CITA
«Estar en la luna de Valencia»
«É tan grande este día da Ascensión
que nin a paxariña move os ovos no niño.».
« Si Confías, el Cielo llegará “en un vuelo”»
S.Son
Refrán inglés, Los hechos, hablan con más fuerza que las palabras.
S. Agustín, Vendrá para juzgar de la misma forma en que fue juzgado. Los verán apenas los justos, pero también los injustos: Vendrá para ser visto por justos e injustos. Los injustos podrán verlo, pero no podrán reinar con él”. (Sermón 265F, 3)
¡Ah!, si amais tanto una gota de agua, ¿que será de la misma fuente? (Sermón 255, sobre el «alleluia»).
San Juan Crisóstomo, ¡Que necedad tan grande es amontonar donde se ha de dejar, y no enviar alli donde se ha de ir! Coloca tus riquezas donde tienes tu patria (Catena Aurea, volt 1P 386).
San Cirilo de Alejandría: En realidad, Cristo no subió al cielo para manifestarse a sí mismo delante de Dios Padre: él estaba, está y estará siempre en el Padre y a la vista del que lo engendró; es siempre el objeto de sus complacencias. Libro 9: PG 74, 182-183 (Liturgia de las Horas)
San León Magno, «A sí como en la solemnidad de Pascua la resurrección del Señor fue para nosotros causa de alegría, así también ahora su ascensión al cielo nos es un nuevo motivo de gozo, al recordar y celebrar litúrgicamente el día en que la pequeñez de nuestra naturaleza fue elevada, en Cristo… hasta compartir el trono de Dios Padre» (Sermo II de Ascensione Domini, 1).
“La ascensión del Hijo es también nuestra elevación, y a la gloria donde ha llegado nuestra Cabeza, tenemos la esperanza de llegar también nosotros como miembros de su Cuerpo”.
«Y es que en realidad fue motivo de una inmensa e inefable alegría el hecho de que la naturaleza humana, en presencia de una santa multitud, ascendiera por encima de la dignidad de todas las criaturas celestiales, (…)» (Sermo 1 de ascensione Domini 4).
San Gregorio Magno, Aunque os debatáis en el torbellino de los quehaceres, echad el ancla de la esperanza en la patria eterna ya desde ahora. No busque vuestra alma otra luz, sino la verdadera” (In Evang, Homilia XXIX, 11; PL 76,1219).
San Juan Damasceno, “Por derecha del Padre entendemos la gloria y el honor de la divinidad, donde el que existía como Hijo de Dios antes de todos los siglos como Dios y consubstancial al Padre, está sentado corporalmente después de que se encarnó y de que su carne fue glorificada” (Expositio fidei, 75 [De fide orthodoxa, 4, 2]: PG 94, 1104).
San Bernardo de Claraval explica que la Ascensión de Jesús al cielo se realiza en tres grados: «El primero es la gloria de la resurrección; el segundo, el poder de juzgar; y el tercero, sentarse a la derecha del Padre» (Sermo de Ascensione Domini, 60, 2: Sancti Bernardi Opera, t. VI, 1, 291, 20-21).
Santo Tomás de Aquino, “La Ascensión de Cristo al cielo es directamente causa de nuestra ascensión, pues se incoa en nuestra Cabeza y a ésta deben unirse los miembros” (S. Th. III, 57,6, ad 2).
Aquí la caridad es ya un comienzo de la vida eterna, y la vida eterna consistira en un acto ininterrumpido de caridad (Suma Teológica,1-2, q. 114, a. 4).
Santo Tomás de Villanueva, “¡Oh galileos, oh viajeros! –exclama Santo Tomás de Villanueva–. Delante de vosotros está libre el camino de los cielos, la puerta del paraíso está ya abierta… ¿por qué os quedáis quietos? Magnífica es la gloria que os espera, ¿y no camináis? Abundante es la recompensa que se os ofrece, ¿y aún dudáis? Brillante es la corona que se os promete, ¿y combatís con pereza? ¿Qué os diré, cobardes, perezosos e insensatos? Por un trabajo fácil, una alegría inmensa; por un combate rápido, una corona eterna; por una marcha corta, un descanso sin fin. ¡Oh viajeros!, ¿a qué viene esa inmovilidad? Siglos eternos dependen de estos momentos de vuestra vida, y aún no andáis… Y todavía hay algo más triste: estáis quietos, mirando al cielo… Miráis al cielo y permanecéis indiferentes, le veis y os dejáis por la indolencia… ¡oh galileos, oh cristianos!, ¿seguís inmóviles?”.
