluciones!
Cuando quiere hacernos ver Su voluntad,
a veces nos enfrenta con enigmas desconcertantes.
¡Casi le gusta dejarnos perplejos con esos misterios,
porque así nos hace orar con ganas!
Nos habla con acertijos y misterios,
pero casi siempre nos da la punta del hilo de la madeja,
y luego sigue dándonos pistas que conducen a la solución.
Nos conduce paso a paso,
pero nunca sabemos lo que sucederá
hasta que damos el paso siguiente. (Sal.37:23)
Prefiere que busquemos por nosotros mismos,
pues ello nos hace poner en juego nuestra fe en Él,
en Su Palabra, en Su divina guía y magnanimidad
y en Su amor paternal.
Demostramos confiar en Él cuando obedecemos,
a pesar de que ignoremos
qué nos espera al final del camino.
Tal vez no veamos la salida,
tal vez desconozcamos la solución,
es posible que ni siquiera sepamos adónde nos lleva
ni qué nos iremos a encontrar,
pero confiamos en que Dios cumplirá Sus promesas.
Como hizo Abraham cuando obedeció a Dios
y salió, sin saber adónde iba. (Heb.11:8)
¿No te gustan a ti los misterios?
¡A Dios sí!
Tomado de Motivaciones.org
CARITAS Un dios para tu hermano
Tomado de ADVIENTO Y NAVIDAD 1991.Págs. 55-59
Tomado de Anecdonet
Sobrado 1 mayo, 2022
2022
CANTO
Benedicta sit | Canto Gregoriano | Gregorian Chant
BENEDICTA SIT • JULIANO RAVANELLO
Taizé song | Tu sei sorgente viva
https://youtu.be/NM3HIoq-Tv8 INSTRUM
TU ERES FUENTE VIVA, ERES FUEGO Y CARIDAD
VEN ESPÍRITU SANTO VEN ESPÍRITU SANTO
Eres mi Dios – Jose Ibáñez – MÚSICA CATÓLICA
Que sean uno Grupo Ixcís
Dentro De Ti Tere Larrain
Dios mío, Trinidad a quién adoro – Juan Jáuregui
CANTO A LA SANTÍSIMA TRINIDAD – EL DIOS UNO Y TRINO
BLANCA – La Bondad de Dios
https://youtu.be/_EB1TlstLx8 pinano
Siloé – Santa Trinidad
2022
La muñeca de sal – ixcis
todos uno ixcis
«Solo tu Espiritu», Ixcís
Himno de la Trinidad CRISTOBAL FONES
Estás Dentro de Mí TERE LARRAIN
dentro de ti tere larrain
Dios Uno y Trino Hnas de María de Schoenstatt
Vive en Mi – Grupo Rojo
https://youtu.be/yL97mmMTr6w INSTR
They Call Me Trinity Lyrics // me llamaban trinidad letra
VIDEO
La Santísima Trinidad – Padre Ángel Espinosa de los Monteros
2022
MATERIAL MULTIMEDIA
2025
Lo eterno que hay en Ti. Por Eckhart Tolle. Ahora puedes disfrutar y aceptar las cosas de este mundo sin darles una trascendencia que no tienen…
Sin ver, confío en tu Amor. Por Sebastián Yatra.Tu palabra es fe en mi interior y tu luz me llena el corazón.
Salomé Arricibita: Padre, Hijo y Espíritu. En el Nombre del Padre y del Hijo, que el Espíritu sople y nos renueve, nos ventile la casa, nos airee los miedos, que nos lleven volandas hacia los otros, hacia nuestros hermanos.
Al sagrado corazón. Por Maxi Larghi. Presentación Lenin Vladimir Cárdenas.¡¡Confío en Dios!! Que con todo ese Amor, está en mí y en toda la humanidad y que tanto necesitamos sentirlo y vivirlo.
Equipo Quiero Ver: Canto de Amor y Vida. Para recibir lo que se nos propone debemos ser gente de acogida, estar con los brazos y el corazón abiertos y si es junto a otros, mucho mejor. Dios es vida compartida, amor comunitario, comunión de personas. Creer en la Trinidad es creer que el origen, el modelo y el destino de toda la vida es el amor compartido en comunidad, encontrándonos todos en esa sociedad en la que cada uno pueda ser él mismo en plenitud, feliz en la entrega y solidaridad con el otro. Dejemos actuar al Espíritu.
Dios con nosotros. Por Cristóbal Fones SJ.Dios con nosotros en el diario caminar, luz que entre sombras traes Vida, traes Paz, acompáñanos en estos días de guerra y llanto, para llenarnos y llevar ese Amor Incondicional que somos, impregnando de esperanza tanto sufrimiento. ¡¡Que pare ya y que seamos capaces de escucharnos!!
2022
Nada es más importante que tu inmensa presencia. Muy breve, pero intensa reflexión, para oírla una y otra vez, cada día. Ánimo y sé constante, es preciosa!!!
Darnos del todo. Por Ixcís. Canción basada en palabras de Santa Teresa de Jesús, con una inspiración que llega a nuestros días, impregnada de una enorme presencia amorosa.
Salomé Arricibita: Cambia nuestro corazón. Que el Espíritu sople, sí… que sople con fuerza para cambiarnos el corazón porque así cambiará la faz de la tierra. ¡Que dejemos que el Espíritu nos habite y nos anime! ¡¡¡FELIZ PENTECOSTÉS!!!
¿No lo notáis?Por Ain Karem. Ya está brotando… abramos los ojos y el corazón al Amor, porque “yo soy el Señor”. ¿Así queremos vivir?
Equipo Quiero Ver: Déjate sorprender. Dios a veces nos parece muy complejo porque queremos entender lo que nos supera. Para comprender mejor nuestra vida debemos estar más abiertos a los demás, dejándonos sorprender y disfrutándolo.
Agárrate a la vida. Por Rozalén. ¡¡La ilusión puede volver y agarrarte a la vida!! Impresionante y hermosa canción, que nos sensibiliza. Gracias por encender una luz en nuestros corazones, sobre un tema tabú y que puede dar más visibilidad a nuestro bienestar mental y emocional y que para muchas personas que viven un infierno, puede aportarles luz y amor.
2019
¿Qué es la espiritualidad laica? Por Borja Vilaseca. El primer paso a la libertad es conectarnos con el ser divino que llevamos dentro, y experimentar a Dios en nuestro interior.
Ven Espíritu Divino. Por Canto Católico. Un canto al Espíritu precioso, que te llenará de paz.
Salomé Arricibita: Trinidad. Padre, derrama en nosotros tu Espíritu, y haznos vivir en tu abrazo.
