CITA
« ¡Por el madero ha venido la alegría al mundo entero!».
«Los amigos del novio no hemos de ayunar»
(Mt 9,15).
« ¡Cansado de “caminar”… a la Cruz mirar
y gracias eternas habrás de dar!»
S.Son
Orígenes, «El Hijo unigénito de Dios, Palabra y Sabiduría del Padre, que estaba junto a Dios en la gloria que había antes de la existencia del mundo, se humilló y, tomando la forma de esclavo, se hizo obediente hasta la muerte, con el fin de enseñar la obediencia a quienes sólo con ella podían alcanzar la salvación» (De principiis 3,5,6).
San Antonio Abad se cuenta que San Antonio Abad (251-356) hacía la señal de la cruz cada vez que era atacado por el demonio con horribles visiones y tentaciones.
San Atanasio, «el nombre que está sobre todo nombre» (v.9), es decir, el nombre de Dios—. Sin embargo, «esta expresión “le exaltó” no pretende significar que haya sido exaltada la naturaleza del Verbo (…). Términos como “humillado” y “exaltado” se refieren únicamente a la dimensión humana. Efectivamente, sólo lo que es humilde es susceptible de ser ensalzado» (S. Atanasio, Contra Arianos 1,41).
San Juan Crisóstomo «Que nadie, pues, se avergüence de los símbolos sagrados de nuestra salvación, de la suma de todos los bienes, de aquello a que debemos la vida y el ser»(Comentario al Evangelio de Mateo, hom. 54, 4-5.)
«Venid, no para rendir cuentas… No temáis al oir hablar del yugo, porque es suave; no temáis si hablo de carga, porque es ligera» Homilías sobre San Mateo.
S. Agustín, «Al afirmar que se anonadó no indicamos otra cosa sino que tomó la condición de siervo, no que perdiera la divina. Permaneció inmutable la naturaleza en la que, existiendo en condición divina, es igual al Padre, y asumió la nuestra mudable, en la cual nació de la Virgen» (Contra Faustum 3,6).
San León Magno, El mundo no puede salvarse sino con la Cruz de Cristo (Sermón 51).
Santo Tomás de Aquino, En la cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes (Sobre el Credo,6,1. c. , p. 66).
Tomás de Kempis: En la cruz esta la salud y la vida. En la cruz, la defensa contra los enemigos. En la cruz, la infusión de la suavidad soberana. La cruz es la fortaleza del corazon. En la cruz esta el gozo del espiritu. En la cruz esta la suma virtud. En la cruz esta la perfección de la santidad. No esta la salud del alma ni la esperanza de la vida eterna en otro lugar, sino en la cruz (Imitación de Cristo, II,12,2).
San Juan de Ávila: No hay otro mas seguro camino que el padecer. Esta es la senda por donde fue Cristo y todos los suyos, que el llama estrecha (Carta 58).
Santa Teresa de Jesús: «nos acordemos del amor con que [el Señor] nos hizo tantas mercedes y cuán grande nos le mostró Dios (…): que amor saca amor (…). Procuremos ir mirando esto siempre y despertándonos para amar» (Vida 22,14).
Quien le amare mucho vera que puede padecer mucho por El; el que le amare poco, poco. Tengo yo para mi que la medida de poder llevar gran cruz o pequeña es la del amor (Camino de perfección,32,7).
San Francisco de Sales, La Cruz viene de Dios; no hay que estar contemplando bobamente, sino adaptarse a ella, como hartamos con una persona que hubiera de vivir siempre a nuestro lado; no hay que pararse en pensar, sino avanzar dulcemente, aceptar las cosas con sencillez, no reflexionar demásiado sobre ellas y tomarlas como de la mano de Dios (Epistolario, fragm. l lO, l. c. , p. 744).
San Josemaría Escriva de Balaguer, «Si Dios nos ha creado, si nos ha redimido, si nos ama hasta el punto de entregar por nosotros a su Hijo Unigénito (Jn 3,16), si nos espera —¡cada día!— como esperaba aquel padre de la parábola a su hijo pródigo (cfr Lc 15,11-32), ¿cómo no va a desear que lo tratemos amorosamente? Extraño sería no hablar con Dios, apartarse de Él, olvidarle, desenvolverse en actividades ajenas a esos toques ininterrumpidos de la gracia» (Amigos de Dios, n. 251).