Santa Teresa de Jesús: Esta casa es un cielo, si le puede haber en la tierra, para quien se contenta sólo de contentar a Dios.
San Juan de la Cruz «para alcanzar las peticiones que tenemos en nuestro corazón, no hay mejor medio que poner la fuerza de nuestra oración en aquella cosa que es más gusto de Dios; porque entonces no sólo dará lo que le pedimos, que es la salvación, sino aun lo que él ve que nos conviene y nos es bueno, aunque no se lo pidamos» (Subida del Monte Carmelo, Libro III, cap. 44, 2, Roma 1991, 335).
San Francisco de Sales, Nuestro Salvador ha subido al cielo, donde vive y reina y quiere que un día vivamos y reinemos con Él. ¡Oh, qué triunfo en el cielo y qué dulzura en la tierra! Que nuestros corazones estén «donde está nuestro tesoro» y que vivamos en el cielo ya que allí está nuestra vida. A la Madre de Chantal. 31-5-1612. XV, 221-222
«Queremos no los consuelos, sino al Consolador; no la dulzura, sino al Salvador; no la ternura, sino a aquél que es la suavidad del cielo y de la tierra; entre esos afectos debemos desear permanecer firmes en el santo amor de Dios, aunque toda nuestra vida no experimentemos consuelo alguno, perseverando en la voluntad de decir sobre el Calvario lo mismo que sobre el Tabor: ¡Oh, Señor, qué bien se está aquí! ¡Contigo, en tu cruz o en tu gloria!» («Introducción a la vida devota»)
S. Juan Eudes “Tienes un deseo infinito de atraerme a ti en el Cielo para vivir en mí perfectamente y establecer en mí, en plenitud, el reino de tu gloria y de tu amor”
San Josemaría Escriva de Balaguer, Es justo que la Santa Humanidad de Cristo reciba el homenaje, la aclamación y adoración de todas las jerarquías de los Ángeles y de todas las legiones de los bienaventurados de la Gloria (Santo Rosario, 2º misterio glorioso).
Vamos a pensar lo que será el Cielo. Ni ojo vio, ni oido oyo, ni paso a hombre por pensamiento cuales cosas tiene Dios preparadas para los que le aman. ¿Os imaginais que será llegar alli, y encontrarnos con Dios, y ver aquella hermosura, aquel amor que se vuelca en nuestros corazones, que sacia sin saciar? Yo me pregunto muchas veces al dia: ,,que será cuando toda la belleza, toda la bondad, toda la maravilla infinita de Dios se vuelque en este pobre vaso de barro que soy yo, que somos todos nosotros? Y entonces me explico bien aquello del Apbstol: ni ojo vio, ni oido oyo. . . Vale la pena, hijos mios, vale la pena (en Hoja informativa n. I, de su proceso de beatificación, p. 5).
Concilio Vaticano II: «Cada seglar debe ser ante el mundo testigo de la resurrección y de la vida del Señor Jesús, y señal del Dios vivo» (Lumen gentium 38).
Catecismo, 659 «Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al Cielo y se sentó a la diestra de Dios» (Mc 16,19). El cuerpo de Cristo fue glorificado desde el instante de su Resurrección como lo prueban las propiedades nuevas y sobrenaturales, de las que desde entonces su cuerpo disfruta para siempre. Pero durante los cuarenta días en los que él come y bebe familiarmente con sus discípulos y les instruye sobre el Reino, su gloria aún queda velada bajo los rasgos de una humanidad ordinaria. La última aparición de Jesús termina con la entrada irreversible de su humanidad en la gloria divina simbolizada por la nube y por el cielo donde él se sienta para siempre a la derecha de Dios. Sólo de manera completamente excepcional y única, se muestra a Pablo «como un abortivo» (1 Co 15,8) en una última aparición que constituye a éste en apóstol.
660 El carácter velado de la gloria del Resucitado durante este tiempo se transparenta en sus palabras misteriosas a María Magdalena: «Todavía no he subido al Padre. Vete donde los hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios» (Jn 20,17). Esto indica una diferencia de manifestación entre la gloria de Cristo resucitado y la de Cristo exaltado a la derecha del Padre. El acontecimiento a la vez histórico y trascendente de la Ascensión marca la transición de una a otra.
661 Esta última etapa permanece estrechamente unida a la primera, es decir, a la bajada desde el cielo realizada en la Encarnación. Sólo el que «salió del Padre» puede «volver al Padre»: Cristo. «Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre» (Jn 3,13).554 Dejada a sus fuerzas naturales, la humanidad no tiene acceso a la «Casa del Padre» (Jn 14,2), a la vida y a la felicidad de Dios. Sólo Cristo ha podido abrir este acceso al hombre, «ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino».