Sigue los dictados de tu corazón… porque cada uno de nosotros es único y nuestras vidas están marcadas por diferentes experiencias. Somos los hijos amados del Dios de la Vida.
Equipo Quiero Ver: Lo más importante. Dios es vida compartida, amor comunitario, comunión de personas, está en las raíces mismas de nuestra vida y de nuestro ser, pero no siempre estamos abiertos y, lo que el Espíritu nos revela y comunica, pasa desapercibido.
La tiranía de los deberías. Por Laura Rojas-Marcos. Cuando no hemos descubierto nuestra profunda identidad divino, la falta de valía llena nuestro corazón y nos llena de miedo y confusión.
2016
Meditación de la respiración. Por Vicente Simón. Sencillo y amable ejercicio, que nos enseña a cuidar de nosotros mismos, de nuestro interior, tomando contacto con el núcleo más profundo de nuestro Ser, y sintiendo paz y agradecimiento.
Ven, Espíritu de Dios. ¡¡¡Inunda mi mente y mi corazón de tu luz, para que viva desde el Amor que soy, acogiendo sin juzgar, la Vida en plenitud!!! Presentación: Lenin Cárdenas.
Salomé Arricibita: Trinidad. Que sople el Espíritu con fuerza hasta despeinarnos… ojalá sepamos vivir despeinados. Presentación de Lenin Cárdenas.
Esto también pasará. Regálate diez minutos para cuidar de tí, de tu corazón; viendo y escuchando este cuento con mirada de aprendiz, dejándote sorprender y descubriendo algo nuevo, quizás pequeño, pero importante en tu vida.
Equipo Quiero Ver: Personas que inspiran. El Dios que nos constituye, es nuestra fuente inagotable de inspiración, fuerza y vitalidad.
La sabiduría de la mente y del corazón. Por Ramiro Calle. Mientras escuchas estas palabras, el espíritu se llena de amor compasivo, paz, e iluminación.
LA PARADOJA DE LA VERDAD
Fiesta de la Trinidad
16 junio 2019
Jn 16, 12-15
El autor del evangelio pone en boca de Jesús la promesa del Espíritu, a quien nombra como “Espíritu de la verdad”, que habrá de conducir a los discípulos hasta la “verdad plena”.
Habitualmente confundimos la verdad con las creencias, sean estas del tipo que sean. Y, en nuestra ignorancia, no es raro que nos sorprendamos diciendo: “Esta es la verdad” o “Yo tengo razón”. Olvidamos que la verdad no puede ser atrapada por la mente, no puede ser pensada ni puede ser pronunciada. Todo lo pensado y hablado –todo lo que puede salir de nuestra boca– son solo construcciones mentales.
La Verdad desnuda y relativiza las creencias. Y no está más cerca de la Verdad quien más creencias tiene, sino quien más la encarna porque lo es –y la vive en forma de Unidad, de Amor…–. La Verdad no se puede pensar; solo se puede ser; y cuando se es, se conoce. Lo que ocurre es que, como ha escrito Javier Melloni, “todas las religiones corren el riesgo de creer que, en lugar de pertenecer a la Verdad, la Verdad les pertenece”.
La verdad no puede ser pensada; puede ser vivida. Como dijera Jesús, somos la verdad. Porque la verdad es una con realidad. De ahí que no lleguemos a ella por medio de un conocimiento mental –por reflexión–, sino gracias al conocimiento por identidad: conocemos la verdad porque –y cuando– la somos. Imposible de ser pensada, solo puede ser “sida” y vivida.
Ese es el motivo por el que la verdad nunca fanatiza, no es proselitista, no sostiene nuestra necesidad de tener razón… La verdad, más bien, nos desnuda y nos silencia y, de ese modo, nos transforma en –siempre la paradoja– aquello que somos.
Tiene razón el cristiano ortodoxo Paul Evdokimov, cuando presenta al verdadero teólogo como aquel que solo habla de aquello que sabe; por eso mismo, es también alguien que “no especula sino que se transforma”. Donde no hay transformación, no hay verdad: puede haber mucha erudición, muchas creencias, muchos conceptos, mucha información…, pero nada de eso es la Verdad.
La Verdad nos lleva a reconocer la paradoja que aparece expresada cuando unimos las palabras de Sócrates y las de Jesús: “Solo sé que no sé nada” y “Yo soy la verdad”.
Cuando reconozco y comprendo que nuestra identidad no es el yo o personaje, sino el Fondo de lo que es, experimento que soy uno con la Verdad. Y en ese mismo instante caigo en la cuenta de que mi mente, en realidad, no sabe nada.
Es decir, la paradoja se resuelve en cuanto caemos en la cuenta de que, en contra de lo que parece a primera vista, el sujeto de aquellas dos frases no es el mismo. El “yo” que no sabe nada es el yo-mental (el yo separado que la mente piensa que somos); por el contrario, quien afirma ser la Verdad es el “Yo” único que se experimenta como “Yo Soy” –sin añadidos– y que constituye nuestra identidad profunda.
¿Vivo, en la práctica, de manera consciente, esa paradoja?
Fiesta de la Trinidad, Domingo de DiosTrinidad: Dios es Amor
13.06.2019
Xabier Pikaza / Nereo Silanés (eds.), Diccionario teológico. El Dios Cristiano (Trinidad), Secretariado trinitario, Salamanca 1992, 1539 págs. A gran formato y doble columna. Con 170 voces y la colaboración de 70 teólogos, la mayoría españoles. Fue y sigue siendo quizá la mayor aportación de teología dogmática de los últimos 50 años, en lengua española.
Iniciamos la obra hace 30 años, el profesor Nereo Silanes y un servidor, para culminarla tres años después. Entre sus colaboradores escogimos a los mejores especialistas españoles (con algunos extranjeros) de finales del siglo XX, todos ellos amigos y colegas:
‒ obispos y cardenales, como E. Romero Pose, Julián López, A. González Montes y L. Ladaria (actual Prefecto de la C. para la Doctrina de la fe), L Scheffcyk…
‒ dogmáticos, como S. Del Cura, J. L. Ruiz de la Peña, M. Gelabert, J. Martín Velasco, E. Tourón, G. R. García Murga, J. M. Rovira Belloso, M. Gesteira y L. Armendáriz…
‒ biblistas, como G. Aranda, F. Contreras, F. García López, J. Vílchez, M. Navarro y D. Muñoz‒León…
‒ con un grupo escogido de teólogos europeos y americanos, como: Piero Coda F. Courth, Ch. Duquoc, A. Meis, A. Milano,C. Moreschini, G. Salvati, B. Sesboüe,
La obra fue y sigue siendo una aportación fundamental de la teología trinitaria del último medio siglo y no ha sido superada todavía; ella recoge desde una perspectiva clásica y moderna, bíblica y dogmática, eclesial y antropológica, las dimensiones y matices del Dios Trinitario y de su presencia en la Iglesia y en la vida de los hombres; y así quiero presentarla este año, recordando ante todo al co-editor y amigo (N. Silanes), y con él a otros que, como él, han marchado ya a la “casa” de la Trinidad, que tiene muchas moradas, entre ellos Mons. Romero Pose y J. L. Ruiz de la Peña, G. Aranda y F. Contreras, J. M. Rovira Belloso y L. Scheffcyk.