Es la cruz “en la que se muere para vivir; para vivir en Dios y con Dios, para vivir en la verdad, en la libertad y en el amor, para vivir eternamente”.
—¡Qué Crucifijo tan estupendo vas a ser, si respondes con generosidad, con alegría, del todo! (Forja, 403)
El camino de nuestra santificación personal pasa, cotidianamente, por la Cruz: no es desgraciado ese camino, porque Cristo mismo nos ayuda y con Él no cabe la tristeza. In lætitia, nulla dies sine cruce!, me gusta repetir; con el alma traspasada de alegría, ningún día sin Cruz. (Es Cristo que pasa, 176).
Cuando veas una pobre Cruz de palo, sola, despreciable y sin valor… y sin Crucifijo, no olvides que esa Cruz es tu Cruz: la de cada día, la escondida, sin brillo y sin consuelo…, que está esperando el Crucifijo que le falta: y ese Crucifijo has de ser tú. Antes de empezar a trabajar, pon sobre tu mesa o junto a los útiles de tu labor, un crucifijo. De cuando en cuando, échale una mirada… Cuando llegue la fatiga, los ojos se te irán hacia Jesús, y hallarás nueva fuerza para proseguir en tu empeño (Via Crucis, estación XI, n. 5)
“Al levantar la vista del microscopio la mirada va a tropezar con la Cruz negra y vacía. Esta Cruz sin Crucificado es un símbolo. (…) La Cruz solitaria está pidiendo unas espaldas que carguen con ella”» Camino, n. 277.
Concilio Vaticano II: «Nadie se libera del pecado por sí mismo y por sus propias fuerzas ni se eleva sobre sí mismo; nadie se libera completamente de su debilidad, o de su soledad, o de su esclavitud. Todos necesitan a Cristo, modelo, maestro, libertador, salvador, vivificador» (Conc. Vaticano II, Ad gentes, n. 8).
San Juan Pablo II La cruz es libro vivo, del que aprendemos definitivamente quienes somos y como debemos actuar. Este l ibro siempre esta abierto ante nosotros (Aloc. I-IV1980).
Benedicto XVI «Para un cristiano, exaltar la cruz quiere decir entrar en comunión con la totalidad del amor incondicional de Dios por el hombre» Discurso, 14-IX-2012.
Papa Francisco, A veces nos parece que Dios no responde al mal y se queda en silencio. En realidad, Dios ha hablado y respondido; y su respuesta es la Cruz de Cristo. (30 de marzo de 2013).
Pascal «Jesús estará en agonía hasta el fin del mundo» ().
Moltmann “La cruz, a secas, ni se ama ni se puede amar. Lo que sucede es que nadie habla de la cruz a secas, sino de la cruz del Crucificado”.
CONTO
EL HACHA Y LA CRUZ
Había una vez un joven que andaba buscando al Señor. Había oído que invitaba a todos para vivir en su Reino. Preguntando por su paradero, se enteró de que estaba monte adentro, con un hacha, para preparar cuanto cada uno de sus amigos necesitaba para el viaje hasta su Reino. Ni corto ni perezoso, se fue a buscarlo al bosque.
– ¿Qué estás haciendo?
– Estoy preparando una cruz para cada uno de mis amigos. Tendrán que cargar con ella para poder entrar en mi Reino.
– ¿Puedo ser yo también uno de tus amigos?, preguntó de nuevo el joven.
– ¡Claro que sí!, respondió Jesús. Estaba esperando que me lo pidieras. Ahora bien, si quieres serlo de verdad, tendrás que tomar tu cruz y seguir mis huellas, puesto que yo me voy sin más para preparar el lugar.
– ¿Cuál es mi cruz, Señor?
– Mira, esta que acabo de terminar. Esperaba que vinieras y me puse a prepararla.
Preparada, lo que se dice preparada, no está, pensó el joven. En la práctica se trataba de dos troncos mal cortados con el hacha; por todas partes sobresalían ramas de cada tronco. No se había esmerado mucho Jesús con aquello. No obstante, pensando que quería entrar en el Reino, se dejó de miramientos y se decidió a cargar la cruz sobre sus hombros, comenzando a caminar con la mirada puesta en las huellas que había dejado el Maestro.