662 «Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12,32). La elevación en la Cruz significa y anuncia la elevación en la Ascensión al cielo. Es su comienzo. Jesucristo, el único Sacerdote de la Alianza nueva y eterna, no «penetró en un Santuario hecho por mano de hombre…, sino en el mismo cielo, para presentarse ahora ante el acatamiento de Dios en favor nuestro» (Hb 9,24). En el cielo, Cristo ejerce permanentemente su sacerdocio. «De ahí que pueda salvar perfectamente a los que por él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor» (Hb 7,25). Como «Sumo Sacerdote de los bienes futuros» (Hb 9,11), es el centro y el oficiante principal de la liturgia que honra al Padre en los cielos.
663 Cristo, desde entonces, está sentado a la derecha del Padre: «Por derecha del Padre entendemos la gloria y el honor de la divinidad, donde el que existía como Hijo de Dios antes de todos los siglos, como Dios y consubstancial al Padre, está sentado corporalmente después de que se encarnó y de que su carne fue glorificada» [San Juan Damasceno].
664 Sentarse a la derecha del Padre significa la inauguración del reino del Mesías, cumpliéndose la visión del profeta Daniel respecto del Hijo del hombre: «A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás» (Dn 7,14). A partir de este momento, los apóstoles se convirtieron en los testigos del «Reino que no tendrá fin».
San Juan Pablo II los cuarenta días después de la Pascua son la preparación para la Ascensión. Homilía (23-05-1998)
Benedicto XVI El “cielo”, la palabra cielo no indica un lugar sobre las estrellas, sino algo mucho más osado y sublime: indica a Cristo mismo, la Persona divina que acoge plenamente y para siempre a la humanidad, Aquel en quien Dios y el hombre están inseparablemente unidos para siempre”. Homilía 2009.
Papa Francisco, “La Ascensión no indica la ausencia de Jesús, sino que nos dice que Él vive en medio de nosotros de un modo nuevo; ya no está en un sitio preciso del mundo como lo estaba antes de la Ascensión; ahora está en el señorío de Dios, presente en todo espacio y tiempo, cerca de cada uno de nosotros”. Catequesis del 17.IV.13
«más allá del umbral de la muerte está la vida eterna con Jesús, que consiste en la plena comunión con Dios, en la contemplación y participación de su amor infinito. Lo que ahora vivimos en la esperanza, después lo veremos en la realidad». (Bula Jubileo, n. 21)
Papa León XIV «Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios; un Dios que nos ama a todos incondicionalmente».
P. Charlesmisionólogo La tierra es el único camino que tenemos para ir al cielo….
Padre Astete “no bajó al lugar de los condenados, sino al lugar donde los justos del Antiguo Testamento esperaban la redención”.
Padre Deharbe: Cristo “bajó al seno de Abraham, para consolar y libertar las almas de los justos allí detenidas”.
Rafael Maya “Un día vendrá la muerte, no sé de dónde…Yo estaré dormido. Y ella dirá: No quiero que despierte”.
Schillebeeckx “el que no ora, no espera”,
León Felipe Nos dejó nuestra tarea y se fue. Nos dejó unas herramientas y se fue. ¡Se fue! ().
Lao Tzu “El pueblo pasa hambre porque sus superiores consumen en exceso sobre lo que recaudan” ()
Ramana Maharshi: Como nuestro mayor amor está dirigido hacia nosotros mismos, la doctrina de la no-dualidad, de que todos los seres son en esencia el Ser uno, nos proporciona una base racional para sentir amor y compasión hacia todos los demás seres. Este es el significado más profundo y exotérico del mandamiento de Cristo “Ama al prójimo como a ti mismo”. No somos individuos y seres separados. Sólo hay un Ser eterno infinito que es inmortal en todos”. en La Filosofía de la existencia.
Pedro Casaldáliga:
Rainiero Cantalamessa Mientras la hostia está fuera de nosotros la vemos, la adoramos; cuando la recibimos ya no la vemos, ha desaparecido, pero para estar ya dentro de nosotros. Se ha inaugurado una presencia nueva y más fuerte.
Pablo D ́Ors,
Cardenal Robert Sarah,
Teilhard de Chardin
H. Kung:
Quique Martínez de la Lama-Noriega,
Javier Gafo
Pagola,
Ruiz de Galarreta
Fidel Aizpurúa
Sobrado, .2015.