La obra se encuentra aún en activo, tanto en su edición española como brasileira (imagen 1 y 2), y puede conseguirse on line sin dificultades (tanto en la Editorial y en Amazon como en Scribd). Aquí no puedo recoger otros trabajos, quizá más significativos, sobre los términos clave de la teología trinitaria, como son Padre, Hijo y Espíritu Santo, Persona y Relación, perijóresis e historia, liturgia, mística y filosofía (pues no son míos, aunque yo los encargara)… A modo de ejemplo, reproduzco mi entrada “Amor”, que puede entenderse como resumen y ejemplo de la obra, tal como la ideamos y realizados hace ya casi treinta años el Prof. N. Silanes y un servidor.
TRINIDAD ES AMOR (Pikaza)
SUMARIO:
I. Eros y Agape: amor griego, amor cristiano.—II. Amor y compasión: cristianismo y budismo.—III. Amor y Trinidad: la comunión divina.—IV. El Espíritu Santo como amor personal.—V. Trinidad y metafísica de amor. Sentido de Cristo.
Como indica el sumario, hemos trazado algunos rasgos importantes del amor para entenderlos luego en clave trinitaria. Comenzamos situando el tema en un nivel de historia de las religiones: comparamos el amor cristiano y griego (agape y eros). Después lo interpretamos desde el fondo del budismo (compasión y caridad). Sólo entonces trataremos del amor cristiano visto en clave trinitaria. Para culminar el tema ofreceremos una breve visión de las personas trinitarias (especialmente el Espíritu Santo) desde el fondo de una teología del amor.
I. Eros y Agape: amor griego, amor cristiano
La religión griega del eros aparece como praxis salvadora que se funda en el orfismo y la piedad de los misterios. Ella quiere liberar la luz divina de los hombres, conquistando y recreando su verdad originaria, cautivada en una cárcel de dolor, sombra y materia. Lógicamente, el alma debe aprender a liberarse por la acción centemplativa o religiosa que le lleva a descubrir su realidad original y retornar de esa manera a lo divino.
Platón ha elaborado los principios que le ofrece la tradición anterior y edifica desde el eros un espléndido sistema de verdad, de salvación y pensamiento. La visión del eros, que Platón ha presentado desde el mito anterior, presupone en realidad que el hombre es ahora esclavo: está cautivo sobre el mundo pero guarda las semillas del recuerdo de su vida originaria. Ese recuerdo, reflejado germinalmente en el eros, le conduce a partir de los valores sensibles de este mundo (cuerpos, ideales…), hacia el bien de lo supremo como meta donde puede sosegar y realizarse su existencia. El amor es, por tanto, una potente fuerza de atracción que, al inquietarnos en el mundo, nos inmerge en la ansiedad y nos conduce hacia la idea y la bondad de lo divino. Según esto, no hay eros en Dios, pues a Dios nada le falta en su existencia. Tampoco puede hallarse entre los hombres que se encuentran perdidos en los bienes de la tierra. El eros es la fuerza ascensional, aquel impulso que constantemente lleva desde el mundo sensible y limitado, a la verdad de lo que somos en lo eterno. Por eso tienen eros o son eros solamente aquellos hombres que partiendo de los bienes de este mundo, se elevan y dirigen en camino de amor hacia el sentido y bondad de lo divino. El eros de la carne (amor corporal) se supera y se transciende haciendo que surja de ese modo el proceso del «eras espiritual».
Nygren, sistematizador protestante del tema, ha distinguido en la visión del eros estos momentos. a) Es amor-deseo que nos lleva a superar la privación en que ahora estamos, caminando hacia un estado de existencia más dichoso. b) Es anhelo que conduce desde el mundo a lo divino. Por eso, Dios no ama ni tampoco aquellos que prefieren contentarse con la tierra, c) Es amor egocéntrico: es nostalgia de conquista, un gran deseo por lograr y disfrutar lo que nos falta. Sólo en el momento en que, inmergidos en Dios, hayamos colmado la ansiedad y realizado nuestro anhelo, cesaremos en la marcha: se habrá cumplido el eros, no seremos más cautivos de la tierra; la historia habrá cerrado su camino, quedará la eternidad.
Por encima de este anhelo, el cristianismo ofrece la presencia salvadora de Dios en Jesucristo. Lo que importa no es que el hombre haya querido subir hacia los cielos. El misterio está en que Dios ha descendido de manera salvadora hasta la tierra. Esto lo expresa el NT al acuñar de un modo nuevo la palabra antigua agape.
El agape es un amor espontáneo y no egoísta. Su principio está en el Dios que de manera gratuita ha decidido entregar su vida por los hombres. Por eso el agape no depende del valor de los objetos. Dios no se ocupa sólo de los buenos: ama con fuerza especial a los pequeños y perdidos, ama a todos los que sufren, inaugura de esa forma un modo nuevo de existencia. Por eso, en el principio del amor no hay un ascenso hacia la altura, ni tampoco una justicia que sanciona a los perfectos. El amor se manifiesta y triunfa en la vida que se entrega, en el misterio de Dios que nos ofrece su asistencia.
Esto supone que el agape es creador. El eros nada crea, simplemente tiende hacia la fuente de la vida verdadera. Por el contrario, el agape recrea a las personas: amar implica hacer que surja, que se extienda la existencia, que haya esperanza en la desesperación, perdónen el pecado, interés donde existía sólo indiferencia, vida en medio de la muerte. Finalmente, el agape es comunión. Mientras que el eros busca la fusión del hombre con su raíz originaria, el agape le capacita para amar a las personas: invita a realizar la comunión entre los hombres, conduciendo hacia el encuentro interhumano o dirigiendo hacia el misterio de la unión de Dios con nuestra historia.