Pero hete aquí que, nada más echar a andar, apareció el Diablo y se acercó sonriente a nuestro joven, gritando:
– ¡Eh, que te olvidas algo!
– Extrañado por aquella aparición y llamada, el joven miró hacia el Diablo, que se acercaba con un hacha en la mano.
– Pero, ¿cómo? ¿también tengo que llevarme el hacha?, peguntó molesto el muchacho.
– No sé -dijo el Diablo haciéndose el inocente-, pero me parece que es conveniente que te la lleves por si la necesitas para el camino. Además, sería una pena dejarla abandonada.
La propuesta le pareció razonable y, sin pensarlo demasiado, tomó el hacha y reanudó el camino, que pronto se le hizo un tanto duro. Duro por la soledad. Él creía que lo haría acompañado por el maestro, pero sólo estaban sus huellas. Además, la cruz, pese a no ser muy pesada, era muy molesta al no estar bien terminada; las ramas que sobresalían del tronco se empeñaban en engancharse por todas partes, como si quisieran retenerlo, y se clavaban en su cuerpo, haciendo dolorosa la marcha.
Una noche particularmente fría, se detuvo a descansar en un descampado. Depositó la cruz en el suelo, mientras s e fijaba en el hacha. No hizo falta discurrir mucho para arreglar la cruz: con calma, fue cortando los nudos y las ramas salientes que más le molestaban. Ciudad Redonda. Un lugar para compartir lo que somos. Mejoró el aspecto de los maderos y, a la par, logró un montoncito de leña para una hoguera donde calentarse un poco.
Esa noche durmió tranquilo. A la mañana siguiente reanudó el camino. Noche a noche, su cruz iba siendo mejorada, se hacía más llevadera, y servía también para calentarse. Casi se sintió agradecido con el Diablo. Cada noche miraba la cruz, y hasta se sentía satisfecho con el resultado del trabajo para embellecerla. Ahora tenía ya un tamaño razonable, y estaba tan pulida que parecía brillar bajo los rayos del sol. Un poco más y hasta podría levantarla con una sola mano, como si fuera un estandarte. Si le daba tiempo antes de llegar, pensó, podría llegar a colgarla en el cuello con una cadenita. ¡Hasta resultaría un buen adorno sorbe su pecho!
No le dio tiempo a realizar todos estos pensamientos. Al día siguiente se encontró delante de las murallas del Reino. No sólo estaba feliz por llegar a la meta, sino que también esperaba el momento de poder presentar a Jesús la cruz que tanto había perfeccionado.
Ninguna de ambas cosas fue sencilla. En principio, resultó que la puerta de entrada del Reino estaba colocada en lo alto de la muralla, abierta como si de una ventana se tratara, a una altura considerable. Gritó insistentemente, anunciando su llegada. El Señor apareció en lo alto invitándole a entrar.
– Pero, Señor, ¿cómo puedo entrar? La puerta está demasiado alta y no alcanzo.
– Apoya la cruz contra la muralla, y luego trepa por ella. A propósito dejé yo tantas ramas en tu cruz, para que te sirviera ahora. Además, tiene el tamaño justo para que alcances la entrada.
En aquel momento el joven se dio cuenta que realmente la cruz recibida tenía sentido; de verdad el Señor la había preparado bien. Sin embargo, ya era tarde para esto. Su pequeña cruz, tan pulida y recortada, resultaba un juguete inútil. El Diablo había resultado mal consejero y peor amigo.
Con todo, el Señor era más bondadoso y compasivo de cuanto era capaz de imaginar el joven. No se había olvidado de la buena voluntad del muchacho y hasta de su generosidad para seguirlo. Por eso le dio otra oportunidad y… ¡un consejo!
– Vuelve sobre tus pasos. Seguramente en el camino encontrarás alguno que esté cansado con su cruz. Ayúdale tú a traerla. De esta manera, harás que logre alcanzar la meta, y al mismo tiempo, podrás subir por ella para entrar en mi Reino.