Tomás Muro, «Esta fiesta impregna de confianza toda nuestra existencia y nuestra historia»
No os quedéis plantados mirando el cielo, pero mirad al Cielo
Fray Marcos, Jesús llegó a lo más alto durante su vida, no después.
Al cielo sólo se llega caminando hacia lo hondo de nuestro ser ()
Enrique Martínez Lozano,
Tomas Merton
P. Carlos Padilla
J. Kentenich: «Dios sabe mejor que yo cómo soy, sabe mejor para qué me ha creado, sabe mejor cómo actúa en mí esto o aquello. Por tanto, si estoy convencido hasta la punta de los dedos de la sabiduría paterna de Dios, entiendo a Pablo cuando dice: – Todas las cosas son para mi bien»1.
Sor Verónica,
Dan Joseph Dios sabe lo que es ser humano, porque Dios recuerda. (Sermón)
El Club de los Poetas Muertos,El mundo se divide entre quienes se quedan sentados, por miedo a moverse, y quienes se alzan dispuestos a ver la realidad desde más alto. Porque el horizonte da perspectiva, y la perspectiva da verdad. Que no nos falten en la vida los maestros, los profetas, los locos, los valientes que sean capaces de plantar cara a lo injusto, a lo que mata la imaginación, la compasión y la vida. ¡Oh, capitán, mi capitán! (Peter Weir, 1989)
Heidegger: «Venimos de la “nada de antes” y vamos a la “nada de después”, y debemos ser capaces de aceptar esta realidad y asumir la angustia de caminar hacia la nada».
Ruiz de Galarreta: «No tengo ni idea de lo que me espera tras la muerte, pero confío en que mi Madre me tenga preparado algo estupendo».
Rainiero Cantalamessa, “Jesús desaparece, sí, de la vista de los apóstoles; pero, para estar presente de otro modo, más íntimo, no fuera sino dentro de ellos.
Como él no ha abandonado al Padre viniendo a nosotros mediante la encarnación, así no se ha separado de nosotros para volver al Padre.
Si no es ya más visible, ¿cómo será creído en el mundo?, ¿cómo actuarán los hombres para creer en esta su presencia? La respuesta es: ¡él quiere hacerse visible a través de sus discípulos!”
Un autor ruso del siglo XX, en su testamento espiritual, escribió: “Observad más a menudo las estrellas. Cuando tengáis un peso en el alma, mirad las estrellas o el azul del cielo. Cuando os sintáis tristes, cuando os ofendan,… deteneos a mirar el cielo. Así vuestra alma encontrará la paz” (N. Valentini − L.ák (ed.), Pavel A. Florenskij. Non dimenticatemi. Le lettere dal gulag del grande matematico, filosofo e sacerdote russo, Milán 2000, p. 418).
F. Dostoievski «La vida es un paraíso, y todos estamos en un paraíso pero no queremos reconocerlo: porque si tuviéramos la voluntad para reconocerlo, mañana mismo se instalaría en todo el mundo el paraíso».
Evangelio apócrifo de Tomás: «Si cortas la leña, allí estoy yo; si levantas la piedra, allí estoy yo».
El cielo es el único bien que está al alcance de todas las fortunas. Autor desconocido
Qué pequeña me parece la tierra cuando miro al cielo. San Ignacio Loyola
Sucede con frecuencia que con tal ahínco deseamos ser ángeles del cielo que nos olvidamos de ser hombres de bien en la Tierra. San Francisco De Sales
UN MAÑANA MEJOR
El jefe de una tribu estaba a punto de morir y llamó a tres de sus hijos y les dijo: Tengo que elegir a mi sucesor. Subid a la montaña santa y traed el objeto más precioso que encontréis.
El primero trajo un bol de oro. El segundo trajo una gema preciosa. El tercer vino con las manos vacías y dijo: Cuando llegué a la cima de la montaña, vi al otro lado un hermoso paisaje al que la gente podría ir para una vida mejor,
El jefe le dijo: Tú me sucederás. Tú has traído el regalo más precioso de todos: la visión de un mañana mejor.
Tomado de P. Félix Jiménez
DONDE EL CIELO Y LA TIERRA SE TOCAN
«Había una vez dos monjes que, en un manuscrito antiguo, encontraron noticia de un lugar donde el cielo y la tierra se tocaban, y decidieron ponerse en camino en su búsqueda.
Subieron montañas, cruzaron ríos, atravesaron desiertos, sufrieron toda clase de penalidades en su viaje por todo el mundo y superaron toda tipo de tentaciones que pudieran apartarles de su propósito.