El eros es la tensión de los hombres que pretenden ascender hacia su centro en lo divino. El agape es, al contrario, la expresión de la presencia salvadora de Dios sobre la tierra: por eso ofrece unos matices creadores, se refleja de manera preferente en el abismo de la cruz de Jesucristo y se explicita en el amor al enemigo. Para el eros, carece de sentido hablar de entrega de la vida «por los malos»: el amor al enemigo resulta inconcebible. En el agape eso es primario: sólo existe amor auténtico y perfecto donde el hombre se dispone, como Cristo, a realizarse en apertura hacia los otros. Amar es dar la vida. Y es hacerlo en gratuidad, porque merece la pena conseguir que el otro sea. Amar es darse, hacer posible que haya vida entre los hombres, en gesto de absoluta limpidez, sin intereses, en camino que culmina allí donde se ayuda al enemigo.
Los cristianos protestantes acentúan, de una forma general, la oposición del eros y el agape: frente a la búsqueda idolátrica del hombre está la gracia salvadora de Dios; frente al amor como deseo y como mérito (eros) el misterio de Dios que nos regala en Jesucristo su existencia (agape). Pues bien, matizando esa postura debemos afirmar que el eros y el agape se penetran, se enriquecen y completan. El eros representa el ser del mundo, es la tendencia natural de los vivientes que se expanden y realizan. Sin eso que llamamos el «deseo físico» del eros nuestro ser de humanos quiebra y se deshace.
Sólo porque hay eros (porque el ser humano busca su propia plenitud) puede hablarse de agape (gesto de salida, de entrega hacia los otros). Pues bien, esta unión de eros y agape sólo la podemos entender de una manera original en lo divino. El NT (1 Jn 4, 16) ha confesado de forma lapidaria que Dios mismo es agape, donación de amor gratuito. Los cristianos lo interpretan ciertamente en nivel de economía salvadora: Dios es ágape entregándose de forma gratuita hacia los hombres. Pero resulta necesario dar un paso más diciendo: Dios nos puede regalar su amor porque él mismo es misterio de amor inmanente.
Ésta es la mejor definición de la Trinidad: es el agape de Dios, la comunión personal en que Padre e Hijo en el Espíritu se ofrecen y regalan de manera gratuita la existencia. Pero siendo agape (amor como regalo), Dios mismo es eros: es gozo de sí mismo, plenitud ya realizada a modo de comunión entre personas. Al darse al Hijo (agape) el Padre encuentra su gozo y plenitud en ese Hijo (eros); por su parte, el Hijo halla y plenifica su propio ser (eros) cuando devuelve su misma realidad y plenitud al Padre (agape). Dando un paso más, podemos añadir que el mismo Espíritu Santo es a la vez agape y eros: es gratuidad y gozo de amor compartido.
Presentemos de otro modo el tema. El Padre se ha entregado en manos de su Hijo: no retiene absolutamente nada; nada deja en su reserva. Éste es el principio del agape. Pues bien, en un milagro de absoluta comunión, el Hijo ha retornado nuevamente al Padre todo aquello que del Padre ha recibido. De esa forma, por medio del agape, encuentra el eros, el gozo más perfecto. En el juego de don y de respuesta, de gracia que se entrega y vida que retorna y se devuelve a modo de regalo, eros y agape se fecundan y completan. Aquí se ha desvelado el amor como divino. ¿Quién es Dios? Aquel que, poseyéndose a sí mismo plenamente (Padre), se entrega plenamente suscitando al Hijo. De esa forma se define como encuentro. Es eros: gozo de sí mismo. Es agape: donación perfecta.
2. Amor y compasión: cristianismo y budismo
Venimos de esta forma hacia el oriente, tal como aparece reflejado en el budismo. En esta perspectiva el mundo se desvela como abismo de dolor que nos tritura, un gran molino que destroza año tras año, reencarnación tras reencarnación, nuestra existencia. Sobre ese presupuesto se edifica la palabra y el mensaje original de Buda, resumido en las cuatro «nobles verdades».
Primera verdad: todo es dolor; dolor el nacimiento y la muerte, la unión y desunión; la vida entera sobre el mundo es un destino de separación, impotencia y sufrimiento. Segunda verdad: el origen del dolor es el deseo, la sed de la existencia que nos tiene atadosa la rueda de una vida en la que estamos cautivados. Tercera verdad: para librarse del dolor es necesario extinguir los apetitos, desarraigando la raíz de los deseos. Cuarta verdad: en este mundo de deseos destructores es posible hallar un camino salvador, la famosa vía media que conduce a la superación de los dolores, a través de una disciplina mental, una concentración intensa y una conducta ética adecuada.
Lógicamente, a partir de ese transfondo, Buda ha prescindido de los dioses. ¿Qué ventaja puede haber en Dios si Dios se encuentra también dentro de esta rueda sufriente del destino? Sobre un mundo destructor como el nuestro no se puede hablar de lo divino. Es preferible hacer silencio y sobre el hueco de todas las imágenes sagradas buscar y recorrer aquel camino de ser y libertad que nos permita llegar hasta la meta de una vida liberada, no mundana (lo nirvana).
Esto supone que los hombres son capaces de librarse del destino, desatarse de esta vida de dolor que en realidad es muerte. ¿Cómo? Por medio de un retorno al interior, por una vida desligada de apetitos, transformada, sin deseos. Este es el punto de partida y centro de toda la experiencia religiosa. A partir de aquí, el budismo ha elaborado un programa de amor impresionante, concibiendo la vida como solidaridad en el sufrimiento y compasión liberadora. Su primer rasgo se llama maitri o benevolencia. Quien ha sido iluminado y sabe cómo puede superarse la cadena del destino y de la muerte se comporta de un modo dulce y discreto. Es cordial y es afectuoso. Nada puede perturbarle, nunca debe airarse. En medio deuna tierra dura y mala, destrozada por el odio, las pasiones y deseos, el auténtico budista sabe ser y comportarse de manera amable. Todo lo comprende, pero nada llega a perturbarle.
En un segundo momento es necesario el dana: regalo o donación. Su base es clara: todo sufre, se retuerce y gime en una tierra calcinada. El budista iluminado ya conoce su final de salvación, pero igualmente sabe que el dolor es destructor y quiere, en lo posible, remediarlo o, por lo menos, no aumentarlo. Por eso actúa bien e intenta ayudar al que está necesitado.