Mamerto Menapace
Tomado de Ciudad Redonda
ANÉCDOTA
NEJUSTÁN
La serpiente de bronce es una figura mencionada en la Biblia, específicamente en el libro de Números (21:4-9), donde Dios le instruye a Moisés que la haga y la coloque en un asta para que los israelitas que hubieran sido mordidos por serpientes venenosas pudieran mirar hacia ella y vivir. Esta serpiente, llamada Nejustán, se convirtió en un símbolo de sanación y salvación, y fue destruida por el rey Ezequías porque los israelitas habían comenzado a adorarla. En el Nuevo Testamento, Jesús se refiere a la serpiente de bronce como una prefiguración de sí mismo levantado en la cruz.
En el libro de 2 Reyes (18:4), el rey Ezequías destruye la serpiente de bronce porque los israelitas la habían estado adorando y quemándole incienso, perdiendo su significado original de símbolo de fe y convirtiéndose en un ídolo.
Tomado de IA
Números 21,4-9
Los sucesos a los que alude el relato pudieron tener lugar en la zona de la Arabá, donde ya desde el siglo XIII a.C. se explotaron minas de cobre. En la actual Timná se ha encontrado un santuario egipcio con una serpiente de cobre, señal de que a estas serpientes se les atribuía algún poder mágico.
Tomado de Biblia de Navarra
14 DE SEPTIEMBRE
De acuerdo a la tradición, en el siglo IV, la emperatriz Santa Elena -madre del emperador Constantino- tras una intensa búsqueda, encontró en Jerusalén el madero en el que murió Jesucristo, el Hijo de Dios.
La reliquia permanecería en la ciudad hasta que, hacia el año 614, sería sustraída por los persas en calidad de ‘trofeo de guerra’. Años más tarde, el emperador romano de Oriente, Heraclio (emperador entre 610 y 641), rescató el santo madero por lo que pudo ser enviado de retorno a la Ciudad Santa, Jerusalén, el 14 de septiembre de 628.
Desde entonces, cada 14 septiembre se recuerda y celebra dicho suceso, instituido luego como festividad litúrgica.
Para celebrar el retorno de la Santa Cruz a Jerusalén, Heraclio dispuso que fuese llevada en solemne procesión. Él acompañaría personalmente el cortejo, revestido de todos sus ornamentos imperiales. Curiosamente, estos llegaron a ser tantos y tan pesados que se le hizo imposible avanzar sobre el camino. Entonces, el Arzobispo de Jerusalén, Zacarías, le dijo: «Es que todo ese lujo de vestidos que lleva están en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo, cuando iba cargando la cruz por estas calles».
Dice la tradición que el emperador de inmediato se despojó de su lujoso manto y su corona de oro y, descalzo, empezó a caminar, más ligero, por las calles, acompañando la santa procesión.
Posteriormente, el madero santo fue dividido en partes. Un fragmento fue enviado a Roma, otro a Constantinopla, mientras que un tercero se quedó en Jerusalén. El trozo restante fue reducido a astillas, las que serían distribuidas por distintas iglesias en todo el mundo. A estas astillas se les denominó las “reliquias de la Vera Crux” (la cruz verdadera).
Tomado de Aciprensa
ORIGEN HISTÓRICO DE LA FIESTA
Hacia el año 320 la Emperatriz Elena de Constantinopla encontró la Vera Cruz, la cruz en que murió Jesucristo. En 614, el rey Cosroes II de Persia invadió y conquistó Jerusalén, llevándose como trofeo de guerra la santa Reliquia.
Pero en el 628 el emperador Heraclio recuperó la Cruz y la llevó de nuevo a Jerusalén. El 14 de septiembre, el emperador entró en la Ciudad Santa cargando él mismo con la cruz. Desde entonces, ese día quedó señalado en los calendarios litúrgicos como el de la Exaltación de la Santa Cruz.
Tomado de opusdei.org
HALLAZGO DE LA SANTA CRUZ
Cuenta el historiador Eusebio de Cesarea que el general Constantino, hijo de Santa Elena, era pagano pero respetaba a los cristianos. Y que teniendo que presentar una terrible batalla contra el perseguidor Majencio, jefe de Roma, el año 311, la noche anterior a la batalla tuvo un sueño en el cual vio una cruz luminosa en los aires y oyó una voz que le decía: «Con este signo vencerás», y que al empezar la batalla mandó colocar la cruz en varias banderas de los batallones y que exclamó: «Confío en Cristo en quien cree mi madre Elena». Y la victoria fue total, y Constantino llegó a ser Emperador y decretó la libertad para los cristianos, que por tres siglos venían siendo muy perseguidos por los gobernantes paganos.