Por fin llegaron a la puerta de la que hablaba el viejo manuscrito. Estaban a unos segundos de colmar sus anhelos. Bastaba llamar, y uno se encontraría ante Dios. Iban a pasar la frontera entre el cielo y la tierra.
Por fin se abrió la puerta, y cuando entraron, se encontraron en la celda de su monasterio. Entonces comprendieron que el lugar donde el cielo y la tierra se tocan se encuentra en la tierra, en el puesto que Dios nos tiene asignado».
Tomado de Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf.
ANÉCDOTA
TEÓFILO
Los especialistas han especulado sobre quién es ese Teófilo, al que Lucas dedica sus dos libros. Se ha dicho que se trataba de un cristiano al que el evangelista dedica su obra, quizá por haberle pagado los gastos del pergamino o por otros servicios prestados a la Iglesia. Alguien ha comentado también que Teófilo significa en griego «el amado por Dios», y que se trata de una dedicatoria, colectiva y simbólica, a todos los cristianos que son «amados por Dios».
Si tomamos esta interpretación, podemos decir que la obra de Lucas se dedica a todo cristiano de ayer y de hoy, a todos los que, a través de Jesús, nos sentimos amados por Dios. Con esta interpretación podemos decir que las figuras de la resurrección de hoy no son sólo los miembros de la comunidad primera de creyentes, sino que somos también cada uno de nosotros: tú y yo, todos los que estamos hoy aquí, «amados de Dios», a quienes se nos dirige este mensaje.
San Ignacio decía que había que actuar en la vida como si todo dependiese de nosotros, para acabar finalmente poniendo toda nuestra confianza en Dios. Es la misma idea de la poesía de León Felipe: «Aquí vino y se fue»; ha estado entre nosotros un hombre maravilloso, que era al mismo tiempo la revelación del Dios al que nadie ha visto jamás y la revelación del misterio del hombre, que tanto nos cuesta descubrir.
«Decíamos ayer»: fueron las palabras de Fray Luis, después de años de cárcel y persecuciones, al volver a su cátedra. Ese «decíamos ayer», preñado de perdón y grandeza de corazón, es una espléndida muestra de aquel que fue también testigo de la resurrección.
Javier Gafo Dios a la vista Homilías ciclo C Madris 1994.Pág. 173 ss.
Tomado de Dies Domini
“CUARENTA DÍAS” en sentido pedagógico.
1) Entendemos, en primer lugar, que “cuarenta días” no es un tiempo real, espacio-temporal, sino teológico. Es un tiempo de espera y esperanza para que la comunidad viva intensamente el acontecimiento de la resurrección y se prepare para anunciar al mundo entero el mensaje de Jesús (Hch 1,8). Lucas ha buscado, pues, ese “tiempo pedagógico” que ponga de manifiesto algo importante en el seno de la comunidad: la resurrección de Jesús no es algo que afecta a Él exclusivamente, sino que tiene otra dimensión: la de la comunidad. También la comunidad de los seguidores de Jesús tienen que “resucitar” de sus miedos, de sus ideas poco acertadas sobre Jesús y sobre su mensaje. Jesús fue resucitado por Dios, pero también Jesús resucitado quiere hacerse presente desde esa nueva vida en su comunidad. La “Ascensión” era el momento adecuado para “dejar” a la comunidad resucitada ya, y en manos del Espíritu que debe llevarla hasta el final.
2) Por otra parte, en segundo lugar, como muchos autores han puesto de manifiesto, se debe contemplar la respuesta de lo que significan esos “cuarenta días” para subsanar un problema que tuvo la comunidad cristiana primitiva con respecto a la Parusía o la vuelta de Jesús e inaugurar el “final de los tiempos”. Se produjo en los primeros años cierta decepción cristiana porque la Parusía, la vuelta de Jesús, no acontecía y el fin del mundo no llegaba. Lucas entiende que el fin del mundo no tenía por qué llegar, ya que era necesaria la acción de la Iglesia para comunicar el mensaje de salvación a todos los hombres. Es lo que se conoce como la “descatologización” de la teología lucana. Es decir: no debemos estar preocupados por la Parusía, por el fin del mundo, sino por transformar esta historia por medio de la Palabra y el Espíritu de Jesús. De esa manera se explica el reproche a los discípulos de estar mirando al cielo… pensando en su vuelta, cuando hay que mirar a la tierra, a los hombres, para llenar este mundo de vida.