Todo eso lleva a la karuna: compasión piadosa. En el fondo de ese gesto hallamos la intuición de que el dolor, siendo muy fuerte, puede superarse. En un primer momento, cada humano ha de asumir a solas su camino y alcanzar la libertad por medio de su propia actitud de desapego. Sin embargo, el verdadero iluminado sabe que no puede separarse de los otros, sufre su dolor, se compadece de ellos, y procura abrirles el camino de la libertad definitiva. Ese fue el gesto de Buda: una vez iluminado, descubierta su verdad e inmerso en una vida sin dolor y sin deseos, dejó a un lado su propia plenitud transfigurada y ofreció su mensaje salvador a los necesitados.
Esta experiencia del budismo representa una de las máximas conquistas de la historia humana. Quizá nunca se había llegado tan arriba. Sin embargo, debemos añadir que eso resulta a nuestro juicio insuficiente. Aquí falta el gozo de la gratuidad como amor positivo que lleva hacia los otros; falta la vivencia de la comunión, el encuentro interhumano como signo primigenio del misterio;y falta, sobre todo, un Dios activo y personal que nos ofrece amor desde su hondura efusiva, trinitaria. Llegamos en busca de eso al cristianismo.
Según el cristianismo, más allá del sufrimiento y el dolor del hombre se halla la fuerza creadora de Dios. El mundo es positivo; Dios mismo lo ha creado. Por eso, superando los dolores se puede llegar a la confianza originaria: es la actitud del que se pone en brazos de la vida descubriendo en ella los signos de presencia de Dios.
Antes que la compasión del hombre está la compasión de Dios. Hay en la Biblia una palabra audaz, aventurada, milagrosamente fuerte: Dios tiene piedad de los hombres, amándoles desde el fondo de su mismo sufrimiento. Sobre esa base, se puede trazar luego una distinción. a) El Dios de Israel se compadece de los hombres pero queda fuera: sufre su dolor, le duele su miseria…, pero siempre se halla encima, está como guardado en su propia transcendencia. b) El Dios de Cristo ha dado un paso en adelante: penetra en la miseria de la historia, la padece en su interior y de ese modo la transforma.
Verdadero compasivo en esta línea cristiana no es aquel que saca al otro de la muerte o quiere hacerle desligarse de la vida. Compasivo es el que crea —el que hace ser—, el que acompaña en el dolor, el que transforma así la vida de los otros. Para el budismo, la compasión era elemento negativo: se debe acompañar a los hermanos para que ellos mismos se puedan desligar del sufrimiento y riesgo de la historia. El cristianismo, en cambio, sabe que sólo es verdadera aquella compasión que nos convierte en creadores. Sólo es digno de crear quien introduce su existencia en lo creado, quien se arriesga con sus obras, quien padece en ellas y las lleva en el regazo de su propio sufrimiento. ¡Así ha creado Dios! Lo hace arriesgándose, queriendo que seamos escandalosamente libres, para solidarizarse después con nuestra libertad y realizar nuestro destino. Por eso, la compasión es un gesto expansional de fuerza creadora: implica un movimiento de creatividad intensa, libre. Sobre la cruz del dolor de su Hijo, Dios ha decidido que este mundo permanezca y llegue a ser, creándolo de un modo personal, comprometido.
Pues bien, esta compasión creadora sólo es posible allí donde se aume el valor de las personas. Conforme a la vivencia del budismo, lo sagrado (Dios, Nirvana) ha de entenderse en forma negativa: es la libertad plena del pleno silencio, allí donde no existe la multiplicidad ni las personas; por eso, el amor compasivo de los budistas consiste, en el fondo, en acompañar a los demás en el camino que lleva hacia la muerte o deshacimiento. Por el contrario, el cristianismo ha resaltado el valor de las personas: lógicamente, la verdadera compasión consistirá en amar a los demás como distintos, ayudándoles a ser independientes, creadores de sí mismos.
Esta actitud cristiana sólo puede interpretarse y valorarse en perspectiva trinitaria: amar consiste en hacer que el otro sea. Por eso decimos que el Padre entrega su propia realidad (sustancia) al Hijo, haciendo de esa forma que se vuelva independiente (persona). Hijo y Padre se regalan y comparten la sustancia (divinidad) en gesto de amor compartido (en el Espíritu). Los hombres de este mundo son imagen trinitaria: por eso han de ayudarse en gesto de compasión creadora, ofreciendo y compartiendo la existencia.
En ese fondo debe interpretarse ahora la maitri o benevolencia, lo mismo que la lona o donación y la karuna o compasión piadosa. El verdadero amor consiste en dar la vida al otro, haciendo así que el otro sea. Amor es igualmente el gesto de acogida: recibir lo que ofrece el otro, agradecer a Dios (y a los demás) el gran regalo de la vida. Amar es, finalmente, compartir. Por eso decimos que el amor es trinitario.
Ésta es la diferencia fundamental. El budismo no cree en la Trinidad: no ha sabido penetrar más allá del silencio de Dios, descubriendo en el principio del Nirvana el gran misterio de la personalidad divina (amor del Padre y el Hijo en el Espíritu); por eso no ha podido aceptar la encarnación, no descubre la presencia de Dios en el mundo ni valora a las personas. Ciertamente, es buena la compasión budista; quizá es la forma suprema de amor que los hombres pueden descubrir sobre la tierra. Pero más allá de esa compasión y su nirvana está el amor trinitario de Dios, encarnado en la vida y pascua de Jesús, el Cristo.
La visión del amor une en gran medida a cristianos y budistas, de manera que les hace compañeros de camino en el esfuerzo por vencer la violencia de este mundo. Pero ese mismo amor separa luego a cristianos y budistas. Más allá de la negatividad del amor, los cristianos han descubierto el misterio activo de un Dios que siendo comunión personal eterna nos lleva al encuentro interhumano (de ayuda dirigida hacia los otros) en camino sostenido por la Cruz y Pascua de Jesús, el Cristo’.
3. Amor y Trinidad. La comunión divina
Precisamos los supuestos del tema. Dios no es cosmos: no es el todo que se impone a cada una de las partes, ni es el juego de las partes que entrechocan, nacen, mueren en el todo. Dios no es sexo, no es la unión originaria de los dos grandes principios de la vida que se expanden y despliegan de manera hierogámica; no es potencia masculina, ni es hondura femenina, ni la unión engendradora de ambos sexos. Dios no es eros separado: no es poder de ascenso-anhelo que nos lleva desde el mundo bajo, oscuro, hacia la luz originaria o amor pleno; no es lo de arriba como opuesto a nuestro abajo, ni tampoco el movimiento donde todo se vincula. Dios no es pura compasión, el gesto negativo del que deja los valores de este mundo mientras busca el verdadero ser en el rechazo de todos los dolores y deseos.