Escritores sumamente antiguos como Rufino, Zozemeno, San Crisóstomo y San Ambrosio, cuentan que Santa Elena, la madre del emperador, pidió permiso a su hijo Constantino para ir a buscar en Jerusalén la cruz en la cual murió Jesús. Después de muchas y muy profundas excavaciones se encontraron tres cruces. Como no se podía distinguir cuál era la cruz que de Jesús, llevaron a una mujer agonizante. Al tocarla con la primera cruz, la enferma se agravó, al tocarla con la segunda, quedó igual de enferma de lo que estaba antes, pero al tocarla con la tercera cruz, la enferma recuperó instantáneamente la salud.
Fue así como Santa Elena, y el obispo de Jerusalén, Macario, y miles de devotos llevaron la cruz en piadosa procesión por las calles de Jerusalén. Y que por el camino se encontraron con una mujer viuda que llevaba a su hijo muerto a enterrar y que acercaron la Santa Cruz al muerto y éste resucitó.
Por muchos siglos se ha celebrado en Jerusalén y en muchísimos sitios del mundo entero, la fiesta del hallazgo de la Santa Cruz, el día 3 de Mayo.
Louis de Wohl, autor de la obra biográfica “ El árbol viviente, historia de la Emperatriz Santa Elena” narra de esta manera el hallazgo de la Santa Cruz:
“Se acercó a él una comisión formada por tres jóvenes sacerdotes; uno de ellos le dirigió la palabra y le dijo en voz baja algo a propósito de unas cartas que habían llegado de Antioquia; se le requería urgentemente en la ciudad.
– Mi sitio esta aquí –respondió el obispo Macario–. Vete, hijo mío.
Y siguió mirando el hoyo que se abría en la tierra.
No podía ser, por supuesto. Estaba fuera de duda. Pero la más leve, la más remota de las posibilidades…
Sin embargo, había un punto, solamente uno, que le hacia poner en juego la agudeza de su razonamiento: que el Emperador Adriano había mandado a construir un templo a Venus en aquella colina. Adriano… hacia doscientos años; no había sido amigo de los cristiano. La verdad es que los había odiado, tanto como un hombre con una mente tan curiosamente retorcida como la suya podía odiar. Adriano y sus perversos amigos… él podía ser precisamente el hombre a propósito para concebir una idea como aquélla: construir un templo a Venus en el Calvario. La diosa de la lujuria era una abominación para los cristianos… levantarle allí un templo significaba evitar de raíz que aquel lugar se convirtiera en su lugar de reunión para la odiada secta…
Aquello tenía sentido. Pero era la única cosa que lo tenía en todo aquel asunto, y si… Pero ¿qué le pasaba ahora a la Emperatriz? Estaba temblando violentamente…
Desde la profundidad del hoyo llegó un grito prolongado… y después otro… y otro…
– ¡Madera! ¡Madrea! ¡Madrea!
Elena cayó de rodillas; instintivamente, sus damas hicieron los mismo.
El obispo Macario miró dentro del hoyo; su respiración se agitó. Había tantos trabajadores en la excavación que no se podía ver nada.
En la multitud se había hecho el silencio; un silencio que flotaba en el aire como una cosa viva. No hacia viento.
Incluso los pájaros y los insectos parecían que se habían vuelto mudos.
Sólo se oían los golpes acompasados de un azadón.
El obispo Macario se hincó de rodillas, lanzando una breve y ronca exclamación. Un instante después todo el mundo estaba arrodillado.
Desde el fondo del hoyo fueron surgiendo tres cruces.
Asomaban poco a poco… oscilando conforme los trabajadores de tiraban de ellas.
Ya estaban arriba. Un puñado de hombres las seguían con sus azadones y sus palas… uno de ellos traía en la mano algo que parecía un pedazo de pergamino. Todavía salieron más hombres. Se quedaron allí parados, vacilantes, desconcertados, como si no se atreviesen a acercarse a la Emperatriz.