Fray Miguel de Burgos Núñez
Tomado de Alforjas de pastoral
BOQUETE
Cuentan que la primera Iglesia cristiana en el monte Olivete de Jerusalén tenía un boquete abierto en el techo para ver el cielo…
Tomado de Anécdotas y catequesis
SUBIÓ A LOS CIELOS
Relata San Ignacio de Loyola que en su peregrinación por los Lugares Santos veneró entre tantas otras “reliquias” del Señor, la piedra sobre la que dejó sus huellas sagradas en el momento de ascender a los cielos, desde el Monte de los Olivos. Hablaba de ellas Eusebio de Cesarea y se sabe que San Jerónimo y Santa Paula las besaron. Muchos otros se hacen eco de esta tradición, como San Paulino de Nola, San Agustín y Sulpicio Severo a inicios del siglo V. De las palabras que los ángeles dirigen a los discípulos tomó título la más alta de las tres cumbrecitas que coronan el Monte de los Olivos: se la conoce como “Viri Galilei” desde el siglo XIV. Hombres de Galilea, ¿qué estáis mirando al cielo? Ese Jesús que ha sido arrebatado al cielo, vendrá como le habéis visto ir al cielo (Act 1,11). Según refiere Eusebio en su “Vita Constantini”, Santa Elena edificó una iglesia en ese lugar; “a cielo descubierto, dice San Jerónimo refiriéndose probablemente a ésta, como para que todos pudiesen ver el cielo adonde había subido el Señor”. La peregrina Egeria, a inicios del siglo V, la menciona con el nombre de Imbomon, es decir, “Altura”. Destruida por los persas en el 614 fue nuevamente reedificada por el obispo Modesto, dándole forma de rotonda. Antes que el sultán Hakim la volviese a destruir a principios del siglo XI, brillaban en ella, la noche de la fiesta de la Ascensión, infinidad de luces, de suerte que parecía arder el monte en llamas. El P. Castillo, predicador del siglo XVII, relata lo que él vio en una de las capillitas edificadas en el monte, diciendo: “En medio está la piedra sobre la cual estaba Cristo Señor nuestro cuando subió al cielo, y dejó sus divinas plantas estampadas en ella. Hoy día no se ve más que una, y es la del pie izquierdo, porque la del derecho se la llevaron los turcos al templo de Salomón, habiendo para esto cortado la piedra…”[1].
Tomado de R.P. Dr. Miguel Á. Fuentes, IVE
SAN FELIPE NERI
Cuéntase que un día San Felipe Neri iba por los claustros de su convento diciendo a voces: “Estoy desesperado, estoy desesperado”. Espantaron se sus hijos y le dijeron: “¿Es posible, Padre, vos, que tantas veces habéis hecho renacer nuestra esperanza?”. El santo les respondió en su estilo, dando un salto lleno de júbilo: “Sí, hijos, por mí mismo estoy desesperado; mas, por la gracia de Dios, tengo confianza todavía”.
(Tomado del libro “Las tres edades de la Vida Interior”, R. Garrigou-Lagrange, Tomo II, Ed. Palabra, 2ª ed., 1978, IV-cap. VIII, Pág. 1041-1042)
Tomado de Dies Domini
JUAN ARANY
Julia, la hija única de Juan Arany, eximio poeta húngaro, murió, en la plenitud de su floreciente hermosura, a la edad de veinticuatro años. Su padre, con el corazón conmovido, escribió estas líneas en la losa de su sepulcro:
“Cuando tu alma victoriosa se detuvo en la materia destrozada y, mirando con valentía la muerte, emprendió, rica de fe y esperanza, su marcha por caminos no terrenos, uno fue nuestro común y santo consuelo… El alma vive: ¡Nos encontraremos!”.
(Tomado del libro “Vademécum de Ejemplos Predicables”, Mauricio Rufino,
Ed. Herder, 1962, nn. 318)
Tomado de Dies Domini
CIERTO ERMITAÑO
Yendo de caza, dos nobles caballeros encontraron a un ermitaño que en una miserable choza llevaba una vida muy penitente, y le preguntaron:
-¿Cómo te arreglas para poder estar aquí? ¿No experimentas melancolía y malestar?
Respondió el ermitaño:
-¡Oh, sí que lo experimento!, pero cuando sufro o estoy triste voy a aquella ventana – y señalaba la de la choza – y al momento hallo consuelo y aliento.
Uno de aquellos caballeros fue a aquella ventanilla para ver qué había allá fuera, y dijo al ermitaño:
-Querido mío, no veo nada. ¿Qué ves tú? ¿Qué cosa es esa que viéndola tanto te consuela?