¿Qué es entonces? Con palabra de 1 Jn 4, 16 diremos de nuevo que es agape, el amor que se autoofrece y se regala a manos llenas para dar así la vida. Dios es la comunión originaria y transcendente que funda los caminos de los hombres y se asienta en su principio sin principio. Pues bien, por un misterio de apertura generosa que no podemos ni siquiera barruntar, el mismo Dios ha decidido expandir su comunión a nuestra historia, a través del nacimiento y de la muerte de Jesús, el Cristo. Por esodecimos que es regalo de vida y de gracia.
Dando un paso más podemos afirmar que esa comunión de Dios (misterio trinitario) ha de expresarse como metafisica del amor donde encontramos estos dos, planos. a) Por un lado el amor de Dios es fundamento de la historia: es la verdad, sentido y fuerza de la entrega de Jesús entre los hombres. b) Pero el amor es, a la vez, la hondura y la verdad eterna del encuentro primigenio que vincula al Padre con el Hijo en el Espíritu.
Nuestra fe se asienta en Jesús crucificado, Hijo de Dios, que nos ofrece su vida por la muerte. Arraigados en Jesús, hemos creído en el Padre que le envía y resucita y aceptamos la fuerza de su Espíritu. Por eso, la palabra trinitaria, como fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu, resulta inseparable de la muerte de Jesús y viceversa. Una Trinidad sin el misterio de la cruz resultaría idolatría; y una cruz sin el transfondo trinitario, sin abrirse al Padre en el Espíritu, termina destruyéndose en la tierra, convertida simplemente en muerte de la vida humana. A partir de aquí podemos llegar a una visión más honda del misterio. A lo largo de la historia hallamos varias formas de entender la Trinidad. Unos, sobre todo entre los viejos Padres griegos, toman como base el proceso de génesis de la realidad que se explicita y completa como ousía, dynamis y energueia, es decir, en tres momentos. Los autores de occidente se han fijado más en la experiencia de una mente que, al saberse y al quererse, se disocia y distingue personalmente, desde dentro. Hegel ha empleado una dialéctica de ideas… Yo he querido situarme en una línea que está cerca de Ricardo de san Víctor.
Su argumento es como sigue: Dios es amistad activa, caridad y, por lo tanto, necesita dar y recibir, hacerse encuentro. No existe amor sin comunión, sin desprenderse de sí mismo, darse al otro y encontrarse nuevamente a partir de su respuesta. Por eso, siendo amor originario, el Padre —que es principio divino sin principio— hace surgir gratuitamente al Hijo, para darle todo su misterio y realizar así el encuentro. Actuando de esa forma, el Padre aguarda: deja que a su vez el Hijo le responda. De ese modo surge la amistad en comunión: Hijo y Padre sólo tienen ser en la medida en que lo entregan y comparten.
A partir de aquí debemos dar un paso más. Sólo surge comunión definitiva si el amante y el amado concretizan su amor en un tercero, de tal forma que al mirarse y regalarse el uno al otro llevan su amor hasta la cumbre. Ese «tercero», como signo de unidad del Hijo con el Padre, ha recibido en la experiencia de la Iglesia un nombre: es el Espíritu Santo.
Evidentemente, al emplear este modelo, Ricardo de san Víctor se ha basado en la familia. Pero en este mundo, los esposos y los hijos nunca llegan a ser amor eterno, ya perfecto. En eso se refleja la riqueza y tragedia de su historia. Dios, por el contrario, concretiza el amor de un modo pleno en el encuentro del Padre con el Hijo, tal como se expresa y plenifica en el Espíritu.
Éste es el esquema de Ricardo de san Víctor. a) Dios es creatividad: vida que se expande de manera gratuita y total, sin recelos ni egoísmos. Así lo descubrimos en todo su proceso y de un modo especial en su principio, el Padre. b) Dios es amistad: la fuerza de la vida no se pierde de una forma arbitraria: al contrario, lo divino se realiza como encuentro entre personas. Sólo quien comprenda y vea unidos estos dos aspectos puede barruntar lo que supone el ser divino, como vida en comunión para expandir la vida. c) Ese misterio de unidad de Padre e Hijo ha de tomarse y entenderse como gracia o como amor hecho persona: es la santidad del mismo amor, la dualidad de aquel «nosotros» personal y personalizante del Padre con el Hijo en el Espíritu. Por eso, el Espíritu no es un simple ámbito divino, un «ello» que no tiene caracteres de persona; el Espíritu es la misma comunión del encuentro intradivino, la unidad donde, levando a plenitud el mío y tuyo, como sujetos contrapuestos, surge el nosotros personal de la gracia compartida, el Espíritu de culminación de lo divino.
De esta forma se vinculan y de algún modo se vinculan en clave de amor los dos principios fundamentales del cristianismo: la Trinidad de Dios y la encarnación-pascua del Hijo. El mismo amor eterno de Dios (Trinidad inmanente) se despliega y revela en el amor histórico del Hijo Jesucristo, que muere en favor de los hombres, por fidelidad al reino (Trinidad económica). En esta perspectiva, desde la revelación pascual del amor del Hijo debe completarse la visión en principio un poco inmanentista de la Trinidad que tiene Ricardo de san Víctor. Desligado del mensaje y de la muerte, de la Pascua y vida de Jesús, el amor trinitario correría el riesgo de convertirse en una especie de especulación gnóstica.
4. El Espíritu Santo como amor personal
Tres son, a mi juicio, las formas de entender la relación entre el Espíritu Santo y el amor como indicaremos brevemente en lo que sigue. Recordemos que la persona o personalidad del Espíritu se encuentra velada en el misterio: podemos esbozar un poco su verdad, pero nunca llegaremos a entenderla plenamente.
- La primera perspectiva entiende la persona del Espíritu en la línea de realización del ser que culmina su proceso amándose a sí mismo. Más que persona (en el sentido moderno), el Espíritu es modo final de la personalización de un sujeto que, conociéndose, se ama, es decir, descansa en sí mismo, ratificando y fijando su propia realidad. Así puede llamarse «culminación de Dios»: su proceso personal queda completado y clausurado en el amor pleno del Espíritu. Dios no es una línea siempre abierta que jamás llega al descanso, no es un círculo que vuelve sin cesar sobre sí mismo: es línea o círculo cumplido y la meta o realización de su proceso es el Espíritu Santo. Por eso se le llama amor, porque en amor culmina el encuentro del ser (de Dios) consigo mismo. En esta perspectiva se pone de relieve el movimiento de la naturaleza divina que se sabe, dualizándose en Padre e Hijo, y se ama, trinitarizándose en el Espíritu. Los comentaristas suelen discutir sobre la forma en que Tomásde Aquino ha concebido este proceso final de espiración de amor en que surge el Espíritu Santo. Pero casi todos tienden a pensar que en esta línea el Espíritu Santo no aparece como amor dual (de Padre e Hijo) sino como amor de esencia: es la naturaleza divina que, sabiéndose (siendo Padre-Hijo) se ama a sí misma.