Elena intentó ponerse en pie, pero no pudo. Entre Macario y Simón la levantaron, tomándola cada uno por un brazo. Las rodillas se le doblaban cuando se adelantó, tambaleándose, hasta el pie de las tres cruces; se puso a sollozar y el cuerpo entero le temblaba.
A pesar de su enorme excitación, la mente de Macario trabajaba con admirable claridad. Vio el pergamino en las manos de aquel hombre y reconoció los restos de los caracteres hebreos, griegos y latinos… era el cartel que había mandado escribir Pilato. Así es que una de aquellas tres cruces tenía que ser la verdadera Cruz. ¿Pero cuál?
Antes de que pudiera terminar su pensamiento, Elena se abrazó a una de las cruces, como una madre se abraza con su hijo. Después, con un rápido movimiento, agarró al pequeño Simón por un hombro y tiró de él hacia ella. Con los ojos llenos de espanto, el muchacho vio cómo ella tomaba su brazo tullido y le hacía tocar la madera de la Cruz.
Simón lanzó un gemido. Una lengua de fuego pareció recorrerle el brazo de arriba abajo, como si le ardiera. Atónito, vio con estupefacción que el brazo le obedecía. Sobrecogido, comprobó que, por primera vez desde hace siete años, los dedos de su mano derecha se movían. Lo intentó otra vez, y otra vez se movieron. Trató después de balancear el brazo… primero hacia arriba… luego hacia los lados…
A la multitud le pareció que estaba haciendo el signo de la Cruz.
Muchos de los presentes conocían a Simón, el tullido… y una ola de asombro recorrió a los espectadores.
Los ojos de Elena y de Macario se encontraron. Muy despacio, el obispo se inclinó y besó el madero de la Cruz.”.
Tomado de Aciprensa
HUMOR
El Conde Drácula trabaja en reparar su ataúd, y le grita a Igor:
-¡Trae el destornillador!
-Aquí tiene, Conde.
-¡Aaaayyy! ¡El de cruz no!
POEMA
EN LA CRUZ ESTÁ LA VIDA
En la cruz está la vida
y el consuelo,
y ella sola es el camino
para el cielo.
En la cruz está “el Señor
de cielo y tierra”,
y el gozar de mucha paz,
aunque haya guerra.
Todos los males destierra
en este suelo,
y ella sola es el camino
para el cielo.
De la cruz dice la Esposa
a su Querido
que es una “palma preciosa”
donde ha subido,
y su fruto le ha sabido
a Dios del cielo,
y ella sola es el camino
para el cielo.
Es una “oliva preciosa”
la santa cruz
que con su aceite nos unta
y nos da luz.
Alma mía, toma la cruz
con gran consuelo,
que ella sola es el camino
para el cielo.
Es la cruz el “árbol verde
y deseado”
de la Esposa, que a su sombra
se ha sentado
para gozar de su Amado,
el Rey del cielo,
y ella sola es el camino
para el cielo.
El alma que a Dios está
toda rendida,
y muy de veras del mundo
desasida,
la cruz le es “árbol de vida”
y de consuelo,
y un camino deleitoso
para el cielo.
Después que se puso en cruz
el Salvador,
en la cruz está “la gloria
y el honor”,
y en el padecer dolor
vida y consuelo,
y el camino más seguro
para el cielo.
Tomado de Santa Teresa de Ávila
ORACIÓN
ANTE LA CRUZ
Cuando huyas de la cruz, recuerda
que la entrega, llevó a la cruz,
que el amor, se expresó en la cruz,
que la fidelidad, se demostró en la cruz,
que la amistad, se probó en la cruz,
que la verdad, se reveló en la cruz,
que la incredulidad, cayó ante la cruz,
que la fe, se fortaleció en la cruz,
que las heridas, las abrazó la cruz,
y que el pecado, se redimió en la cruz.
Por eso la vida, mi vida, tu vida,
que entiende de entrega y de amor,
que se apoya en amigos fieles,
que aspira a la verdad, la confianza y la fe,
que sufre por las heridas y llora el pecado.
No puede huir de la cruz,
sino al contrario: mirarla y amarla,
porque en ella la Vida,
mira, ama y sana.
La vida. Mi vida y tu vida.
Óscar Cala, sj
Tomado de Pastoral sj
CANTO
Jesús Adrián Romero – Te Dejo Ganar
Athenas – Nada Puede Separarte