-¿Cómo? ¿No ve usted el cielo? – añadió el santo hombre – Esto es mi consuelo en las penas: la vista del cielo.
(Tomado del libro “Vademécum de Ejemplos Predicables”, Mauricio Rufino,
Ed. Herder, 1962, nn. 453)
Tomado de Dies Domini
ALEJANDRO MAGNO
¡Era un muchacho aquel rey de Macedonia, Alejandro! Y muy ambicioso. Un día habló a sus generales:
-Mañana caeremos sobre los tebanos: los aniquilaremos. Pero no pararemos ahí: la ambición me empuja.
Lógica pregunta de sus viejos generales: “¿Hacia dónde?”
-¿Adónde iremos? – contestó, cada vez más convencido -. Conquistaremos Grecia y Persia, después Egipto, luego Arabia, seguidamente India, y finalmente el mundo entero. Entonces sabrán todos quién es Alejandro.
Terminó de hablar, vistiese de hierro y empezó a distribuir todas las riquezas que tenía entre amigos y generales.
-Yo sólo me quedo con la esperanza – respondió a una pregunta que le hicieron.
(Tomado del libro “Vademécum de Ejemplos Predicables”, Mauricio Rufino,
Ed. Herder, 1962, nn. 457)
Tomado de Dies Domini
EL CIELO SE REALIZA EN LA TIERRA
«Decía Sta. Teresita del Niño Jesús: ·Si Dios escucha mis deseos, mi cielo se realizará en la tierra hasta el fin del mundo. Sí, yo quiero pasar mi cielo haciendo bien en la tierra.»
Al fin de su vida le dijeron: «Desde el cielo nos echara una miradita, ¿verdad?»
Respondió ella: «¡No, lo que haré será bajar!»
(Card. Shorborn, «Amar a la Iglesia»)
Tomado de Anecdonet
EL CIELO
“—No, Juan, no existe tal lugar. El cielo no es un lugar, ni un tiempo. El cielo consiste en ser perfecto.”
Cita del libro Juan Salvador Gaviota
Tomado de Anecdonet
IR AL CIELO
“Un día de fiesta en un colegio, un sacerdote encuentra a un niño, de 8 ó 9 años, paseando cabizbajo, él solo, por el campo de fútbol. Se acerca y le pregunta:
¿Qué te pasa, Juan, por qué estás triste?
No estoy triste. Estoy pensando.
Y ¿en qué piensas para estar tan serio?
Pensaba que, cuando muere alguien, si está en gracia de Dios se va al cielo, ¿no?
Claro, si está en gracia de Dios se va al cielo.
Entonces, ¿Por qué llora la gente mayor?”
(Agustín Filgueiras Pita, “Orar con.. Un pan para cada día”, 21 de noviembre, p. 402)
Tomado de Anecdonet
ASTRONAUTA GAGARIN
Entender los relatos bíblicos de forma literal llevó a la propaganda rusa a decir que el astronauta Gagarin habría dicho en su salida al espacio exterior: “Estoy en el cielo y no he visto a Dios por ningún sitio”, Es fácil encontrar esta cita por internet. Sin embargo, Gagarin era cristiano y jamás dijo cosa semejante. Fue más bien en un discurso del Secretario General del Partido Comunista, Nikita Jruschev, al Comité Central de la Unión Soviética quien afirmó: «Gagarin voló al espacio, pero no vio ningún Dios allí». ¡Pues sólo faltaba que lo hubiera visto!
Tomado de Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf.
CHISTE
MIRAR AL CIELO
Una pareja decidió salir de vacaciones a la playa para celebrar sus 40 años de casados. Cuando llegaron al lugar, ambos se pusieron sus trajes de baño. Cuando el esposo se fijó bien en como lucía su señora de 60 años en traje de baño, miró al cielo y dijo:
– Oh Señor, ¡cuánto me gustaría tener una esposa 30 años más joven! Enseguida Dios cumplió su deseo, y lo convirtió a él, en un anciano de 90 años.
POEMA
Baja y subirás volando
al cielo de tu consuelo,
porque para subir al cielo,
se sube siempre bajando.
Juan Antonio Vallejo-Nájera
(Concierto para instrumentos desafinados)
AQUÍ VINO Y SE FUE
Aquí vino…
y se fue
Vino, nos marco nuestra tarea
y se fue.
Tal vez detrás de aquella nube
hay alguien que trabaja
lo mismo que nosotros,
y tal vez
las estrellas
no son mas que ventanas encendidas
de una fábrica
donde Dios tiene que repartir
una labor también.