Padre e Hijo, separados entre sí en el conocer, no se distinguen ya al amar. Por eso aman los dos como uno sólo, con el amor de la esencia divina que vuelve hacia sí y en sí reposa. De esta forma se completa el proceso personal del Dios que es divino, persona, siendo dueño de sí mismo, conociéndose y amándose. Situados ante esta solución, los teólogos orientales ortodoxos han protestado enérgicamente. Ellos suponen que esta forma de entender la unión de Padre e Hijo en el origen del Espíritu supone un triunfo de la pura esencia: no serían ya las personas las que actúan como tales sino la misma naturaleza de Dios que al amarse suscita (espira) el amor pleno y final del Espíritu Santo.
- La segunda perspectiva entiende la persona del Espíritu partiendo de la unión dual de Padre e Hijo como personas distintas que se aman. Hemos citado ya a Ricardo de san Víctor. Conforme a su visión, el Espíritu Santo no es amor de esencia sino amor de personas que, ratificando su propia distinción, la sellan en gesto de entrega compartida. Los amantes son por tanto dos y su amor es recíproco y sólo puede mantenerse en la medida en que los dos son diferentes. Hay, un doble acto de amor, pero el amor con que se aman es el mismo, porque uno y otro se entregan de manera total, sin reservarse nada. Por eso, en esta línea, el Espíritu Santo se puede interpretar como el amor de comunión hecho persona: no es amor de uno o de otro, es de los dos y de esa forma es «medio» que les une.
Hasta aquí la reflexión de los diversos autores parece concordante. Las dificultades comienzan cuando se pretende precisar lo que supone esa Persona de Amor que es el Espíritu. Para algunos, ella aparece como persona ambital, campo de amor en que se encuentran Dios y Cristo: es la fuerza de Dios de la que Cristo nace (y resucita); es el amor que Cristo ofrece al Padre para que nosotros podamos realizarnos.
Para otros, el Espíritu se entiende mejor como un nosotros de amor compartido. El yo y tú (del Padre y el Hijo) se encuentran originariamente unidos y sólo existen en la medida (y a medida) que se relacionan. Pero aquí debemos descubrir el tercer elemento: en el fondo del yo-tú se halla el nosotros, no como algo externo o posterior, que les adviene desde fuera, sino como la misma hondura de su encuentro; ésta es la analogía más honda del Espíritu Santo.
- La última perspectiva ha interpretado el Espíritu como un Tercero común que surge del amor de Padre e Hijo. Esta es la línea que ha desarrollado de manera clásica Ricardo de san Víctor, al hablar del «condilectus». El Espíritu desborda el nivel de amor común (plano ambital); es más que la unidad de amor dual o «condilectio» (co-amor) que constituye el sentido del nosotros; el Espíritu es aquel a quien Padre e Hijo aman en común, es decir el Amigo de Dos o condilecto. En otras palabras, Hijo y Padre no se limitan a mirarse uno al otro, en amor compartido o común. Ambos se unen y «miran juntos» (en mirada que es de los dos) hacia un tercero, que es como fruto del amor que ambos se tienen. Este amor de dos, convertido en nueva persona, como nuevo centro de vida y conciencia es el Espíritu Santo.
El nosotros del amor sólo culmina y encuentra su sentido pleno allí donde suscita un tercero a quien los dos aman unidos. Ya no se limitan a mirarse uno hacia el otro, en transparencia recíproca: ambos unifican su mirar y miran juntos hacia aquel que es fruto de su amor compartido. Ese tercero, a quien podemos llamar amado de los dos no es propiedad de uno o de otro: es gracia y don que surge de la vida compartida. Por eso es el tercero, está en el fin, como culmen del proceso trinitario. Pero, al mismo tiempo, debemos concebirle como centro o medio en que se implican Hijo y Padre (cf. Santo Tomás, S. Th. 1, 37, 1 ad 3): ellos (Padre e Hijo) sólo pueden vincularse y son distintos cuando están amando juntos a un tercero (Espíritu) que les sirve de centro y les vincula. Por eso, mostrándose en el fin, el Espíritu es garantía del principio: sostiene y culmina todo el proceso trinitario.
Estas observaciones pueden parecer un poco abstractas, separadas de la vida. Sin embago, bien miradas, ellas constituyen el centro y culmen de toda la filosofía personalista de los últimos decenios. En otro tiempo, en la línea de una definición que proviene de Boecio, se solía definir a la persona en clave de «sustancia» (rationalis naturae individua substantia). Es persona el ser racional que existe por sí mismo, en forma individual. Pues bien, de esa manera resultaba muy difícil entender la Trinidad: la que importa es la unión del ser consigo mismo (la autosuficiencia individual); el amor viene a entenderse como algo posterior o secundario.
Pues bien, conforme a la visión que aquí he esbozado, visión que culmina en la teología trinitaria del Espíritu Santo, no se puede hablar de ser (sustancia) para referirse sólo luego al amor, como si fuera algo ulterior o derivado. Conforme a la postura que defiendo, apoyado en la teología trinitaria más representativa de occidente, la misma realidad de las personas viene a definirse como amor, es decir, como relación de generosidad y acogida, como entrega mutua y vida que surge de la comunión dual (del Padre y el Hijo).
5. Trinidad y metafísica de amor. Sentido de Cristo
La metafísica de occidente se ha elaborado en forma pretrinitaria, a partir del análisis del ser o de los entes, conforme a una visión que ha sido precisada y criticada en los últimos decenios por M. Heidegger. Pero Heidegger parece empeñado en volver a la «fuente griega», tal como estaría reflejada en los primeros pensadores (los presocráticos). Sólo de esa forma se podría superar la división (o escisión) establecida ya tras Platón entre el ser y los entes.
Pienso que esa crítica de Heidegger resulta en el fondo muy parcial y limitada. El problema no está en el «olvidodel ser», en la cosificación de la realidad, tal como ha venido a culminar en la visión instrumentalista y técnica de la cultura de occidente. El problema está en el olvido de las personas o, mejor dicho, en el eclipse del amor cristiano.
Existe cosificación en la cultura de occidente, existe el riesgo de manipular la realidad y destruir al ser humano. Pero ese riesgo no viene del olvido del ser (entendido en forma filosófica) sino de la falta de amor o, mejor dicho, de la destrucción del valor de la persona, tal como ella viene a revelarse en Jesucristo.
Hemos definido a la persona como forma del amor. Cada persona es un momento de amor y únicamente existe en gesto de relación gratificante. El ser sólo es persona en la medida en que se da y se acoge, en la medida en que se ofrece y se comporte. Por eso, las personas trinitarias son las formas fundantes del amor. Son eso que pudiéramos llamar el amor originario, más allá del puro nirvana (budismo) y de la eternidad del bien que todo lo atrae, sin entregarse a sí mismo (platonismo) .
Dios es amor o, mejor dicho, las tres formas del amor fundante: es el amor como donación, acogida y encuentro personal. Es don eterno de sí (Padre) y es eterna receptividad (Hijo) y es comunión eterna del Padre y el Hijo que suscitan juntos al Espíritu, como verdad y plenitud del amor compartido. Más allá de este encuentro de amor no existe nada: no hay «ser» ni existen entes. Este es el misterio, es el punto de partida de todo lo que pueda darse sobre el mundo.
Este «discursq del amor trinitario», esta metafísica que habla de las tres formas fundantes de la personalidad, nos sitúa en el límite de todas las palabras: allí donde el silencio es pleno es también pleno el misterio. En el principio no está el ser ni están los entes; en el principio se encuentran las personas, el Padre que genera al Hijo, el Hijo engendrado, la comunión del Espíritu.
Ésta es la fe más honda: es la experiencia fundante de los fieles. Por eso no podemos demostrarla ni probarla con razones. Esta es la verdad que la Iglesia proclama en su Credo cuando dice que «cree» en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu. Pues bien, a partir de esta experiencia fundante puede y debe darse el pensamiento, conforme a la sentencia famosa de san Anselmo: «fides quaerens intellectum»; la fe da que pensar, nos capacita para formular y conocer de forma nueva todas las realidades, especialmente la realidad del amor en las personas.
Comenzó Hegel a pensar en el amor, para convertirlo en principio de su sistema de filosofía. Pero luego prefirió dejarlo a un lado, construyendo un sistema de dialéctica lógica (racional). Juzgo que su opción resultó, en su más honda raíz, equivocada. Necesitamos un nuevo Hegel, pero un Hegel distinto, que sea capaz de pensar la realidad desde el amor, pero no como discurso lógico sino en forma de camino comprometido de entrega mutua. Porque el amor no se puede pensar en forma abstracta sino en clave de entrega compartida, de compromiso por los otros.
Pensar el amor significa vivirlo, convertirlo en principio de existencia. Esto es lo que ha hecho el Cristo. En fórmula muy bella, la teología ha concebido a Jesús como representante de Dios (mediador, revelador del Padre): representa y realiza en el mundo, en forma plena (homoousios), la hondura y verdad del amor trinitario. En otras palabras, Jesús se atreve a «representar a Dios sobre el mundo», en gesto de entrega por el reino, en actitud de amor comprometido, fuerte, intenso. Este amor por los otros (por el reino) ha puesto a Jesús en manos de los hombres; en favor de ellos se ha entregado, padeciendo la violencia de ellos ha muerto.
De este modo ha revelado (ha representado y realizado) sobre el mundo todo el misterio del amor trinitario. Por eso, la metafísica del amor, interpretada en clave trinitaria en forma de don-acogida-encuentro personal (Padre, Hijo y Espíritu) viene a expresarse de un modo concreto en el mensaje y vida, en la entrega y muerte de Jesús. Por eso, conocer a Jesús y recibirle es recibir y conocer el amor de Dios, en actitud de amor responsable.
Nadie conoce el amor desde fuera, como un espectador que mira hacia las cosas que pasan en la calle. Sólo puede conocerlo el que lo vive, identificándose a sí mismo con el proceso de acogida y entrega, de pasividad, de comunicación y comunión que es la vida trinitaria. Así lo ha mostrado Jesús, en gesto fuerte de acción (su mensaje de reino) y de pasión (se deja en manos del Padre Dios, poniéndose en manos de los hombres). Por eso dice la revelación cristiana que Jesús ha desplegado sobre el mundo el misterio pleno del amor que es el Espíritu Santo.
De esta forma debemos recordar que el amor no suplanta a Dios (como quería Feuerbach) sino que lo revela yactualiza. Allí donde el amor es pleno no se puede ya afirmar que resulta innecesaria la presencia de Dios. Al contrario, si el amor es pleno se supone que Dios está presente, como indica Mt 25, 31-46. Está presente Dios en los pobres y pequeños de este mundo; y está también en aquellos que ayudan a los pobres, haciendo así posible el surgimiento de la solidaridad gratuita y creadora sobre el mundo.
La pascua de Jesús, esto es la revelación plena del amor trinitario. Por eso, la metafísica del amor que aquí estamos esbozando carece de sentido si no lleva a la exigencia del gesto liberador, a la entrega en favor de los pobres, a la transformación de esta sociedad injusta. Los que emplean métodos de fuerza violenta y de opresión injusta para cambiar a los demás muestran así que no creen en el amor, no creen en la Trinidad de Dios ni en la pasión-pascua de Cristo. Pero aquellos que confiesan con la boca la Trinidad pero no liberan a los otros, ni se entregan gratuitamente por ellos creen de mentira. Para ellos, la Trinidad se ha convertido en una especie de especulación gnóstica que sirve para sacralizar el orden establecido; la Trinidad se diluye en una mala metafísica. Sólo aquellos que expresan la Trinidad en hermenéutica de cruz-pascua, sólo aquellos que explicitan el encuentro personal divino en categorías de reino de Jesús, de entrega liberadora por los otros, han creído de verdad en la Trinidad tal como ella viene a revelarse en Cristo.
Llegamos de esa forma al centro y culmen de toda nuestra exposición: el amor de Dios es Cristo, entregado por los hombres, en camino de liberaciónpascual. Por eso, el sentido del amor trinitario (inmanencia de Dios) sólo se comprende y vive en la fidelidad al camino de Jesús (Trinidad económica). Por otra parte, el amor de Jesús sólo alcanza su plenitud y sólo se desvela en verdad como divino (originario, fuente y cima de todo lo que existe) allí donde viene a expresarse desde el misterio trinitario como revelación plena y representación total de la Trinidad.
[ —> Budismo; Comunión; Helenismo; Persona y personificación; Ricardo de san Víctor;Trinidad.]
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Xabier Pikaza