Aquí vino
y se fue
Vino, lleno nuestra caja de caudales
con millones de siglos y de siglos.
nos dejó unas herramientas…
y se fue.
Él, que lo sabe todo,
sabe que estando solos
sin Dioses que nos miren
trabajamos mejor.
Detrás de ti no hay nadie. Nadie,
ni un maestro, ni un amo, ni un patrón.
Pero tuyo es el tiempo. El tiempo y esa gubia
con que Dios comenzó la creación.
León Felipe
«Cuanto más alto llegaba desde trance tan subido,
tanto más bajo y rendido, y abatido me hallaba;
Dije: «No habrá quien alcance»; y abatíme tanto, tanto,
que fui tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance».
San Juan de la Cruz, «coplas a lo divino»
ORACIÓN
¡SALID, AMIGOS Y AMIGAS!
¡Salid, amigos y amigas!
Marchad sin miedo.
Vosotros sois mis testigos en medio del mundo.
¡Salid, amigos y amigas!
Marchad sin miedo.
Os esperan fuera vecinos y conciudadanos.
Sed expresión certera
de la ternura del Dios de la vida.
Ternura en vuestro rostro,
ternura en vuestros ojos,
ternura en vuestra sonrisa,
ternura en vuestras palabras,
ternura en vuestras obras,
ternura en vuestra lucha.
¡Salid, amigos y amigas!
Marchad sin miedo.
Vosotros sois mis manos
para construir un mundo nuevo
de fraternidad, libertad y justicia.
Vosotros sois mis labios
para anunciar a pobres y marginados
la buena noticia de la libertad y la abundancia.
Vosotros sois mis pies
para acudir al lado de los hombres y mujeres
que necesitan palabras y gestos de ánimo.
Vosotros sois mi pasión
para hacerme creíble en vuestras casas y ciudades
y lograr que todas las personas vivan como hermanos.
Vosotros sois mi avanzadilla
para lograr la primavera del Reino
y ofrecer las primicias a los que más lo necesitan.
¡Salid, amigos y amigas!
Derramad por doquier
ternura y vida.
¡Salid, amigos y amigas!
Marchad sin miedo.
Mirad toda esa multitud que os espera.
Marchad con alegría.
¡Yo voy con vosotros!
Florentino Ulibarri
MEDITACIÓN
BENDECIR
Según el sugestivo relato de Lucas, Jesús vuelve a su Padre «bendiciendo» a sus discípulos. Es su último gesto. Jesús deja tras de sí su bendición. Los discípulos responden al gesto de Jesús marchando al templo llenos de alegría. Y estaban allí «bendiciendo» a Dios.
La bendición es una práctica arraigada en casi todas las culturas como el mejor deseo que podemos despertar hacia otros. El judaísmo, el islam y el cristianismo le han dado siempre gran importancia. Y, aunque en nuestros días ha quedado reducida a un ritual casi en desuso, no son pocos los que subrayan su hondo contenido y la necesidad de recuperarla.
Bendecir es, antes que nada, desear el bien a las personas que vamos encontrando en nuestro camino. Querer el bien de manera incondicional y sin reservas. Querer la salud, el bienestar, la alegría… todo lo que puede ayudarles a vivir con dignidad. Cuanto más deseamos el bien para todos, más posible es su manifestación.
Bendecir es aprender a vivir desde una actitud básica de amor a la vida y a las personas. El que bendice vacía su corazón de otras actitudes poco sanas como la agresividad, el miedo, la hostilidad o la indiferencia. No es posible bendecir y al mismo tiempo vivir condenando, rechazando, odiando.
Bendecir es desearle a alguien el bien desde lo más hondo de nuestro ser, aunque no somos nosotros la fuente de la bendición, sino solo sus testigos y portadores. El que bendice no hace sino evocar, desear y pedir la presencia bondadosa del Creador, fuente de todo bien. Por eso solo se puede bendecir en actitud agradecida a Dios.
La bendición hace bien al que la recibe y al que la practica. Quien bendice a otros se bendice a sí mismo. La bendición queda resonando en su interior como plegaria silenciosa que va transformando su corazón, haciéndolo más bueno y noble. Nadie puede sentirse bien consigo mismo mientras siga maldiciendo a otro en el fondo de su ser. Los seguidores de Jesús somos portadores y testigos de la bendición de Jesús al mundo.
José Antonio Pagola
CANTO
Cielo abierto- Gloria Aleluya (Celinés Díaz)
Athenas – El cielo para Ti
VIDEO
Equipo Quiero Ver: Me quedo en la promesa.